Panorama electoral
Enrique Peña Nieto avanza fortalecido hacia la candidatura presidencial por el PRI.
La voluntad electoral emitida en el principal estado del país a un año de las elecciones federales, en las que el aspirante con mayores posibilidades es justamente el gobernador de dicha entidad, sin duda es un hecho consumado que debe ser ponderado por la oposición.
Realmente quien nuevamente triunfó en el Estado de México fue la abstención, con 56.5% de ciudadanos empadronados y ausentes en la decisión, razón que debiera desvanecer el regocijo de los responsables de organizar los comicios más costosos del país: 389 pesos por voto.
El PRI obtuvo 62.56% del total de votos, el PRD un lejano 21.09% y el PAN se ubicó en un vergonzante y preocupante 12.47 por ciento. Un patrón que suele repetirse en cada elección es la diametral transformación de los candidatos perdedores, quienes 48 horas antes de subirse al ring electoral vaticinan su inobjetable victoria y en cuanto surgen los evidentes resultados se lanzan con quejas y reclamos a diestra y siniestra.
Los 50 puntos por debajo del candidato ganador son alarmantes focos amarillos para los estrategas del PAN y el hecho de que Calderón se haya impuesto en 2006 con gol de último minuto no significa que esta situación habrá de repetirse, máxime cuando el gol fue anotado por López Obrador en su propia portería.
El PRD obtuvo menos votos que hace seis años, y como es costumbre las culpas no se hicieron esperar. Iniciaron protestando contra AMLO por haber impedido las alianzas, a bote pronto éste le reviró la responsabilidad a la causante de todos los males, la mafia del poder, personificada por Carlos Salinas, Enrique Peña, Elba Esther Gordillo y hasta Televisa. O sea, de no haber habido mano negra de la mafia del poder, Encinas se hubiera alzado con la victoria. Ebrard a su vez opina que la obstinación de Encinas de oponerse a competir en alianzas fue definitiva en el resultado adverso.
Panorama electoral: Enrique Peña avanza fortalecido hacia la candidatura presidencial por el PRI, partido mayoritario que gobierna 19 entidades federativas, con 239 diputados federales, 33 senadores y mayoría en 23 de los 32 congresos locales. Acción Nacional acumula el desgaste iniciado desde el estilo personal de gobernar de Vicente Fox y la señora Marta y continuado por Felipe Calderón en un valiente, pero corrosivo enfrentamiento contra el crimen organizado y es en esta circunstancia en que al PAN le apremia elegir como candidato presidencial a quien mayor aceptación tenga, aun cuando no forme parte del círculo íntimo del Presidente, a fin de iniciar la carrera contrarreloj buscando acortar distancia con Peña. El PRD, por su parte, se acerca a las definiciones, López Obrador y Ebrard no podrán seguir resguardados bajo el mismo paraguas, piensan distinto y actúan distinto. AMLO seguirá terco queriendo ajustar cuentas personales con la mafia del poder y no habrá forma de que decline a favor de Ebrard. Insisto, la izquierda unida la tiene difícil, pero dividida la tiene imposible.
México elegirá un presidente surgido de las propuestas de los tres principales partidos políticos, los otros cuatro partidos son zánganos que se acercan donde más miel puedan extraer. En la práctica estamos limitados al dictado de una desacreditada partidocracia cuyos intereses no pocas veces difieren de los de sus representados. La presencia de candidaturas ciudadanas enriquecería la oferta electoral permitiendo el concurso de mexicanos con merecimientos probados, así nuestro razonado voto sería por el más mejor y no como suele suceder, por el menos peor.
*Analista
