Borrar de la memoria

Basada en un guión del crítico, escritor, maestro e investigador cinematográfico Rafael Aviña, la semana pasada llegó a las salas de la Ciudad de México la película Borrar de la memoria, dirigida por Alfredo Gurrola, que vuelve al cine después de 20 años trabajando ...

Basada en un guión del crítico, escritor, maestro e investigador cinematográfico Rafael Aviña, la semana pasada llegó a las salas de la Ciudad de México la película Borrar de la memoria, dirigida por Alfredo Gurrola, que vuelve al cine después de 20 años trabajando en la televisión. En una estructura narrativa que me recordó la cinta argentina El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella —aunque Aviña está trabajando en su guión desde hace mucho más tiempo—, Borrar de la memoria se desarrolla dentro del thriller policiaco y presenta dos tramas paralelas: la de una investigación criminal que obsesiona a un reportero de nota roja en torno al caso de una mujer violada, asesinada y descuartizada, que apareció empaquetada en el marco de los disturbios de octubre de 1968, en la zona de Tlatelolco y, por otro lado, la de un joven reportero que graba el momento del ataque a los estudiantes por parte de las fuerzas del Ejército en la Plaza de las Tres Culturas, evento que acaba convirtiéndose en una tercera trama.

En un guión equilibrado fluyen los constantes viajes al pasado y al presente que nos llevan a conocer la historia de amor del camarógrafo egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (Rodrigo Virago) con una joven preparatoriana (Diana García) en las tumultuosas semanas previas al inicio de los Juegos Olímpicos de 1968 y, por otro lado, en la época actual, las pesquisas de Germán Acosta (Adalberto Parra), un periodista que carga con sus propios demonios y que se obsesiona con el caso misterioso de la mujer empaquetada.

Rafael Aviña es uno de los mejores críticos de cine de nuestro país, tiene credibilidad, es conciso y muy claro, no usa la acidez ni destroza los trabajos que analiza, sobre todo, sabe mucho de cine. En esta historia se pasa ahora al otro lado de la cámara, tomando algunos elementos de su propia infancia, cuando su abuela le pidió que se escondiera debajo de una cama mientras se escuchaba el sonido de las balas que asesinaban a gente inocente en ese fatídico 2 de octubre de 1968. Gran aficionado y conocedor del cine negro y el thriller, además hace homenajes y pequeños guiños a la época sesentera y a las películas de esos años, pero a veces resultan un exceso cuando el personaje del camarógrafo en los 60 hace constantes alusiones a elementos del cine y la cultura popular de la época, que llegan a sentirse forzados y un poco chocantes, distrayendo y hasta estorbando al interés por la trama.

Como bien dicen, tanto Aviña como Alfredo Gurrola, Borrar de la memoria no es una película sobre el movimiento de 1968, pero ese acontecimiento es el marco ideal para una investigación policiaca y también para una historia de amor.

Sin duda, México es uno otro después del 2 de octubre de 1968. Todos perdimos algo ese día: los niños que se escondían debajo de la cama, los estudiantes de secundaria que veían las bardas de sus escuelas pintadas y las clases interrumpidas, los padres de los jóvenes que perdieron la vida en una legítima manifestación de su militancia y convicciones políticas, los que mataron a esos muchachos, los que desaparecieron a otros, los que ocultaron la verdad en ese entonces, los que siguen mintiendo hoy. Borrar de la memoria no pretende juzgar nada ni a nadie, tampoco encontrar culpables, pero la idea de ubicar la acción en el contexto de la tragedia la enriquece y la hace cercana, muy cercana.

Con una producción meticulosamente cuidada por Bosco Arochi, tiene excelentes momentos en la fotografía y la recreación de ese México de los 60 es convincente y está bien lograda.

El ritmo es disparejo y, en ocasiones, como que se siente la necesidad de que los sucesos fluyan con mayor agilidad, pero más allá de algunos “baches”, de todas formas atrapa al espectador. Cae también en algunos lugares comunes, como la relación del periodista con su hija adolescente, que lo lleva a relacionar a la desafortunada empaquetada con los peligros que corre la chava y las explicaciones no necesarias del asesino.

Otras personas me han comentado lo mismo: las continuas referencias por parte del joven sesentero no vienen al caso y “nos sacan” de la película, pero sin duda Borrar de la memoria es un thriller bien armado y, sobre todo, una película diferente a lo que hemos visto últimamente en la producción nacional.

Muy recomendable. 8/10.

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