La vigorexia es el antónimo de la anorexia... pero lo mismo. Un trastorno que desordena el entendimiento razonable de las características físicas. Al igual que la anorexia distorsiona la percepción real del cuerpo. Pero en este caso, en lugar de confundir la esbeltez con la anatomía ósea, insisten en desproporcionar su musculatura. La ejercitan hasta deformar el estado natural del cuerpo.
Una situación que somete al individuo a juzgar, en su persona, falta de tonicidad y musculatura. Esta confusión mental los lleva a realizar ejercicio físico obsesivo compulsivo.
Los vigoréxicos llevan su entrenamiento al exceso. Abusan de las pesas y las repeticiones hasta lograr una masa muscular poco acorde con su talla y contextura física.
Un buen ejemplo serían los fisicoculturistas. Deportistas, sí, pero que asocian la belleza con el agigantamiento de la masa muscular.
Pasan los días ponderando su armadura. Sólo piensan en eso. Se consagran a su alimentación proteica y se vuelven adictos a los anabólicos y esteroides, porque facilitan la amplificación de sus proporciones corporales.
Como consecuencia, la condición se agrava y aumentan considerablemente el riesgo de padecer enfermedades crónicas, lesiones hepáticas, cardiacas, disfunción eréctil, problemas de fertilidad, cáncer de próstata.
Los factores socioculturales modernos han manipulado el “culto al cuerpo” hacia cánones de belleza morfológicamente utópicos. Este efecto ha consolidado el desarrollo de trastornos emocionales de la alimentación. Anorexia, bulimia, vigorexia... Afecciones que afectan directamente la bioquímica de los neurotransmisores.
Su tratamiento debe ser, entonces, de tipo sicológico. Porque justamente se debe curar la percepción personal. Para atenuar el pánico y afianzar su autoestima.
Es muy importante diferenciar el trastorno de la vigorexia, con la práctica habitual de cualquier deporte.
El ejercicio siempre va a aportar innumerables ventajas a nuestra salud y calidad de vida. Sin embargo, la obsesión desmedida terminará por ser un factor de riesgo para la salud.
No es normal incrementar la masa muscular hasta deformar el cuerpo. Porque para lograrlo se obsesionan con el gimnasio y hacen uso de esteroides anabólicos que, obviamente, llevan una alimentación desequilibrada. Un vigoréxico se ve escuálido a pesar de tener su anatomía sumamente desarrollada. ¡Su dieta puede sobrepasar las ocho mil calorías diarias! ¡Imagínense ocho mil calorías de proteínas y carbohidratos! Porque eso si, no consumen grasas. Tienen que atorarse barras, licuados, huevos crudos.
Sobra aclarar que esta forma de alimentarse repercute nocivamente en su organismo. Desencadenan problemas metabólicos espantosos y son candidatos seguros para el cáncer.
La anorexia, bulimia y vigorexia son trastornos de alimentación que están todos íntimamente relacionados entre sí: la obsesión por una aceptación del entorno social y por una imagen corporal perfecta.
No debemos creer en los nuevos modelos de belleza. Son estereotipos sociales desacordes a la realidad. Porque, aunque somos cuerpo, tiene que vencer la mente y el espíritu.
