Entre más avanzaban las tres campañas en el Estado de México menos podía creerlo, Alejandro Encinas Rodríguez y Luis Felipe Bravo Mena aseguraban en sus respectivos discursos que ganarían. Comprendo que era obligatorio decirlo, ni modo que hubieran dicho lo contrario, pero seguro estoy de que sabían que frente al PRI ninguno de los dos tenía algo que hacer, que sendas derrotas eran inminentes, aun si hubieran estado aliados. Era imposible no saberlo, la debacle estaba vaticinada antes de que empezaran las campañas, así que sólo pasó lo que tenía que pasar, que el candidato del PRI ganara la gubernatura del Estado de México por casi el doble de votos que los obtenidos por todos sus adversarios juntos. Lo curioso del caso es que igual hubiera pasado si el candidato tricolor hubiese sido Alfredo del Mazo o Luis Videgaray.
Bola Cantada…
Se sabía desde antes: quien fuera el candidato priista sería el gobernador. Así que habrá que reconocerle a Eruviel Ávila el excelente manejo de sus fichas políticas frente al gobernador Peña, al insinuarle por intermediaria persona que, en caso de que no hubiera sido el elegido a la candidatura, podría haberse ido en alianza PAN-PRD, dividiendo al PRI local y arriesgando el necesario triunfo para la causa presidencial del mexiquense, quien no quiso vivir en carne propia la amarga experiencia de Sinaloa o Guerrero. Así que Enrique Peña la jugó todavía mejor: para no correr riesgos innecesarios sacrificó sus afectos personales y dando visos de estadista apoyó al final a Eruviel Ávila para la candidatura a la gubernatura asegurándose un triunfo electoral que vale oro para 2012, pues representa algo más que un timbre de orgullo para el PRI, porque el de México es el estado que aporta más votos en una elección presidencial y… ¿adivinen para quién serán?
Mala Memoria…
Para bien o para mal, los mexicanos tenemos muy mala memoria, así que pronto se nos olvidó que en 1993 los contendientes a la gubernatura del Estado de México fueron Emilio Chuayfett por el PRI y ¡Bravo Mena y Encinas por el PAN y el PRD! Y que, en ese entonces, al igual que ahora, el priista les pasó como aplanadora ganándoles por más del doble de votos, aun sumando todos los de los adversarios juntos, así que es inexplicable que nadie ubicado en su actualidad partidista se haya preguntado: ¿Qué hicieron de bueno el uno o el otro como para que su imagen pública electoral y por ende las preferencias ciudadanas hubieran cambiado en 18 años? Si se la hubieran hecho hubieran encontrado tres respuestas: Nada, nada y nada. Entonces… ¿Por qué las cosas iban a cambiar en 2011? Así las encuestas lo pronosticaron correctamente: PAN y PRD perderían las elecciones del Estado de México, ya fuera juntos o por separado.
El Efecto Peña y AMLO…
La reputación no es sino una imagen pública sostenida en el tiempo, de tal manera que la identidad que se ha otorgado después de percibir lo mismo muchas veces, se arraiga tanto en la mente que difícilmente cambiará. De esta manera podemos apreciar que la reputación de Peña Nieto va para arriba sostenidamente y que la de sus adversarios, ya sean personales o institucionales, se están deteriorando a pasos agigantados. Mientras el primero construye, los otros destruyen o dividen y, así, queridos lectores, las elecciones simplemente no se pueden ganar.
*Rector del Colegio de Imagen Pública
