Por fin IFE completo
Sin duda una de las mejores noticias políticas con las que se cierra el año es la designación de los tres consejeros electorales que le hacían falta al consejo general del IFE desde hace casi 14 meses. La trayectoria de los designados autoriza ver con optimismo el ...
Sin duda una de las mejores noticias políticas con las que se cierra el año es la designación de los tres consejeros electorales que le hacían falta al consejo general del IFE desde hace casi 14 meses. La trayectoria de los designados autoriza ver con optimismo el complejo arbitraje político que tendrá que ejercer el IFE. Me parece que frente a los meses en que el abandono y el desprecio de los diputados fue el signo, la decisión que se tomó cambia esa polaridad y deja al IFE en muy buenas manos.
Sin duda que la parte amarga de este pasaje fue el mal trato que sufrió un grupo de ciudadanos ejemplares que, confiando en las reglas originales, se inscribieron en la convocatoria pública y pusieron su trayectoria y saberes al servicio de los legisladores para lograr la integración del consejo general. Todos ellos merecen un reconocimiento.
Los casi 14 meses de zozobra legislativa debieran arrojar algunas lecciones. La primera es que, si los partidos se empeñan en ver al consejo general como un espacio para actualizar la repartición de cuotas e insisten en designar emisarios o embajadores en lugar de consejeros, el asunto se entrampa. Y en este punto tengo la impresión que los grupos parlamentarios fueron capaces de salir de la trampa que ellos mismos se habían construido, al designar a tres personalidades con un peso político específico, pero sobre todo con una trayectoria profesional que habrán de honrar.
Una segunda lección será reflexionar sobre la pertinencia de conservar la convocatoria en sus términos. El desgaste que ha sufrido dicho mecanismo lleva a pensar que difícilmente en la próxima ocasión que haya que renovar a una parte del consejo se inscribirán personalidades de renombre y con la trayectoria deseable. No es un tema menor perder la transparencia y publicidad que se ganó en el diseño para la designación de los consejeros, pero es una realidad que habrá que repensar las modalidades. Por el momento fue posible (y es celebrable) superar el callejón político sin salida que supuso la convocatoria original, pero el precedente que se sienta nos debería llevar a pensar en nuevas fórmulas de designación.
Ojalá cunda el ejemplo de estos nombramientos que sí parecen hacerse cargo de las necesidades del IFE, más que de las urgencias de los partidos. En fin, afortunadamente queda mucho tiempo para que este tema nos vuelva a acompañar.
Finalmente, creo que el diseño de la renovación escalonada hoy ofrece todas sus virtudes. Se ha argumentado que las ventajas de escalonar los nombramientos radica en que la curva de aprendizaje se atenúa por la convivencia de funcionarios con experiencia y servidores públicos recién designados, pero que además los experimentados se benefician del impulso natural que tienen los nuevos. En este caso me parece que no sólo la curva de aprendizaje de los tres nuevos consejeros será muy leve, sino que su aporte para refrescar el debate será muy importante.
Y esto no sólo por un asunto de diseño o trayectorias, sino porque hay que reconocer las circunstancias particulares en que llegaron. Una institución que esperó casi 14 meses para regularizar su funcionamiento, hoy se encuentra con una bocanada de aire fresco que mucho le servirá para ejercer con autoridad el arbitraje político de la contienda. Enhorabuena.
*Consultor, presidente de Concertar
