Lecciones de un líder

- El liderazgo es, a su nivel, útil para que cada emprendedor logre convencer, no vencer, y motivar a los demás.

Salo Grabinsky

Salo Grabinsky

Del verbo emprender

Hay ocasiones donde la historia nos da lecciones que podemos aplicar en nuestra vida actual, en la empresa y en el estilo de gobernar de los dirigentes. Un libro escrito hace casi un siglo por el biógrafo alemán Emil Ludwig nos relata la vida del gran presidente Abraham Lincoln. No entró en detalles acerca de su lucha por abolir la esclavitud en los estados sureños de la Unión Americana que desembocó en la Guerra Civil, sino en su manera de comunicar, convencer y finalmente lograr sus metas. Es irónico que cuando los estadunidenses del norte de ese país y los esclavos liberados lo aclamaban; Lincoln no pudo gozar del fruto de su esfuerzo porque fue asesinado en un teatro de Washington.

Al llegar a la Presidencia, Lincoln, un republicano, decidió nombrar en su gabinete a muchos de sus enemigos, basado en su capacidad y conocimientos tanto diplomáticos como militares. Él, un campesino humilde de Kentucky, avanzó poco a poco en política y nunca atacó directamente a sus contrincantes, lo hizo por medio de cartas con una ironía y elegancia incomparables. Le gustaba contar historias y atraía a la gente por su humor. No estudió leyes, pero ya en su estado adoptivo, Illinois, leyó ávidamente todos los libros legales que pudo y acabó ejerciendo esa profesión exitosamente.

Su físico no lo ayudó. De más de un metro noventa de estatura, delgado y con las mejillas hundidas provocaba burlas y poca atracción en la gente… hasta que empezaba a hablar.

Aunque estaba convencido de la inmoralidad de la esclavitud y dispuesto a terminar con ella, como mandatario flexibilizó sus decisiones sugiriendo a los estados limítrofes al norte a que gradualmente la abolieran, incluso pagando una cantidad para liberarlos a todos por cuenta del gobierno, para que los terratenientes no sufrieran un descalabro.

Los periódicos de Nueva York y Boston lo criticaron por su tibieza, los del sur lo calumniaban y llamaban “mono negro”, incapaz de estar al mismo nivel social de la aristocracia muy chapada a la inglesa de estados como Georgia y Alabama. Lincoln no se inmutó y siguió su labor con mucho tacto y voluntad férrea. Lo logró, pese a las intrigas y adversidades de esa guerra fratricida.

Como legislador fue un opositor de la injusta guerra con México en términos de ética y moral.

A sus ministros y generales, muchos de los cuales lo despreciaban por razones políticas y de arrogancia, les iba sugiriendo estrategias de guerra que, por haberse documentado antes, resultaban acertadas. Muy pocas veces impuso su autoridad, más bien les daba su lugar y les permitía tomar decisiones, pero con elegancia los llevaba a seguir su mandato.

Sabía escuchar, no ofendía a nadie y se le “resbalaban” las impertinencias de sus rivales.

Incluso, a su esposa, emocionada por ser la primera dama y poder ofrecer lujosas fiestas en la Casa Blanca, la realidad de la guerra se impuso y tuvo que vivir de manera austera, lo que a Lincoln no le importó nada.

El presidente Lincoln tuvo una visión de Estados Unidos donde la democracia y la Constitución se preservaran por encima de cualquier intento de deformarlas.

La justicia estaba de su lado y en su mandato logró un cambio radical en el pueblo norteamericano. En su tiempo sólo hubo otro mandatario a su altura y ese fue Benito Juárez.

El liderazgo es, a su nivel, útil para que cada emprendedor logre convencer, no vencer, y motivar a los demás. Lincoln es un gran ejemplo de sabiduría, humildad y sentido común.

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