¿Obsesivos, tercos o tenaces?
- La férrea voluntad que tienen los emprendedores para salir adelante es indispensable para planear, poner en marcha y hacer crecer un negocio.

Salo Grabinsky
Del verbo emprender
En una conferencia sobre emprendedores y negocios familiares, un amable asistente me pidió que, al evaluar las características básicas de los emprendedores dejara de considerarlos obsesivos o tercos, por sus implicaciones siquiátricas o de enfermedad mental, y que en cambio los llamara tenaces y/o perseverantes. Buena sugerencia, pero aún así me sigo quedando con la de obsesivo.
Todos los que hemos estado en contacto con emprendedores hemos visto su voluntad y deseos de lograr su proyecto. Este esfuerzo requiere de un carácter especial, ya que las probabilidades de éxito y, sobre todo, de crecimiento y continuidad, son muy pequeñas. Se tiene que lidiar con una variedad de factores y contingencias que hacen que muchos tiren la toalla, pero hay otros que no cejan hasta ver nacer a su bebé. Para lograrlo se necesita ser muy terco y esa obsesión raya en lo sicológico. No es que sean seres enfermos sino que están decididos a lograrlo. Me pregunto:
¿El poner empresas es para alguien pasivo, buena gente que espera que su entorno lo apoye entusiásticamente? Lamento decirles que afuera de su negocio rige la ley de la selva un tanto diluida, pero feroz. Se tiene que lidiar con clientes que no compran o en su defecto no pagan, proveedores que no les dan crédito, igual que los bancos, y empleados inconformes o flojos. Para acabar, hay que pagar impuestos o afrontar a inspectores, auditores y coyotes de toda clase. ¿Suena ideal, o no?
A pesar de esto todos los días se crean nuevos negocios y aunque algunos fracasan, en México hay millones en las últimas décadas. Los pusieron los emprendedores apoyados por sus sufridas familias.
Yo aprendí que con dueños-fundadores de empresas hay que aceptar su intuición e ideas tal vez absurdas y por su obsesión y esfuerzo la van lograr. Lo que trato es de acotarlas y poner límites para que no se excedan y tomen riesgos extremos, pero hay que aceptar que frecuentemente son exitosos para bien de todos.
Comprendo y respeto a aquellos mortales que tienen el dudoso placer de vivir o trabajar para un emprendedor (a), sobre todo al principio de las operaciones. Es complicado, se los aseguro, pero creo que con todo lo negativo que suene, los emprendedores son base de nuestro desarrollo económico, y por lo tanto de la seguridad en una comunidad que tiene empleos estables y crea o distribuye la riqueza.
Otra prueba es la necesidad de ejercer el control total sobre la empresa, por el miedo de fracasar que tienen muchos dueños. Tienen tanto temor, tal vez justificado, de que su proyecto no se logre por no atenderlo, que no duermen por la angustia. No quiero exagerar ni alabar estas actitudes, que muchas veces son despóticas o irracionales. No soy sicólogo pero, con ciertos límites, el trabajo de un emprendedor es beneficioso para todos. Son personas complejas, difíciles pero, en nuestra época, indispensables.
En conclusión, creo que la obsesión, terquedad y la férrea voluntad de salir adelante son atributos indispensables para planear, poner en marcha y hacer crecer un negocio.
Se aceptan comentarios, críticas o ejemplo de vivencias de emprendedores (as) o de sus sufridas víctimas.
Hablando de terquedad, burocratismo y prepotencia es imposible aceptar la actitud de los ejecutivos de Volkswagen Leasing que, al cometer el error de cargar fondos indebidamente a una cuenta, no tienen el respeto al cliente de corregirlo inmediatamente. Llevan varias semanas y sólo dan largas. Eso sí, bien que cobran lo planeado el día acordado. Ineficiencia pura. Tengan cuidado con esta empresa.