Día Internacional de los Derechos Humanos

La democracia puede florecer donde se valoran los derechos humanos

El día de hoy hace 63 años, Eleanor Roosevelt declaró ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: "Estamos hoy aquí ante el umbral de un gran evento tanto en la vida de las Naciones Unidas como para la humanidad misma". Ese día, delegados de seis continentes se reunieron con la Sra. Roosevelt para declarar los derechos y las libertades fundamentales de las personas.

La Declaración de los Derechos Humanos se ha convertido en un documento reconocido internacionalmente que cristaliza los derechos básicos y las libertades fundamentales de todas las personas en todo el mundo. Entre esos derechos inalienables están la vida, la libertad, la seguridad personal, la libertad de expresión, el derecho a un juicio justo y la igualdad ante la ley. Hoy conmemoramos todos estos derechos los que estamos al frente de quienes en todo el mundo continúan luchando para obtenerlos y preservarlos.

En las seis décadas que han pasado desde que se adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ha habido mucho que celebrar: Sudáfrica abolió el apartheid y se rehízo como una nación basada en el perdón, no en la venganza; Ghana emergió de una era de golpes de Estado hacia una de gobiernos democráticos estables; Indonesia pasó de un gobierno autoritario hacia una democracia dinámica; Chile cambió la dictadura por una democracia y una economía abierta; las reformas constitucionales en Mongolia abrieron con éxito el camino hacia una democracia multipartidista, y Europa Central y Europa del Este han inspirado al mundo con el progreso democrático que ha seguido a la caída del Muro de Berlín, hace 22 años.

Este mismo año, 2011, ha traído sus propios momentos históricos. En los últimos 12 meses hemos sido testigos de una oleada de energía humana; hombres y mujeres de Túnez, Egipto, Libia, Siria y Yemen demandan tener voz en su futuro y claman por sus derechos inalienables y dignidad humana.

La democracia puede florecer donde se valoran los derechos humanos, y las democracias traen consigo socios fuertes y estables. Comercian más, innovan más y pelean menos. En una democracia, las sociedades divididas tienen mejor capacidad de ventilar y resolver sus diferencias legítimas, tanto filosóficas como políticas. Las democracias hacen que sus líderes rindan cuentas en las elecciones. En una democracia, la energía de la gente se aparta de la intolerancia y el extremismo hacia la participación política y social.

Los líderes en cualquier parte tienen responsabilidad hacia sus ciudadanos de proteger sus derechos y de escuchar sus ideas constructivas para llevar a cabo reformas. La mayor fuente de inestabilidad es la negación al cambio. Estamos viendo eso en Siria, donde una represión a pequeñas protestas pacíficas impulsó a miles a las calles. Los líderes autócratas alrededor del mundo se preguntan si la siguiente Plaza Tahrir de Egipto tendrá lugar en su propia capital. Desafortunadamente, algunos están reprimiendo cuando deberían comenzar a abrirse. Los líderes que intentan detener el futuro con la fuerza de las armas deben saber que sus días están contados.

México fue uno de los 46 firmantes originales de la Declaración. Desde entonces, el pueblo mexicano ha avanzado considerablemente en cumplir ese compromiso de defender los derechos humanos, tanto en el propio país como en el extranjero. Los últimos 63 años han visto que el país ha transitado del régimen de un solo partido, ha dado derechos plenos a la mujer, ha instituido leyes para proteger a grupos minoritarios y ha establecido una Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que es autónoma, al igual que una agencia independiente que promueve el acceso a la información del gobierno federal (IFAI).

En el curso de los años, los Estados Unidos también han corregido injusticias y progresado de manera importante en el ejercicio y protección de sus ciudadanos, lo cual se destaca en los cambios promovidos por nuestro movimiento de derechos civiles.

Ambos países continúan enfrentando los retos de la práctica plena y la protección de los derechos humanos, tanto en su propio territorio como en el extranjero. Y los ciudadanos de nuestros dos países siguen exigiendo a nuestros gobiernos los estándares más altos estipulados en nuestra Constitución respectiva y en los acuerdos internacionales que hemos negociado y ratificado. Así es como debe ser.

Los Estados Unidos son socios con México en muchos temas relacionados con los derechos humanos y mantenemos un diálogo fructífero en estos asuntos vitales. Nos enorgullecemos de trabajar cercanamente con el gobierno de México y grupos de la sociedad civil, por ejemplo, para ayudar a fortalecer la protección a periodistas bajo amenaza y a ampliar este programa para proteger también a otros grupos vulnerables, como los de defensores de los derechos humanos. En todas las democracias, incluidos los Estados Unidos, nunca termina la labor de proteger los derechos humanos. Requiere de vigilancia constante y con frecuencia también de un debate vigoroso entre dirigentes democráticos y el electorado, así como entre amigos y socios.

Aún hay muchos retos que superar para cumplir la promesa de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Todavía hay personas perseguidas por sus creencias religiosas, su orientación sexual o simplemente por publicar sus ideas en un blog. Sin embargo, no descansaremos en nuestra defensa de los derechos humanos y continuaremos trabajando con base en el logro histórico que Eleanor Roosevelt y sus colegas alcanzaron hoy hace 63 años.

*Embajador de Estados Unidos en México

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