El líder del siglo XX
- Churchill sabía tomar riesgos y lo hizo frecuentemente, era un inconforme ante lo que veía, y es todavía el ídolo de su pueblo.

Salo Grabinsky
Del verbo emprender
Como las personas emprendedoras son, casi por definición, líderes que convencen a su gente a seguirlos, ya sea por la convicción de sus ideas, su terquedad y un espíritu y voluntad férreos logran cumplir sus objetivos, me atrae mucho leer la biografía de personajes que cambiaron o salvaron al mundo. Uno de mis favoritos es, sin duda, sir Winston Churchill. Su liderazgo y personalidad han sido objeto de libros e investigaciones históricas, y el pueblo inglés y los europeos le deben mucho, sobre todo en los años de la Segunda Guerra Mundial.
Terco, obstinado, con una prosa y oratoria sin igual, tanto en el Parlamento inglés donde fue electo por más de 50 años, cambiando frecuentemente de partido político o en sus discursos por radio que eran escuchados atentamente por los británicos y, con peligro para sus vidas, por miles de europeos en cautiverio por los nazis.
Un nuevo libro sobre Churchill escrito por el historiador Paul Johnson nos ayuda a sacar ciertas conclusiones sobre su estilo personal, combativo pero a la vez muy humano de estadista, escritor, pintor que gozó al máximo su vida y sus logros, minimizando sus fracasos.
Fue primer ministro dos veces, en la Segunda Guerra y años después fue reelegido. Muy respetuoso de la institución parlamentaria y muy controversial en cuanto a su negativa a otorgar la independencia y, por ende, terminar con el imperio británico en Asia, (especialmente India) y el resto del mundo.
Johnson nos ofrece varias lecciones a aprender de este gran hombre:
a.- Siempre pon tus miras lo más alto posible, a pesar de los obstáculos. Fue un gran político, un militar que se destacó en batallas, escritor prolífico y un buen pintor. Ganó el campeonato mundial de polo, el Premio Nobel de literatura y sobre todo guió a su pueblo en la peor crisis de su historia, salvándolo de la esclavitud nazi. Sus frases eran célebres, por ejemplo: “Sólo les puedo ofrecer a los ingleses sangre, sudor y lágrimas” y con eso resistieron y ganaron la guerra.
b.-No hay sustituto al trabajo duro.- Churchill no cejó en sus jornadas de 13 a 14 horas diarias durante la guerra, pero tenía sus manías y extraños hábitos. Decía que para vivir muchos años tenía que ahorrar esfuerzos físicos por lo que su jornada matutina hasta bien entrada la tarde la hacía desde su cama, dictando, teniendo entrevistas y echándose su whisky. Balanceaba esto con las rigurosas ocho horas de sueño, pero no seguidas sino con frecuentes siestas y se relajaba escribiendo, pintando al óleo o con grandes comidas y pláticas donde siempre tenía a mano su copa de champagne.
c.- Churchill NUNCA se dejó caer por sus derrotas o errores. Tuvo periodos de popularidad, seguidos por fracasos y problemas. Él se reponía y buscaba nuevos retos olvidando el pasado. Buen consejo para todos nosotros.
d.- No tenía tiempo para rencores o venganzas. Habiendo logrado su objetivo era magnánimo con sus rivales y seguía su trayectoria sin amarguras. Fue muy sabio al plantear, durante la guerra que “ Nunca tanta gente le ha debido tanto a tan pocos”, refiriéndose al ejército inglés.
e.- Al no tener resentimientos, Churchill se dedicaba a gozar de la vida y de su familia, de amigos y de sus múltiples pasiones, aunque la política siempre fue su fiel compañera.
Churchill sabía tomar riesgos y lo hizo frecuentemente, era un inconforme ante lo que veía, y es todavía el ídolo de su pueblo. En resumen, fue un emprendedor y líder indiscutible del que hay que aprender mucho.