¿Tendría algo que ver la fuerza de la costumbre en los resultados del domingo?

Bajo el viejo régimen, amplios grupos sociales se acostumbraron a la seguridad de beneficios que tenían garantizados.

¿Por qué los ciudadanos entregan su voto —años después de haberlos echado del gobierno—, a partidos que con sus políticas públicas erradas les causaron grandes daños? ¿Por qué al que ayer echaron, hoy lo quieren de regreso? ¿Por qué al que ayer le dieron la espalda por considerarlo el causante de todos sus males, hoy lo vitorean y ven como el nuevo salvador?

Este fenómeno, presente en los países que conformaban lo que dimos en llamar Europa Oriental, ha concitado la atención de los estudiosos porque, no se concibe como algo “normal” que el que ayer era rechazado por la sociedad casi de manera unánime por sus prácticas, atraiga hoy a sus malquerientes de antaño.

Una posible explicación que se ha dado de este fenómeno, es la incapacidad de los nuevos partidos que se conformaron —una vez que “el único” fue echado del gobierno para hacer posible el cambio de régimen político y de modelo económico— para resolver los problemas que con los cambios económicos y políticos debió enfrentar buena parte de la población. Si bien lo anterior tiene lógica, algo no acaba de convencer, por lo que debe haber algo más; esto parece encontrarse en lo que algunos llaman “la fuerza de la costumbre”.

Bajo el viejo régimen, amplios grupos sociales se “acostumbraron” a la seguridad que durante decenios tuvieron como consecuencia del paquete de “beneficios” que el anterior régimen y su partido les garantizaba —de la cuna a la tumba—, no obstante la pobreza en la que se vivía. 

Saber que habría escuela segura para los hijos, servicio de salud para todos, un techo para vivir a pesar de su pequeñísima superficie y un empleo de por vida a pesar de estar mal pagado, conformaban un paquete que por más modesto que fuera, permitía una vida sin sobresaltos; sin el temor a un mañana incierto. Hoy, los viejos partidos comunistas se han beneficiado de la pérdida de ese “paquete” al que se habían acostumbrado decenas de millones.

Al registrarse el colapso del viejo régimen, para muchos las cosas no mejoraron; por el contrario, empeoraron. Las nuevas condiciones estimuladas por los nuevos partidos las vieron —los decepcionados—, como las causantes de su desgracia actual.

Esa costumbre al confort —por modesto que fuera— que el viejo régimen con su partido hacía posible como algo consustancial a la forma de vida que privaba, desapareció. De ahí que apoyar al viejo partido sea hoy, en el fondo, la protesta por carecer de aquel “paquete” al que estaban acostumbrados; votar hoy por el desplazado ayer, es soñar que el viejo partido está vivo y les regresará lo que perdieron, lo que ya era una costumbre. 

Aquí y ahora, ¿será el recuerdo de lo que el PRI garantizaba, lo que ha generado el apoyo masivo que sorprende? ¿Haberse acostumbrado a “aquello” que hoy se ve perdido, explica el voto masivo a favor del PRI de hoy? ¿La incapacidad panista para crear un nuevo paquete que supliere el “acostumbrado” durante los gobiernos del PRI, explica su debacle?

¿Será que millones de ciudadanos añoran lo que se hizo costumbre? ¿Creerán que apoyando al PRI, regresará aquel paquete? ¿Podrá el PRI, aun queriendo hacerlo, volver a entregar “un paquete” a los millones que se acostumbraron a recibirlo? ¿Hay condiciones y recursos para ello?

¿Usted, ante el voto del domingo, añora aquella costumbre? ¿Extraña los beneficios —pocos pero seguros— a los que millones nos acostumbramos? Es más, ¿desearía que volviere “el paquete”?

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