Chile y México, razones para estar juntos

Las relaciones estrechas que han tenido nuestros pueblos se unen ahora con la misma fuerza que hace casi 40 años, aunque paradójicamente sucede con dos gobiernos ideológicamente distintos.

Nuestras relaciones con Chile son históricas. La solidaridad del gobierno y pueblo de México con este país hermano durante el golpe de estado de Pinochet el 11 de septiembre de 1973, fue emblemática.

Desde años antes, la empatía entre los gobiernos socialistas chilenos y el Estado mexicano era evidente. Después de la ignominia y el imperio de la fuerza que despojó y asesinó a Salvador Allende, nuestro gobierno decidió acertadamente romper relaciones diplomáticas con la nueva administración golpista.

Así, hasta la restauración de la democracia 17 años después, en 1990 con la llegada al poder de la Concertación entre las izquierdas que encabezó Patricio Aylwin, volvimos a abrir nuestra embajada en Santiago.

Las relaciones estrechas que han tenido nuestros pueblos, se unen ahora con la misma fuerza que hace casi 40 años, aunque paradójicamente sucede con dos gobiernos ideológicamente distintos a los de entonces.

El matiz socialista que marcaba las coincidencias a principios de los años 70, contrasta con la intensidad similar que ahora se viven nuestras relaciones impulsadas por dos gobiernos de derecha.

Durante mucho tiempo, ambos países se enriquecieron mutuamente con el intercambio cultural e intelectual que tradicionalmente han marcado sus agendas. En México vivieron tanto Gabriela Mistral como Pablo Neruda (Cónsul General en México en 1940), ambos galardonados con el Premio Nobel de Literatura.

Esta política sigue vigente entre nuestras naciones. Durante la visita que está realizando a nuestro país el actual presidente chileno, Sebastián Piñera, se firmó un acuerdo precisamente para incentivar e incrementar proyectos de esta naturaleza.

Con Chile ha sido natural también la agenda económica, no podría ser diferente entre dos países que lideran este rubro en América Latina. La solidez de la economía chilena y la apertura comercial de México en las últimas décadas nos convierten en dos de los países con más tratados de libre comercio firmados en el mundo, entre estos por supuesto existe uno mutuo desde el año 1996.

Así, sin dejar de lado la cultura, la preponderancia evidente es la agenda económica.

Al respecto, además de mencionado tratado, con Chile tenemos un Acuerdo de Asociación Estratégica que funciona sistemáticamente para tratar también temas políticos y de cooperación regional.

Otro de los proyectos conjuntos es la Alianza del Pacífico, un acuerdo que supuestamente buscar integrar económicamente a los países latinoamericanos que comparten esta costa, aunque se ha convertido más bien en el intento velado por hacer un frente común de los países gobernados por partidos de derecha ante los embates de los que conforman la Alianza Bolivariana.

En términos económicos las coincidencias abundan y existe un nuevo factor para mantenernos cercanos: la próxima presidencia que tendrá México del G-20 (foro del cual Chile siempre ha querido ser parte).

Son conocidos los gestos que tuvo Francia en su actual presidencia con esta nación y el interés que despierta en muchos países estar involucrados en el mismo (España, por ejemplo no es parte, pero ahora sí un invitado permanente).

Ahora que el presidente Piñera sufre, según algunas encuestas de su país, una popularidad que sólo llega a 35% de aceptación (lo que tenía George W. Bush al final de su mandato), no le vendría mal regresar a su país con el compromiso de México de invitarlos para que puedan continuar su participación sistemática. Otra razón determinante que explica este acercamiento eufórico con nuestro actual gobierno.

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