Análisis del estudio del Banco Mundial

- El documento arroja datos generalizados sobre América Latina y el Caribe, por lo que quizá en algunos casos no se refleja la situación de cada país.

Guillermo Zamarripa

Guillermo Zamarripa

De convicción liberal

El miércoles pasado se realizó un seminario en el ITAM para presentar el estudio del Banco Mundial titulado El desarrollo financiero en América Latina y el Caribe. El camino por delante. El evento fue organizado por el ITAM, la CNBV y la FUNDEF.

El análisis, como lo sugiere el título, es sobre toda la región, por lo mismo, las conclusiones reflejan lo que le sucede a todos en promedio y quizá en algunos casos no se refleja la situación de cada país. De hecho, el buscar generalizar las conclusiones es una de las principales críticas que hice al documento en la mesa que participé.

La primera presentación describe cómo en las últimas décadas los sistemas financieros de la región han evolucionado de ser totalmente bancarios a sistemas con una diversidad de intermediarios relevantes. Concluyen que en la región también se ha dado un proceso sano de innovación financiera.

En cuanto al reto estructural de la región, sostienen que el sistema financiero debe ser de mayor tamaño y debe proveer de servicios financieros adecuados a una mayor proporción de la población. Todo esto se debe dar en un entorno en el cual se preserve la solvencia de los sistemas.

Sin embargo, en esa presentación también incluyen una serie de gráficas que muestran que el sistema financiero mexicano (bancos y mercado de valores) es muy pequeño, inclusive cuando la comparación es con el resto de los países de la región.

En la segunda presentación analizaron las posibles justificaciones para que el Estado asuma riesgos en el sistema financiero, es decir, el porqué de la banca de desarrollo. La justificación es que existen fallas de mercado que buscan corregir.

Si bien la presentación es conceptual y tiene pocos datos, hay un argumento muy crítico: la banca de desarrollo es adversa al riesgo. Presentan el dato de que 64% de las instituciones de banca de desarrollo tienen un índice de morosidad menor al del sistema, es decir, una cartera menos riesgosa.

Faltó más información, pero lo que implica es muy grave: la banca de desarrollo no está cumpliendo con su función de completar el mercado, es decir, no están tomando el riesgo que en el margen el sector privado no toma. Y por riesgo podemos entender riesgo de crédito, riesgo de plazo, etc.

Finalmente en la tercera sesión se presentó un análisis de por qué se deben incluir en la regulación nuevas reglas para prevenir que nos pase algo similar a lo que originó esta crisis. Estas reglas son las llamadas políticas macroprudenciales.

El enfoque de regulación anterior consideraba que debía haber reglas para procurar la solvencia de los intermediarios en lo particular.

Sin embargo, la crisis nos enseñó que aunque uno o varios intermediarios sean solventes, un evento totalmente ajeno a ellos puede tener efectos adversos significativos. Este fenómeno es el que justifica esta nueva serie de reglas. Aunque se reconoció que no existe consenso sobre qué y cómo regular.

El jueves revisé varios periódicos que habían escrito sobre el evento y el número de menciones se concentra en que el crédito en México es bajo, que se encuentra estancado y que la banca no asume riesgo. Es decir, sólo se señaló el problema más visible.

Creo que del documento surgen una serie de temas que se debe cuestionar la gente que está pensando en política pública para los próximos seis años: ¿cuál es el reto del sistema financiero?, ¿cómo crezco el sistema manteniendo solvencia?, ¿qué debe hacer la banca de desarrollo?, ¿cómo lograr el balance entre buenas prácticas y evitar una sobrerregulación que frene el crecimiento del sistema?

*Director general del FUNDEF

guillermo.zamarripa@itam.mx

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