Cambios en las familias
-De ser rural, campesina y con muchos hijos que apoyaban a sus padres, en unas décadas esto se transformó en una célula mínima del matrimonio.
En 2011 cumplí 25 años como columnista de Excélsior y otras publicaciones. Al mismo tiempo empecé mi carrera de asesor de empresas familiares y hay cientos de familias a las que he tenido el honor de conocer a fondo con sus alegrías y no pocas tristezas. El apoyar a las empresas de estructura familiar ha tenido un gran crecimiento en todo el mundo, pero hay un inmenso reto para lograr que éstas sobrevivan.
En este artículo dejo de lado el tema empresarial para ver a las familias, los cambios radicales que han experimentado y ofrecer comentarios al respecto.
Quiero enfatizar que sigo creyendo en la célula base de nuestra sociedad y civilización que es el núcleo familiar. Sus premisas básicas siguen siendo el cariño, unidad y apoyo mutuos, así como un sitio físico (casa materna) o emocional donde sus miembros se pueden cobijar en las buenas y malas épocas.
De ahí a que la familia sea perfecta y sin problemas hay un gran trecho. No conozco ninguna familia que cumpla estas características. Al entrevistar a mis asesorados, si alguien me dice que todo su entorno familiar es maravilloso, como en Disneylandia, se me ponen los pelos de punta. Seguro que al profundizar con este grupo habrá un montón de conflictos no resueltos y tal vez cosas peores. Para acabar, ni siquiera los hermanos Disney tuvieron una buena relación y acabaron peleados por décadas.
Por lo tanto, no idealizo a la familia, pero veo en muchos casos la buena fe y el deseo de estar juntos, resolver sus problemas y cuidar a sus mayores, que es algo característico de las familias extendidas de antaño.
Haciendo un rápido análisis, los cambios en las familias han sido espectaculares. De ser rural, campesina y con muchos hijos que apoyaban a sus padres en la siembra o el hogar, viviendo todos juntos o muy cercanos, en unas décadas esto se transformó en una célula mínima del matrimonio y a lo mucho dos hijos, viviendo en ciudades medias o grandes metrópolis, alejadas de sus familiares cercanos (abuelas, hermanas y otras redes de apoyo) y en espacios muy pequeños, de interés social generalmente. Este fenómeno parece irreversible, pero no es el único. Hay cientos de miles de familias mono-parentales, ya que el varón (y también la mujer) emigró a otros países en busca de empleo y en ciertos casos no regresa, dejando desamparados a sus miembros. También hay personas solas que deciden no tener pareja ni hijos, madres solteras sin la red familiar que las protegía y los cambios que se dan en muchos lugares, dando valor legal y garantías a las uniones de personas de un mismo sexo.
En mi experiencia como asesor de familias me ha tocado casi de todo, desde lo sublime y maravilloso de una familia que se comunica entre sí, se ayuda y convive frecuentemente a pesar de vivir lejos, hasta casos desgarradores de núcleos adoloridos con una tenebrosa y patológica forma de buscar la destrucción del lazo familiar. Por ética elemental no puedo hacer juicios de valor ni juzgar a nadie sino más bien trato de ayudar, de manera firme, cariñosa e imparcial. Los miembros de una familia disfuncional son a su vez proclives a replicar sus traumas y problemas en sus descendientes y cónyuges en un perverso ciclo vicioso. Es imprescindible el apoyo de terapeutas y profesionales que resuelvan o aminoren este gran problema. Para las empresas familiares su futuro radica en una dinámica familiar sana y en un ambiente mínimo de armonía y comunicación entre sus miembros. No es fácil lograrlo, pero es indispensable encarar el problema y tratar de resolverlo de inmediato.
Continuaremos.
