Reglas de gobierno

- No querer soltar el poder absoluto es malo, pero es peor no tener reglas claras y un mecanismo que asegure que las instrucciones se cumplan.

Salo Grabinsky

Salo Grabinsky

Del verbo emprender

Recientemente estuve en una conferencia en donde se habló de la gobernabilidad en general, tratándose principalmente del sector público, en todos sus niveles.

Es un hecho que, a raíz de los problemas de inseguridad que imperan en el país, muchos ciudadanos cuestionamos la vigencia de instituciones desde gobiernos estatales, municipales; el sector judicial y las fuerzas policiacas en varias regiones. Asimismo, hemos tenido noticias de la necesidad imperiosa de solicitar a las fuerzas armadas su presencia para poner orden. Hay quejas y deseos de que regresen a sus cuarteles, pero no creo que haya político o candidato alguno que, al ser elegido, su primera orden sea que los militares se retiren inmediatamente, sino que en el mejor de los casos, habiendo autoridades confiables en las ciudades y municipios más afectados, tardarían meses o años en hacerlo.

Sin ahondar en este serio problema, de lo que se trata es de saber si un organismo, sea público, privado o social, es capaz de ponerse reglas que le permitan ejercer sus funciones correctamente y, por decirlo así, saberse gobernar internamente y definir políticas y rumbos de acción.

En las empresas de estructura familiar este asunto se ha vuelto prioritario e indispensable para profesionalizar la toma de decisiones que estaban, por muchos años, a cargo de un(os) fundador(es)-patriarca(s) que ejercían el poder de manera absoluta.

Hay que entender que esa actitud fue básica para que el negocio naciera, creciera y lograra sobrevivir en las primeras décadas, además de ser una fuente de orgullo y prestigio para la familia dueña y su comunidad. Lo malo es que en ciertos casos el querer afianzarse al poder y no buscar apoyo en personas y sucesores capacitados y leales, además de estructuras de control y planeación dan al traste proyectos promisorios.

Es necesaria visión, humildad y ¿cómo no? una buena dosis de modestia para que estos emprendedores(as) acepten ser regidos por una serie de reglas que , aunque les limiten su poder y su toma unilateral de decisiones, abran el camino a gente capacitada, familiar o no, que tomen la estafeta del dueño y lo lleven a otros niveles de crecimiento en épocas turbulentas como la actual.

La personalidad de muchos empresarios (políticos, líderes o ejecutivos) no está exenta de arrogancia y una confusión entendible entre su capacidad para resolver problemas y tomar toda clase de decisiones exitosas, pero a través de los años, la complejidad del entorno y de su empresa, los adelantos tecnológicos y el ciclo de vida del dueño vuelven peligrosa la situación del negocio y la familia. No querer soltar el poder absoluto es malo en cualquier situación, pero es peor no tener reglas claras de gobierno y un mecanismo que permita monitorear y asegurar que las instrucciones y políticas se cumplan de manera profesional.

Las instituciones que no fijan reglas de gobierno y las siguen estrictamente pierden credibilidad y el control de la situación en sus ámbitos. Lo estamos viviendo ahora. Lo mismo sucede en empresas que no tienen un rumbo determinado, rígidas y esperando a que no pase nada durante años. Les puedo asegurar que va a haber grandes cambios y el peligro es mayor porque involucra a familias, empleados, socios y herederos. Las reglas de gobierno que se fijan en las empresas familiares aminoran ese peligro y son un paso importante para su supervivencia y armonía. ¿Qué esperan amigos emprendedores para hacer su protocolo familiar y poner en marcha estructuras de dirección?

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