Catástrofe japonesa
- El país ha sido pionero en crear la infraestructura capaz de resistir terremotos y su sistema de alarmas para tsunamis funcionó correctamente y aún así, las escenas son imposibles de absorber.

Salo Grabinsky
Del verbo emprender
Originalmente entendí que el círculo de fuego se refería a la zona de Indonesia, Tailandia, Filipinas y Japón que está llena de volcanes activos, terremotos y tifones, además de los terroríficos maremotos o tsunamis. Creo que se quedaron cortos, pues la alargaron en toda la extensión del Océano Pacífico, que de calmado no tiene nada, incluyendo la costa oeste de América Latina, donde vivimos nosotros.
No hay que olvidar que a Haití, Irán, Turquía e incluso a Italia, la antigua Yugoslavia y otras partes de Europa las han devastado temblores de todo tipo.
Parece que la tragedia en Japón se lleva a muchas otras en su magnitud y costo económico, sin contar que todavía se buscan víctimas y desaparecidos, además de la crisis nuclear que se vive. Hace décadas pasé unos meses viviendo y trabajando en Tokio y en mi pequeñísimo cuarto de hotel en el piso 30 (casi como un clóset) sentí varios temblores de gran intensidad, pero pensando en los japoneses y su ingenio no me asustaba tanto. Obviamente fue antes de 1985 y, como todos los capitalinos, yo ya parece que estoy fogueado por esa calamidad y sus consecuencias.
Japón ha sido pionero en crear la infraestructura capaz de resistir terremotos hasta de 8 .0 grados Richter y su sistema de alarmas para tsunamis funcionó correctamente y aún así, las escenas son imposibles de absorber y los costos de reconstrucción son por el momento incalculables, pero enormes. Aunado a la guerra en Libia y la violencia en otros países árabes, el desastre japonés vuelve a ensombrecer nuestras vidas y una posible recuperación económica.
En la mente de muchas personas de todas las nacionalidades y, por supuesto, en la de los mexicanos del altiplano y las costas tenemos la pregunta no contestada ¿Cuándo nos tocará de nuevo un fenómeno como el que hemos visto? ¿De qué intensidad será? Estas cuestiones no pueden ser resueltas por nadie a pesar de la tecnología de avanzada, ya que pocos países como Japón estaban tan preparados y miren cómo les fue. En Haití por su carencia de recursos, un temblor bastante menor en potencia, dejó centenares de miles de muertes y una losa más sobre su enorme pobreza.
Regresando a nosotros, nos debemos preguntar si estamos preparados para estas contingencias, si nuestras viviendas, escuelas y oficinas, además de los sistemas eléctricos, de comunicaciones, telefonía celular y fija e internet pueden reaccionar y protegernos aunque sea parcialmente. Los reglamentos de construcción cambiaron radicalmente después del terremoto.
¿No habría que reevaluar su eficiencia y capacidad de aguante ante fenómenos de esta magnitud? En el Distrito Federal ya tuvimos una amarga inundación en Chalco el año pasado. Las autoridades de protección civil e infraestructura deben, por favor y la súplica a todos, ponerse las pilas y prevenir.
Los ciudadanos debemos tener preparadas reservas de medicinas, cobijas, víveres, pilas y agua potable, como dicen los manuales.
¿Los leímos recientemente? Sin duda nuestro mundo es intenso, violento a veces de manera natural, pero como dice una comentarista “aquí nos tocó vivir” y ni modo.
Como siempre, nuestra solidaridad, y nuestros queridos “topos” están trabajando con miles de voluntarios, pero la caridad comienza en casa.
Hay que proteger a nuestros seres queridos, prepararnos y usar nuestro sentido común y el apoyo al prójimo, como ya lo hicimos.
De lo que no hay dudas es que lo de Japón me causa un escalofrío involuntario. ¿No lo siente usted, amigo lector?