Nuevo modelo de evaluación

A partir del próximo año escolar ya no habrá estudiantes reprobados en preescolar, primaria y secundaria. El subsecretario de Educación Básica, Fernando González Sánchez, lo confirmó, y Margarita Zorrilla, directora general del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, lo apoyó.

Elba Esther Gordillo, el SNTE, el Panal y la vecindad de esa persona e instituciones llenaron las columnas en las dos semanas últimas y siguen dando de qué hablar, mas no de la educación. El domingo se realizó la cuarta edición del Concurso Nacional para el Otorgamiento de Plazas Docentes, pero fuera de la venta del cuadernillo, que La Jornada documentó, no hubo novedades. Ratifico la opinión que expresé desde 2008: no es cierto que este examen termine con la venta y la herencia de plazas, sólo hace al mercado más sofisticado.

Mejor me dedicaré a un asunto crucial que casi pasa desapercibido. A partir del próximo año escolar ya no habrá estudiantes reprobados en preescolar, primaria y secundaria. El subsecretario de Educación Básica, Fernando González Sánchez, lo confirmó, y Margarita Zorrilla, directora general del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, lo apoyó. El subsecretario planteó que el nuevo modelo de evaluación será el instrumento para eliminar la reprobación (Reforma, 13, 14 y 15 de julio).

Ambos funcionarios defienden esta política y ponen el acento en lo que ellos consideran los aspectos positivos. El subsecretario afirmó que se implantará “un nuevo modelo de evaluación que servirá para evitar la deserción, mejorar el aprendizaje de los alumnos y que la evaluación docente esté encaminada al logro del aprendizaje de los alumnos y no a la memorización de conocimientos”. En lugar de la cédula de calificaciones que hasta este año llenaba cada maestro frente a grupo, cada alumno tendrá una boleta anual y se establecerá una cartilla de evaluación trianual.

Margarita Zorrilla tiene algo de razón al asentar que “reprobar a un alumno es predecir su fracaso, el abandono escolar”. Mas pienso que se equivoca cuando afirma que “reprobar es la salida más fácil para las escuelas, los maestros y el sistema educativo”. Reprobar siempre es doloroso para un maestro.

Esta política y el discurso que la acompaña se inscriben en la corrección política, no vislumbran los “efectos perversos” que puede acarrear. El más grave: arrincona a los docentes frente a grupo, les quita uno de los pocos instrumentos que poseen para motivar al aprendizaje de sus estudiantes. La evaluación trianual será el resultado de un examen estandarizado (ENLACE), que por muy bien diseñado que estuviera (cosa que muchos ponen en duda), no toma en cuenta asuntos de los alumnos que los maestros controlan clase tras clase: participación, cumplimiento de tareas, relaciones con sus compañeros y, también, aunque perezca pecado decirlo, su indisciplina. Eso también se refleja en la calificación y no hay prueba estándar que identifique esos factores.

Aunque tal vez no sea un hábito generalizado, muchos maestros llevan su portafolio, conocen a los educandos, saben de su avance o rezago y de su potencial o dificultad para aprender.

El nuevo modelo de evaluación que lidera el subsecretario incluye puntales extra para los estudiantes que sean “promovidos condicionados o con apoyo”. Ellos tendrán tutorías para favorecer su aprendizaje y que progresen en sus estudios. Es fácil prever que muchas escuelas se poblarán de grupos “especiales” de “promovidos condicionados” cuya autoestima no mejorará, serán los “tutorados” y candidatos al fracaso y el abandono. Además, dado lo que sabemos de la administración de las escuelas de educación básica, esos grupos serán “zonas de castigo” para los docentes, “la Siberia”, y quizá los maestros que se hagan cargo de ellos también serán estigmatizados.

No hay espacio para analizar lo que implica ese nuevo modelo, pero requerirá más aulas y va a complicar la organización de horarios. Los directores tendrán más asuntos que resolver y nunca habrá los recursos para ello. Acaso, un malpensado dirá que la política detrás de la no reprobación es la creación de nuevas plazas para los “maestros tutores”.

Otro efecto perverso: esa política mandará un mensaje a los alumnos y los padres de familia de que los maestros ya no importan, que ya no dependerá de ellos si los alumnos pasan de año o aprueban la materia en secundaria.

Ese nuevo modelo quizá sirva para mejorar las estadísticas, mas la consecuencia trascendente será desarticular la tarea de los maestros y disminuir su valor ante la sociedad.

*Académico de la UAM

 Carlos.Ornelas10@gmail.com

Temas: