La familia empresaria en Japón

- Las empresas japonesas dominan la electrónica, el transporte y otros bienes de consumo, aunque han evolucionado a volverse grupos multinacionales.

Salo Grabinsky

Salo Grabinsky

Del verbo emprender

Una recesión que dura ya más de una década y ahora tristemente golpeado por la catástrofe del terremoto y tsunami, Japón sigue siendo una potencia económica de primer nivel, levantándose de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial hasta su posición actual. Las empresas japonesas dominan la electrónica, el transporte y otros bienes de consumo, aunque han evolucionado a volverse grupos multinacionales. Algunas marcas como Toyota o Kikkoman son reconocidas en cualquier parte y forman parte de empresas de estructura familiar, pero hay cientos de miles de pequeñas y medianas organizaciones que proveen a gigantes como Sony, Nikon y Honda con partes y componentes para sus productos y todas son familiares.

En un interesante libro llamado Crested Kimono, su autor, un sociólogo norteamericano de descendencia japonesa describe la intrincada dinámica familiar que se da en ese país, donde vivió varios años. A pesar de tener rasgos nipones, no pudo adaptarse ni ser considerado parte de la sociedad japonesa, aunque logró entender y explicarnos ciertas peculiaridades de las familias y grupos empresariales. Hay semejanzas y grandes diferencias con nosotros en México y el mundo occidental en general.

En primer lugar está la rígida estructura jerárquica familiar con énfasis en que el hijo mayor sea entrenado a ser tanto el jefe de la familia extendida, incluyendo a hermanos y sus respectivos cónyuges, así como  director o presidente de la empresa principal. Los demás hermanos van a ser considerados en el negocio pero como dirigentes de subsidiarias o empresas separadas pero que forman parte de la familia. Algo muy notorio es que se espera que ascienda a esos dos puestos por sus méritos y capacidad comprobadas. Si no cumple con esos requisitos  los padres pueden designar al segundo o demás hijos varones a esos puestos y todos deben aceptarlo. Lo más interesante es que, si no hay candidatos viables en los hijos , puede que sea una hija la que asuma esas responsabilidades y también sea el esposo de ésta, al que se le “adopta legalmente” para que forme parte de la familia dueña y de su linaje, dejando atrás a su propia familia. Yo conocí un caso en nuestro país donde una pareja de origen japonés que tenía un pequeño negocio y sin descendencia directa, fue a su pueblo en Japón y adoptó a un joven de la familia de un vecino y lo trajo a México para que siguiera con la empresa. Esta persona  rompió  los lazos con sus padres biológicos y ayudó a su nueva familia a crecer el negocio, se casó con una mujer de su pueblo y la trajo a México. Hoy en día es el dueño de un grupo importante heredado de sus nuevos padres. La razón para adoptar no se basó en los lazos familiares de esta pareja, mismos que existían en su pueblo natal, sino en buscar a un joven capaz y ambicioso  que cumpliese sus objetivos del negocio. Es una tradición diferente a la que vivimos nosotros.

Otro asunto es el del matrimonio, el cual en grupos familiares poderosos sigue siendo un arreglo estratégico y racional para buscar líderes que continúen en el negocio principal. La novia del hijo mayor y candidato a suceder al patriarca vive, al casarse, cercana o dentro de la casa familiar del esposo, sujeta en la jerarquía a un lugar muy  inferior y al estricto mandato de su suegra. De acuerdo a con quién se case cada hijo (a) del patriarca  familiar depende mucho su prestigio ante la sociedad japonesa. Este libro fue escrito con datos de hace varias décadas y seguramente han cambiado algunas cosas, pero todavía hay mucho de verdad  en la estructura social actual del Japón.

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