Enfermedades y conflictos

- Hay, desgraciadamente, personas que con astucia quieren manejar la enfermedad o conflicto familiares y sus secuelas para sus fines personales.

Salo Grabinsky

Salo Grabinsky

Del verbo emprender

En artículos anteriores me referí al problema que significa el tener un enfermo grave en la empresa, especialmente si es el fundador(a) o un socio familiar. Hay muchas repercusiones legales, de gobernabilidad y toma de decisiones  en el negocio, en la preservación del patrimonio y la sucesión accionaria y de dirección.

Otra faceta muy importante es la emocional y sicológica.

Un conflicto o enfermedad grave o terminal remueve asuntos guardados por décadas. Resentimientos no resueltos, envidias y la codicia de unos cuantos salen a relucir y pueden causar un caos en el delicado sistema familiar y empresarial.

Algunos familiares trabajan de manera abierta, comunicando sus sentimientos de manera honesta, buscando soluciones justas y humanas al problema. Desean preservar la armonía familiar, causar el menor daño y atender sus legítimas aspiraciones. Es humano que se ventilen estas situaciones difíciles con mucho tacto y cariño.

 Por otro lado hay, desgraciadamente, personas que con astucia y de manera ambigua y tras bambalinas quieren manejar la enfermedad o conflicto familiares y sus secuelas para sus fines personales, sin importarle el efecto que tengan sus acciones en los seres queridos y su empresa. Quieren tomar ventaja aprovechando la vulnerabilidad del momento y el vacío de poder que deja un enfermo(a) que no tiene ya poder de decisión.

Esa persona puede estar motivada, o más bien aquejada, por asuntos sicológicos de su infancia que, al estallar la crisis, salen a la superficie y son muy dañinos. He visto casos donde la ausencia del líder autoritario una reacción explosiva de “ajustar cuentas” , vengarse y sacar la mayor tajada de la situación. Les aseguro que así se rompen lazos familiares de manera permanente y peligran tanto la unión y proyecto integral de la empresa familiar, como el futuro inmediato y a largo plazo del patrimonio. Tengo ejemplos muy graves donde la ambición y el odio patológico causaron un desastre sin remedio. Hay que buscar fórmulas conjuntas  que disminuyan la posibilidad de un conflicto mayor. Les doy algunas sugerencias:

a.- Aunque no es fácil, trate cada miembro de la familia de tener una mente abierta y conciencia de la enfermedad de esa persona, demostrando cierta empatía y si es posible compasión por un ser humano que está sufriendo.

b.- Racionalizar que el problema es grave por lo que la unidad evitará que se vuelva intratable, formando un frente común y actuando de manera coordinada para que se aminoren los efectos de esta situación, dejando por fuera rencillas y egoísmo. La lógica nos dice que crear más problemas de esta situación no le conviene a nadie y puede tener resultados  catastróficos.

c.- Es muy importante solicitar la ayuda de un profesional en asuntos familiares, sicólogo o en casos terminales un tanatólogo (especialistas en las pérdidas por el fallecimiento de una persona  y su efecto en sus familiares) que los guíe y apoye en esta situación. También  un líder espiritual de confianza para todos puede ayudar. Recuerden que no están solos ante este grave problema.

d.- Finalmente, creo vital aferrarse a los valores y principios familiares básicos de cada familia y evitar que  éstos se pierdan por acciones unilaterales, así como intensificar la comunicación abierta y sana.

gzsalo@gmail.com

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