Día del abogado
Al licenciado en derecho corresponde denunciar y evitar el deterioro institucional y la paz social.
La primera cátedra de leyes e instituta impartida el 12 de julio de 1553 por el doctor Bartolomé Frías y de Albornoz en la Real y Pontifica Universidad de México, antecedente de nuestra máxima casa educativa: la UNAM, fue el argumento para que un grupo de licenciados en derecho mexicano realizara la tarea de crear la institución Día del Abogado, en 1960, con el propósito de enaltecer la dignidad profesional de, entre otros, los abogados: Federico Bracamontes, Pedro Ojeda Paullada, Rolando Rueda de León, Fernando Román Lugo, Ricardo García Villalobos, Alfonso Guzmán Neyra, Roberto Molina Pasquel, Antonio Martínez Báez, Francisco Javier Gaxiola, Roberto Mantilla Molina, Joaquín Zapata Vela, Víctor Velázquez y Luis Rubio Siliceo.
El presidente Adolfo López Mateos fue anfitrión de la primera reunión formal, tradición conservada por los presidentes de la República, interrumpida por Miguel de la Madrid y que vivió su ocaso con Vicente Fox. Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, retomó esta celebración y, por conducto de su procurador de Justicia, Miguel Ángel Mancera, nos reúne a federaciones, asociaciones, barras y colegios de abogados del país, en ceremonia anual para reconocer y distinguir a los profesionales más destacados, situación que agradecemos.
A los abogados corresponde denunciar y evitar el deterioro institucional, reivindicar el Estado de derecho, el orden público, la paz social, la seguridad jurídica, la integridad de las personas y el respeto a la vida humana y la falta de observancia de valores como libertad, justicia y democracia. Desgraciadamente no existe motivo para estar de fiesta, cuando en nuestra geografía suceden asesinatos colectivos y auténticas matanzas con decenas de personas enterradas en fosas clandestinas.
En esta administración se han acumulado 40 mil muertos, cifra incluyente de inocentes y delincuentes.
¿Cómo podríamos celebrar los abogados, si los mexicanos somos rehenes en nuestras casas, al no poder transitar con seguridad por calles, avenidas y carreteras del país, si la sociedad mexicana, en su conjunto, vive con miedos y temores, consecuencia del clima adverso de inseguridad nacional?
¿Cómo estar de fiesta cuando cinco de cada diez mexicanos viven en la pobreza y uno de cada cuatro está desempleado y el número de indigentes crece y hay siete millones de jóvenes sin posibilidades educativas y laborales?
Detener la pobreza, disminuir progresivamente el número de infortunados, hacer cuanto sea necesario para asegurarle el sustento diario a cada mexicano, debe ser lo sustantivo y lo primordial.
Los números reflejan una realidad, el gobierno no ha podido o no ha sabido cumplir la ley. ¿Será que el modelo de gobierno se agotó o los gobernantes?
Ayer, Ebrard propuso a la comunidad jurídica nacional renovar el régimen presidencialista a uno semiparlamentario resultado de coaliciones político–partidarias y, de esta manera, el jefe de Estado y el de Gobierno forjarían gobernabilidad; las iniciativas de ley prosperarían en el Congreso y se impulsaría un sistema de seguridad social que garantice el bienestar de los mexicanos, mejorando sustancialmente nuestra economía.
Mi reconocimiento al licenciado Luis Raúl González y a los doctores Sergio García Ramírez, Jorge Carpizo y Luis de la Barreda por tan importante esfuerzo que realizan en el Proyecto Seguridad y Justicia en Democracia, que propondrán a los titulares de los Poderes de la Unión.
*Abogado y político
