El balance en las familias emprendedoras
- La comunicación entre marido-mujer con respecto al trabajo de éste (a), el tiempo que le dedica y la opinión del (la) cónyuge puede tensar a la pareja.

Salo Grabinsky
Del verbo emprender
Al asesorar a multitud de empresas de estructura familiar encuentro frecuentemente una dinámica entre el emprendedor-fundador o sus sucesores con sus cónyuges. Esto no sólo se da en los negocios sino en la política, asociaciones, etc.
La comunicación entre marido-mujer con respecto al trabajo de éste (a), el tiempo que le dedica y la opinión que pudiese tener el (la) cónyuge y la forma de expresar ésta son asuntos que pueden tensar e incluso causar graves conflictos en la pareja y por ende en sus hijos y otros familiares.
En la revista INC una pareja habla de este tema: Él es un exitoso emprendedor estadunidense casado con una periodista que decidió escribir sus vivencias y relación conyugal en una columna de la mencionada revista.
Este emprendedor habla con honestidad de los roces que ha tenido con su esposa por el trabajo. Admite que le hubiera gustado que ella lo apoyara al empezar el negocio y que sus críticas no siempre fueron bien recibidas. Su tenacidad lo obligó por mucho tiempo a trabajar y viajar frecuentemente dejándole la carga a ella. Algunos viajes no eran estrictamente necesarios, lo confiesa. Su lejanía causó situaciones cómicas pero potencialmente destructivas cuando en el pueblo donde viven la gente creía que la señora era viuda o divorciada y alguien la invitó a salir. El cariño y lealtad que se tienen evitó un problema mayor.
Este caso es frecuente y hay que manejarlo con tacto y sentido común. Cuando se empieza un negocio o se toma una decisión crítica es importante consultarlo con la familia, a menos que se considere a ésta como no prioritaria. En especial la cónyuge debe estar enterada y, si es posible, dar el apoyo a su marido (en este caso hablamos de esposas, pero ya se dan casos al contrario). Si está en contra es difícil convencerla, pero su opinión debe contar. El emprendedor va a tomar la decisión final y su obsesividad no admite opiniones divergentes. Es una actitud neurótica, lo sabemos, pero si su empresa es exitosa nadie lo puede rebatir.
Si ese esfuerzo lleva al fracaso, el peligro de una ruptura familiar es grande y el “te lo dije” puede generar conflictos y divorcios.
El vínculo familiar debe estar basado, además del cariño y valores comunes para afrontar crisis y problemas, en la comunicación sana, abierta y un proyecto integral que sea aprobado y seguido por todos.
No hay matrimonio ideal, ya que el ser humano es por naturaleza imperfecto y comete errores o toma malas decisiones. No es necesario (o sano) que la esposa (o) se guarde sus opiniones o no demuestre ningún interés con las actividades o el tiempo y recursos que se dediquen a la empresa. Todo estriba en un balance personal y familiar en cuanto a tiempo, estilo de vida, planes de convivencia y patrimoniales, así como el cariño, cuidado, educación y atención a los hijos en su desarrollo.
Este emprendedor da consejos para mantener una sana relación con su pareja en general y particularmente en asuntos del negocio y sus repercusiones:
a.- Siempre hay que comunicarse, ya sea en viajes o incluso llevándola a lugares que le resulten interesantes. Buscar tiempos para vacaciones.
b.- Las decisiones del negocio pueden ser discutidas pero a final de cuentas, es el emprendedor (a) el que decide y asume las consecuencias.
Hay que preguntar al cónyuge frecuentemente “¿Estás dentro o fuera (del negocio)?”, aunque duela saber su opinión sobre este asunto. Añado que el tacto es básico para no herir a alguien querido.
Todos hemos tenido situaciones similares en nuestra vida y lo importante es que no se pierdan las razones que han hecho que el matrimonio funcione.