Antes y después del caso DSK

La condena a la violencia sexual contra una mujer no exige un expediente virginal de la víctima.

Contrario a lo afirmado ayer por su amigo Bernard- Henry Lévy en The Daily Beast, el escándalo en torno a Dominique Strauss-Kahn (DSK), no sólo no “destruirá su vida para siempre”, sino que le ha brindado una oportunidad para mejorarla. Y eso puede extenderse a la situación de las mujeres en Francia y quizá en otros países. Hay un antes y un después del caso del ex director del Fondo Monetario Internacional y las acusaciones de intento de violación y violencia contra una camarera del hotel Sofitel en Nueva York. El escándalo ha hecho visible en Francia una actitud de “dejar hacer, dejar pasar” el acoso sexual contra las mujeres, especialmente cuando se trata de hombres con poder o influencia y ha dado nuevas armas a éstas para defenderse. De hecho, el ministro del Servicio Civil del gobierno de Sarkozy, George Tron, fue despedido después de acusaciones de abusos sexuales contra dos subalternas, quienes sólo tuvieron la valentía de denunciarlo después del escándalo DSK.

Se estima que Strauss-Kahn está a punto de recuperar su libertad total y volver a Francia, debido a las inconsistencias o francas mentiras de su acusadora. Esos argumentos son parecidos a los que se usan en México para justificar una violación: el uso de “ropa provocadora”, conducta sexual liberal o como el argumento del juez contra la mujer que se defendió con un tiro de quien intentaba violarla: “Una mujer casada no sale de noche sola sin su marido”. Si la camarera guineana, mintió en su expediente para obtener la residencia en Estados Unidos, si tiene un novio preso por tráfico de drogas, si tiene una lista más larga que la de Don Giovanni de encuentros sexuales, eso no demerita ni un milímetro un caso de intento de violación. La condena a la violencia sexual contra una mujer no exige un expediente virginal de la víctima. La idea de que una mujer activa sexualmente dentro o fuera de una relación monógama o por simples motivos económicos, sea más violable que una jovencita virgen, sólo esconde prejuicios en torno a la “pureza” de la mujer. Si una prostituta o sexoservidora se niega a tener relaciones sexuales y es forzada a tenerlas, tenemos un claro caso de violación.

Las nuevas informaciones acerca de la víctima, inclusive la existencia de una cuenta de banco con depósitos importantes, contrario a lo afirmado en su declaración de que sólo dependía de su ingreso como recamarera, han fortalecido las hipótesis de un “complot” de fuerzas aliadas al presidente Sarkozy, contra quien DSK se alzaba como el principal contrincante en las próximas elecciones presidenciales. Se habla de la cadena francesa Accor, dueña del Sofitel o también del jefe de la policía neoyorquina, a quien el propio Nicholas Sarkozy condecoró con la orden de la Legión de Honor hace unos años, por su lucha contra el terrorismo.

Aun si se probara cierta la conspiración, ello no desdice lo que afirmo en el primer párrafo: esta es una oportunidad que le da la vida al político francés pues si cayó en la supuesta trampa que se le tendió, fue porque su debilidad era muy conocida y predecible. Ser un mujeriego en la vida privada es una elección muy suya y de aquellas que lo acepten. Ser un depredador sexual ostentando un alto cargo, de gran importancia para la economía mundial o peor, como presidente de Francia, constituye un riesgo para la institución que representa y para él mismo como se demostró en Nueva York.

Si finalmente DSK recupera su libertad y pasaporte y el Partido Socialista admite retrasar las primarias para permitir que participe, puede aprovechar la dura lección de humildad que le ha dado la vida para ser un político menos vulnerable. Y la cultura laboral y política en Francia puede también mejorar hacia el respeto a las mujeres, con un ambiente menos permisivo y más transparente hacia quienes violan sus derechos. Para este caso y seguir otros más, veámonos en Twitter: @ceciliasotog

        *Analista política

            ceciliasotog@gmail.com

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