Infraestructura bancaria

- La presencia de estas instalaciones está relacionada con el nivel de riqueza promedio en los diferentes estados y municipios de la República.

Hoy voy a dar un giro en la temática de este espacio. Voy a presentar algunas reflexiones sobre la infraestructura bancaria que tiene nuestro país. Las ideas que le comparto son mías, pero los datos los tomé de una tesina de maestría de un amigo.

Empezaré por explicar a qué me refiero con el término infraestructura bancaria. Son los canales a través de los cuales puedo realizar una operación bancaria y que son las sucursales, los cajeros automáticos y las terminales punto de venta

(TPVs).

Tener una adecuada infraestructura bancaria es muy importante, ya que facilita que la gente tenga acceso eficiente a servicios financieros. Por ejemplo, una infraestructura inadecuada implica costos de transacción elevados (p. ej. transporte) para la gente que hace transacciones en el sistema.

Para ciertos segmentos de la población la existencia de esta infraestructura ayuda a que los individuos vean más cotidianas a las instituciones y se facilite el proceso de bancarización.

Cuando reviso estadísticas de infraestructura financiera publicadas por el Banco Mundial para una muestra de países, me encuentro con que el nivel de infraestructura en nuestro sistema es similar al de otros países de la región, aunque significativamente menor al de países

europeos.

Es decir, en el promedio aparentemente no estamos tan rezagados. Sin embargo, cuando se hace el análisis a nivel estados y municipios, en México existe una dispersión muy grande en los indicadores.

En concreto, los tres estados con mayor infraestructura son el Distrito Federal, Nuevo León y Baja California Sur. Los tres estados con menor infraestructura son Oaxaca, Chiapas y Tlaxcala.

Para entender qué tan relevante es la diferencia, el grupo de estados de mayor inclusión tiene .85 cajeros por cada mil habitantes adultos, en tanto que los de menor tienen .29. En el caso de TPVs, es de 9.99 para los de mayor y de 3.32 para los de menor. La diferencia en infraestructura a nivel estatal es significativa con una proporción de tres a uno.

A nivel municipal la situación es peor. De los ocho municipios con mayor presencia de infraestructura bancaria, cinco son delegaciones del Distrito Federal y dos son municipios de Nuevo León (San Pedro y Monterrey). De los municipios con menor nivel de infraestructura cuatro son de Oaxaca, dos de Guerrero, uno de Durango y uno de Puebla. En este caso la diferencia mejor ni la pongo para no ser escandaloso.

Los datos anteriores me llevan a una conclusión muy simple: la presencia de infraestructura bancaria está relacionada con el nivel de riqueza promedio en los diferentes estados y municipios.

Aplicando un poco de estadística se puede saber si ambas variables se mueven de igual manera. En el trabajo se obtiene una correlación del 79% con el índice de rezago social y de 86% con el porcentaje de pobreza.

La reflexión importante es qué implica esta relación. Alguien puede argumentar que el motivo por el que hay pobreza es porque no hay infraestructura bancaria. Si este fuera el caso, la solución a nuestro problema de pobreza sería muy fácil: que abran sucursales, instalen cajeros y TPVs y a esperar que disminuyan los pobres. Es claro que la causalidad no se da en este sentido.

Otro argumento, es que donde hay más pobres hay menos infraestructura porque hay menos negocio. La racionalidad de negocios puede ser entendible.

Desafortunadamente la baja infraestructura bancaria no es de lo único que adolecen estos estados y municipios. Les faltan muchas cosas, como tener oportunidades de empleo bien remunerado. De lo que sí estoy seguro es que la infraestructura bancaria no figura dentro de las cinco cosas más relevantes.

*Director general del FUNDEF y profesor del ITAM

guillermo.zamarripa@itam.mx

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