La pobreza en América Latina

Las diferencias en los distintos sectores sociales son abismales. Las razones de la disparidad son históricas.

El problema de la pobreza en América Latina es lacerante e indignante. Las diferencias en los distintos sectores sociales son abismales. Las razones de estas disparidades son históricas y las recetas recomendadas para cerrar estas brechas están fuertemente cuestionadas.

El famoso Consenso de Washington, que implica una serie de recomendaciones para tratar de abatir estas diferencias, tiene partidarios y detractores. Siendo evidente que sus objetivos para lograr una sociedad más justa y equitativa no se cumplieron. 

Hay quienes sugieren que sin estas medidas, las diferencias serían aun peores. Muchas de estas acciones parecían necesarias y, probablemente, algunas indispensables para generar estructuras económicas sólidas y competitivas. Factores que sirvieran para atraer inversión, además de poder hacer frente a cambios económicos globales ajenos a las circunstancias de cada una de estas naciones.

El adelgazamiento del Estado, la independencia de los bancos centrales, disciplina fiscal, un control eficaz de la inflación, tipos de cambio reales sin paridades ficticias, además de la correspondiente apertura comercial, entre otras, eran las acciones requeridas para transformar la realidad económica de nuestros países.

Muchas de estas se generaron sin una visión suficiente e integral, que se tradujo luego en nuevos males (adjudicaciones de empresas paraestatales, generación de monopolios, etc.).

Por otro lado, la obsesión macroeconómica de los actores involucrados en su momento hizo que los esfuerzos gubernamentales en la materia dejaran a un lado estrategias paralelas para lograr mejores niveles de vida y, sobre todo, posibilidades de desarrollo y superación personal.

El sentido humano se abandonó. La pobreza no se combatió de fondo; sólo se subsidió este estadio para dejarlo como una condición permanente. Los programas sociales que han existido al respecto son paternalistas y ahora se han convertido en herramientas indispensables para mantener cierta estabilidad social en los sectores más marginados.

La ausencia de servicios primarios, así como de inversión en programas de educación media y superior, tienen a millones de jóvenes de la región migrando hacia el norte, cruzando el Atlántico o sumándose al crimen organizado.

Estas condiciones han provocado la generación de nuevos y distintos estudios que tratan de explicar este fenómeno para afrontarlo y combatirlo eficientemente.

Tal es el caso de la fundación Ethos, dirigida por el ecuatoriano Mauricio Rodas, que la semana pasada presentó en nuestro país su Índice de Pobreza 2011. En este se muestran datos emblemáticos que no sólo abordan la pobreza en el hogar, sino también la del entorno en que vivimos. La investigación abarca a ocho países latinoamericanos, incluyendo el nuestro.

Los datos sobre las carencias del entorno son dramáticos y muestran que precisamente la falta de condiciones suficientes que atiendan los derechos sociales más elementales se traduce precisamente en una brecha mayor en los niveles de pobreza.

Es decir, la falta de políticas que solucionen los temas de fondo son indispensables, pero no menos importantes que otras, como las de medio ambiente, género, democracia y seguridad pública.

Ojalá nuestras autoridades encargadas de combatir la pobreza puedan revisar a conciencia estos estudios (www.ethos.org.mx), ya que sin entender la problemática en toda su dimensión, las soluciones definitivas a esta situación indignante simplemente están lejos de llegar.

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