Entrada y salida de familiares en los negocios (Inicio de serie)
- En las empresas familiares se siguen dando dilemas que, si no se resuelven objetivamente, pueden derivar en conflictos.

Salo Grabinsky
Del verbo emprender
Aunque ha evolucionado notablemente el campo de las empresas familiares como un sistema que debe balancear constantemente los objetivos (y necesidades) tanto de la familia dueña, como los del negocio en operación y la preservación del patrimonio de los accionistas, se siguen dando dilemas que , si no se resuelven objetivamente, pueden resultar en conflictos y malos entendidos.
Partamos de el dilema típico, con varios ejemplos:
a.- Mi hermano se quedó sin trabajo y nadie lo quiere emplear por su edad. Necesita ingresos para sobrevivir y mi madre me está presionando para que lo meta a la empresa.
b.- Tengo un tío al que mi padre invitó hace 30 años al negocio, en calidad de empleado y ahora ya no hace casi nada y a todos los demás les dice que él es “como el dueño” y puede ordenar lo que quiera, incluso despedir gente. Mi papá ya se jubiló y cuando le pido consejo me dice “esa ya es tu bronca, pero no lo lastimes mucho”.
c.- Los hijos de mi hermana, que heredó acciones de la empresa, quieren trabajar conmigo en el negocio, porque ése es su derecho como hijos de accionistas. ¿Cómo le hago?
Aparte de que les aconsejo que asistan a cursos, seminarios, lean libros y tomen asesorías sobre la empresa familiar, además de estar informados por ésta y otras columnas, voy a tratar de analizar los ejemplos arriba descritos, en el entendido de que hay infinidad de situaciones que se presentan en cualquier sistema empresa-familia:
a.- El aspecto socioeconómico, con constantes crisis el cual venimos experimentando hace varias décadas no va a aminorar. Los ajustes que se hacen son muy dolorosos y mucha gente capaz pierde su sustento y seguridad de vida. Esa tragedia, dentro de una familia, constantemente se refleja en el negocio con peticiones (a veces demandas y chantajes) de empleo. La empresa familiar NO PUEDE NI DEBE aceptar peticiones para dar trabajo a todos los que lo necesitan, ya que su capacidad de empleo es limitada y requiere cada vez más de profesionales, familiares o no, que la operen eficientemente. No se puede confundir la solidaridad familiar ante un problema con el manejo frío del negocio.
b.- En muchas empresas de segunda o tercera generación tenemos el caso de tíos, amigos del pueblo o compadres a los que el fundador invitó a trabajar al principio de sus actividades y juntos sacaron adelante el negocio. Incluso frecuentemente eran sutilmente explotados por el patrón con muchas horas de trabajo y poco sueldo. Al retirarse o fallecer el dueño, sus sucesores se enfrentan a estas personas, algunas muy valiosas pero otras en feudos de poder que difícilmente pueden ser corregidas de manera sencilla. Eso sin contar dos factores clave: El enorme monto de una indemnización por la antigüedad de esa persona y por otro lado, la carga moral y afectiva que bloquea cualquier decisión de quitarlo, incluso el de cambiarlo de puesto y tratar de reducir sus responsabilidades… y poder.
c.- Cualquier hijo(a) o descendiente directo de un socio accionista tiene, en teoría, los mismos derechos para “aspirar” a trabajar en el negocio de su familia. Para eso debe haber un proceso de selección, además de que la familia dueña debe poner requisitos mínimos deseables para que esta persona sea considerada para un puesto inicial de trabajo, además de las obvias consideraciones económicas y de salud financiera de la empresa.
Éstos son sólo algunos ejemplos entre los miles que se dan . Continuaremos con esta serie la siguiente semana