Juez Palomares: escupir a la justicia

La Judicatura y el TSJDF se muestran, a la vista de todos, como entes encubridores de jueces parciales, insensibles, corruptos y hasta cínicos.

Además de las acusaciones de parciales, insensibles y hasta corruptos —lanzadas por el presidente Calderón a algunos jueces “que están en la nómina y que reciben dinero”—, a quienes se encargan de impartir justicia habrá que colgarles otra etiqueta: ciegos, porque es un insulto que el Consejo de la Judicatura del Distrito Federal (CJDF) haya ratificado en el cargo al juez Héctor Palomares, la verdadera “estrella” del documental Presunto culpable.

Palomares sentenció en dos ocasiones a José Antonio Zúñiga por un homicidio que no cometió.

Palomares mostró el rostro más perverso de la justicia: obsesionarse con un inocente y permitir la fabricación de cargos para enviarlo a la cárcel. Ruindad. Abuso de poder.

Palomares no sólo despreció los testimonios y las pruebas de que Zúñiga no era culpable de asesinato sino que, en cambio, privilegió acusaciones débiles, insostenibles y más que cuestionables.

A pesar de todo, el CJDF consideró que no hay pruebas de su mal desempeño y que él juzgador “cumplió con todos los requisitos” para ser ratificado como juez 26 Penal del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal. ¡Dios libre a cualquiera de caer en sus manos!

Y tanto el CJDF como la Comisión de Ética del TSJDF —encargada de evaluar el caso— podrán tener argumentos legales y técnicos que no todos comprenden, y ofrecerán explicaciones legaloides en favor de Palomares. Pero, a los ojos de la mayoría, la justicia queda, una vez más, bajo la sombra de la sospecha.

La Judicatura y el TSJDF se muestran, a la vista de todos, como entes encubridores de jueces parciales, insensibles, corruptos y hasta cínicos, según lo demostró una videocámara en las actitudes del juez Palomares.

¿Qué confianza se le puede tener a la impartición de justicia en el DF con estas decisiones?

Ahí está el sello de la casa: la fabricación de culpables. Lo hicieron con José Antonio Zúñiga, el “presunto culpable”.

Con el caso Martí, en el cual la PGJDF fabricó pruebas y cargos y mantiene injustamente en prisión a la ex subinspectora federal Lorena González.

Lo repitió con el encarcelamiento de Carlos Cázares, Charly, gerente del Bar-Bar, quien pasó más de un año en el Reclusorio, en medio de absurdas acusaciones de la Procuraduría de Justicia capitalina que, por insostenibles, se desvanecieron.

Y hoy, los órganos máximos de revisar las presuntas irregularidades de los jueces, en vez de enviar la señal de justicia a ciudadanos agraviados, lanzan un mensaje inequívoco y lamentable: estamos aquí para protegernos y solaparnos. Somos intocables.

¿Algún ciudadano podrá tenerle confianza al juez Palomares? Ninguno.

Y aquí sí nos podrán embarrar términos legales en defensa de Palomares, pero hay un acto jurídico irrebatible: el juez de marras sentenció a un inocente en dos ocasiones. Una Sala Penal liberó a Zúñiga por falta de pruebas.

¿Acaso esa Sala Penal sí vio el batidillo legal que Palomares no vio, o no quiso ver? El juez podrá ser parcial, insensible o corrupto, pero no estúpido. Claro que detectó las anomalías en las acusaciones contra Zúñiga, pero lo ruin le impidió hacerle justicia.

Lo grave es que hay infinidad de jueces Palomares en el sistema de justicia del país.

Lo alarmante, que el Presidente denuncia en público que hay jueces corruptos, como lo hizo en el Castillo de Chapultepec.

Lo triste, es que cualquiera puede caer en manos de un juez Palomares.

Son los temas de los que no habla Marcelo Ebrard.

ARCHIVO CONFIDENCIAL

*EL BERRINCHE DE EBRARD. Las pataletas que hizo ayer Marcelo Ebrard ante el justo y válido reclamo de la valiente Isabel Miranda de Wallace por la lentitud para crear unidades antisecuestro en el DF, pinta de cuerpo entero al jefe de Gobierno: intolerante ante la crítica, grosero a cuestionamientos ciudadanos, inmaduro políticamente. Si alguien sabe del tema, esa es Isabel, impulsora de la Ley Antisecuestro. Ebrard no resistiría un debate con Wallace. Lo despedaza. “Parece que no estamos haciendo nada”, respondió el falso izquierdista durante el Consejo Nacional de Seguridad Pública. “Las afirmaciones de Isabel son graves y preocupantes para cualquier ciudadano”, señaló Ebrard, y sí, así está la situación en las calles capitalinas respecto al secuestro: grave y preocupante. Isabel aclaró que la información proviene de los gobiernos y del INEGI. Marcelo  se levantó y abandonó el salón, de manera lépera. Con su actitud, Ebrard confirma que ha perdido el piso y que no admite señalamientos ajenos. Soberbio. Alguien le debería decir que el nombramiento de “Alcalde del Año” no fue por su desempeño en el GDF, cuestionable por muchos flancos, sino un premio que le costó millones de pesos en “cabildeo” —por decirlo de alguna manera—, a las arcas capitalinas. Al final de cuentas, Ebrard es un político con alma, corazón y formación del viejo PRI: intransigente ante la crítica.

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