Los muchachos de antes: hoy candidatos

Los niños que fuimos, hemos recorrido un largo camino de vida verdaderamente vivida.

Nuestro mundo, la superficie sin maíz, el llano del gran Juan, el cercado político agobiándonos con el meneo de los banderines, el inicio de la cargada por venir en carteles y mítines… vamos a tener nuevos legisladores, he aquí el problema. Uno lector y testigo medita en cuáles son los candidatos más atractivos haciendo a un lado los deberes primordiales con el propio partido si milítase en alguno. Saltan menudencias juguetonas como preferir a Creel aunque panista… ¿por qué a Santiago?, porque era sobrino querido de Enrique Creel a quien mucho quise…gran literato. A Beatriz Paredes por su señorío, el talante de doña, su asedio a los ropajes telúricos en ella sin par, el sentido político, el debate, el ejercicio del arte. Jugar, el play del teatro en sí, situarlo en donde se nació y  corríamos como cabras por los cerros, visitábamos las presas, los loseros, las huertas y hasta las momias… De aquel rebumbio del colegio Juárez, la primaria de las señoritas López, la misa de 12 en la parroquia (hoy basílica), las tardeadas en la terraza de los Ávila o los bailes del casino, surgen los nombres para ser candidatos a gobernadores, de la mera mata donde crecimos… ejemplo: Francisco Arroyo, hijo de Sergio luego doctor muy guapo, nieto de Lucha Arroyo, dama presente en mi recuerdo de infancia, siempre leal a mi madre y a mis tías, hermosa y dulce. José Luis Romero Hicks, mi sobrino, hijo del abogado Enrique, hermano de Juan Carlos, quien ya fue gobernador, nieto del mítico doctor Romero Ceballos. Juan Ignacio Torres Landa a quien los ciudadanos de San José Iturbide decíanle El Niño, de tan joven y querido, grandísimo presidente municipal a quien mucho quise en su hacienda al pie del árbol donde está enterrado su padre gobernador. Pepe Chuy Padilla, de León, de otra camada generacional, compañero en la LIII legislatura. O Nicéforo Guerrero, ayer presidente municipal de Guanajuato, hijo de don Euquerio, sobrino de don Nicéforo, ilustres guanajuatenses también fijos en mi memoria como amigos cercanísimos de mi familia (suena el teléfono Ericcson y se oye a quien pregunta: ¿está una de las muchachas Romero?... todas pasaban de los 60 años… era alguno de “los muchachos” Guerrero…)

Pueblo pequeño entonces, con el Colegio del Estado (hoy Universidad) en su máxima expresión de luz y abeja. Y los chicos de aquel recuerdo tan lejano como íntimo, recoleto y señorial tal era la hoy vibrante ciudad. Los niños que fuimos, hemos recorrido un largo camino de vida verdaderamente vivida, y tal vez por ello nos conmueve tanto ver a casi todos los bailarines de boleros y canciones gringas, competir hoy por la gubernatura que ya merecemos puesto que la propiedad panista es bien pesada para nosotros quienes crecimos con la historia patria de memoria y “de a deveras” nomás con ir a la Alhóndiga de Granaditas o a los valles de Celaya del brazo (perdón) de Álvaro Obregón.

                *Periodista y escritora

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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