Como agua para chocolate

Sin duda 1992 fue un año importante para el cine mexicano moderno y para nuestra cultura contemporánea en general. Hace 20 años se estrenó una película que es un antes y un después en el devenir de la producción cinematográfica nacional. Con Como agua para chocolate ...

Sin duda 1992 fue un año importante para el cine mexicano moderno y para nuestra cultura contemporánea en general. Hace 20 años se estrenó una película que es un antes y un después en el devenir de la producción cinematográfica nacional. Con Como agua para chocolate de alguna manera se inició la muy lenta recuperación del público mexicano como consumidor del cine hecho en México. Con su factura ambiciosa y de muy alto nivel se combinó con una espléndida historia muy bien contada. Un público alejado de las salas entre los 60 y 70 y que había perdido la fe y el gusto por las producciones mexicanas le dio una nueva oportunidad al cine nacional con una historia de amor muy bien contada entre bellos paisajes, realismo mágico, olores y sabores de la cocina tradicional de nuestro país.

La primera vez que vi Como agua para chocolate fue en el Cine Lido —que ha ido de Bella Época otra vez a Lido— allá en la calle de Tamaulipas en la Condesa. Este cine fue un clásico obligado para una generación con todo y su pésimo sonido y proyección, higiene dudosa, incomodidades, etcétera, y en 1992 esas condiciones prevalecían lamentablemente.

El argumento de la gente que iba a ver películas mexicanas era el mismo: tienen mal sonido, no se entiende nada. No, por supuesto que no era el caso con la película de Alfonso Arau. Lo que pasaba era que el sonido defectuoso de las salas nadie o casi nadie lo percibía en las películas en inglés gracias a los subtítulos, pero en una cinta en español era muy evidente. Yo fui víctima de las deficiencias de las bocinas del Cine Lido y me quedé con la impresión de que la película era oscura y con fallas en el sonido. Lástima, porque muchos espectadores se quedaron también con esa idea.

Nacida de la novela de Laura Esquivel, Como agua para chocolate fue llevada a la pantalla grande “muy a lo grande” como una verdadera superproducción de altos estándares y no defraudó a nadie. Se vio favorecida además por el éxito editorial del libro de Esquivel que en verdad es toda una delicia y la gran curiosidad de los lectores por ver cómo se vería en el cine generó altas expectativas. Arau supo entender que al público había que darle un buen producto y que era el momento para aprovechar la coyuntura con una buena película muy a lo Hollywood, bien comercializada y sin escatimar en el presupuesto que para esas fechas resultó exorbitante.

¿Es posible que una película tenga éxito en la taquilla y además tenga calidad? Por supuesto que sí y la mejor prueba es la historia de amor entre Tita y Pedro interpretados por Lumi Cavazos y el italiano Marco Leonardi de quien por cierto todavía me pregunto ¿para qué poner a un actor extranjero que no hablaba español?, ¿sería distinto el resultado en pantalla y entre el público?, ¿pesó más de la cuenta su trabajo anterior en otro éxito internacional Cinema Paradiso?

Encuentro varios factores para que Como agua para chocolate se convirtiera en 1992 en el fenómeno que marcó un parteaguas en la producción cinematográfica nacional y especialmente su divulgación en muchos países del mundo: se filmó para que gustara en el mercado local pero con valores de producción que la hicieron interesante en otros países; se exhibieron las cosas bellas de México: paisajes, casas, campo, música, valores familiares, atardeceres, noches, días, comida, platillos tradicionales, todo fotografiado por la gran sensibilidad de Emmanuel Lubezki y Steven Bernstein; se contó con un buen reparto destacando Regina Torné como Mamá Elena rodeada de los otros personajes espléndidamente bien descritos y con los que el público sintió cercanía. Pero sin duda lo más importante es que se contó una gran historia sin la cual no hubiera trascendido.

Salvo muy escasas propuestas posteriores, el cine mexicano necesita voltear más hacia la fórmula de Arau. En el año pasado tuvimos un buen intento con Tequila. Historia de una pasión y desde luego Arráncame la vida, en 2008, pero la producción sigue moviéndose mayoritariamente entre historias oscuras, violentas, y otras veces demasiado pretenciosas, personales, distanciadas del público en general que las encuentra aburridas.

No se trata de millones, se trata de buenas historias.

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