El testamento de los presidentes
No siempre la voluntad del corazón presidencial ha triunfado.
Los presidentes mexicanos, como los de cualquier país, con frecuencia han caído en la tentación de vulnerar el sistema democrático y republicano de su nación para instalar, en su trono, a quien ellos aman y prefieren. Eso es una amalgama del poder y del amor. Cratos y Eros abrazados dentro de un solo individuo y, por si fuera poco, en una sola decisión.
Nada más explicable en el contexto de lo sicológico. Si un gobernante siente que su corona es el tesoro mayor que le ha regalado la vida y, más aún, que ello ha sido su motivo vital desde antes de conseguirlo y ya no se diga cuando lo logró, es natural que no quisiera desprenderse jamás de su cercanía y, si se puede, de su posesión.
Pero, para el mal de sus deseos, está la Constitución de su país. Además, para maldición mayor, ésta es republicana. Eso significa que los cargos de gobierno no son de él sino del pueblo. Por si fuera poco, es democrática. Eso significa que la designación emana de la plebe mayoritaria. Y, “para acabarla de amolar”, algunos sistemas, entre ellos el mexicano, impiden la reelección. Tan bien que iba todo hasta que se acercó el final del sexenio.
La solución que le queda es una sola. Dejar el trono en herencia. Designar o apoyar a un delfín. Quitar a la república un poquito de sus “deformaciones” y perfeccionarla con un toquecito de monarquía. Eso es lo que se ha llamado “dedazo” o, simplemente, “tapadismo”.
Sin embargo, no siempre la voluntad del corazón presidencial ha triunfado. Yo diría que, por el contrario, muchas más de las veces ha fracasado. De las 15 sucesiones decididas por presidentes priistas y de la única donde participó un panista, sólo tres veces ha triunfado el predilecto de sus afectos.
En algunas ocasiones porque el muy amado no creció. En otras, porque se perdió. Hay otras donde las circunstancias se opusieron. Y, por último, hasta la muerte ha jugado en esta ruleta. Hagamos un repaso para sostener mi dicho.
Es claro que Plutarco Elías Calles hubiera preferido a Aarón Sáenz, a Luis N. Morones o a Gonzalo N. Santos que a Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, Abelardo Rodríguez o Lázaro Cárdenas. Éste, a su vez, tuvo más razones de predilección por Francisco J. Múgica que por Manuel Ávila Camacho. Y el corazón de este poblano se inclinaba más por Javier Rojo Gómez, antes que por Miguel Alemán.
A Alemán, la muerte le arrebató a su amigo del corazón y sucesor presidencial, Gabriel Ramos Millán, tal como sucedió a Carlos Salinas con Luis Donaldo Colosio y le ha ocurrido a Felipe Calderón respecto de Juan Camilo Mouriño.
Prosigamos. El evidente candidato de Gustavo Díaz Ordaz era Alfonso Corona del Rosal, pero éste fue víctima política del “tlatelolcazo” y dejó la vía libre para Luis Echeverría quien, en su momento, hubiera preferido a Mario Moya Palencia, a Augusto Gómez Villanueva o, incluso, hasta a Porfirio Muñoz Ledo, antes que a José López Portillo.
A su vez, este presidente cerró, inconscientemente, las puertas a su fraterno amigo Carlos Hank y tuvo que decidirse por alguien tan distante para él como lo era Miguel de la Madrid. Sigamos con Ernesto Zedillo, cuyas preferencias recaían en Guillermo Ortiz o en José Ángel Gurría pero su partido se entercó en “los candados” y tuvo que jugar como ya sabemos. Por último, Vicente Fox fracasó en sus auspicios en pro de Santiago Creel.
Total, sólo tres corazones triunfaron. Adolfo Ruiz Cortines en pro de Adolfo López Mateos. Éste, a favor de Gustavo Díaz Ordaz. Y Miguel de la Madrid para heredar a Carlos Salinas de Gortari.
¿Qué significa todo esto? Simplemente que, en la política de mayor altura, no juegan los sentimientos. Segundo que, por fortuna, muchas veces ha triunfado la responsabilidad sobre la amistad. Tercero, que la realidad es una terca incómoda que siempre trata de imponerse y, para colmo, casi siempre la realidad se impone. Confieso que, para mi fortuna personal, la política real es la única en la que creo.
*Abogado y político. Presidente de la Academia Nacional, A. C.
twitter: @jeromeroapis
