El Diccionario ¿de mexicanismos?
El Himno de Bocanegra y Nunó fue interpretado por primera vez el 15 de septiembre de 1854 en el teatro Santa Anna.
De material abundante para la crítica, el Diccionario de mexicanismos (Siglo XXI ed., 2010) obligó al autor de esta columna a escribir un largo texto para la revista emeequis que circula esta semana, pero como es imposible resumir todas las barbaridades contenidas en ese volumen, nos iremos ocupando de él en este espacio. Para empezar, alguien debería explicar qué hace en esa colección de mexicanismos la expresión futbolera "gol olímpico", de uso universal o casi, que se refiere al tiro de esquina que entra en la portería sin intervención de otro jugador como no sea quien lanza la pelota desde el rincón. En otra parte de la misma obra aparece con su respectiva falta de ortografía la palabra "cahita" (el Diccionario de la Madre Academia escribe cahíta, con acento sobre la vocal débil), que según el Diccionario de mexicanismos es "la lengua hablada por los pueblos del sur de Sonora y el norte de Sinaloa", lo que es una rotunda mentira, y si alguien lo duda, ponga a dialogar a un mayo, un yaqui y un seri para que compruebe que cada uno habla su propia lengua. A la anterior agregan otras faltas de escasez de ignorancia, como meter numerosos indigenismos que no son de uso común en el español de México y por tanto no deberían figurar en el meximamotreto, que por cierto incluye cacahuasintle y cacahuazintle para remitir en ambos casos a cacahuacintle (¿Tiene sentido incluir palabras con faltas de ortografía para mandar al lector a la que sí está bien escrita?). Ah, y también está en el librote "de mexicanismos" una palabreja que se usaba corrientemente entre mayas y tenochcas: biker, que según el Diccionario de marras es un "pantalón elástico deportivo, muy pegado al cuerpo, que llega hasta la rodilla" y que se pronuncia báiker. "¡Oh, yes! Mi conocer mecsicanismos gabachos".
Un atlas y un directorio cultural
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes acaba de publicar un elegante catálogo de las instituciones culturales de México en 2010. Es un libro con prólogo de Consuelo Sáizar, de gran formato, empastado y profusamente ilustrado que contiene abundantes citas sobre cultura, fotos excelentes y un amplísimo directorio del Instituto Nacional de Bellas Artes, del Instituto Nacional de Antropología e Historia y del propio Conaculta, sus dependencias administrativas y ejecutivas. Ahí están Imcine, el Centro Nacional de las Artes, el Festival Cervantino, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, el Auditorio Nacional, Educal, las escuelas de enseñanza artística, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, zonas arqueológicas, el Centro de la Imagen, fototecas, centros culturales, la Orquesta Sinfónica Nacional y la Sinfónica Nacional Carlos Chávez; Radio Educación, los canales 22 y 23, museos y muchísimas cosas más que ahora ofrecen sus datos en un mismo espacio. Igualmente apareció un Atlas de infraestructura y patrimonio cultural de México 2010, también editado por Conaculta, obra que constituye una radiografía de lo que tenemos en la materia y de las instituciones y personas encargadas de ese patrimonio.
¿El Himno Nacional, prohibido?
En la sección ¿Sabías qué?, que aparece en estas mismas páginas, hace unos días apareció una nota sobre un mediocre versificador llamado Francisco González Bocanegra, funcionario de varios gobiernos conservadores que resultó ganador en el certamen para la letra de un himno nacional al que convocó el dictador Antonio López de Santa Anna. Bocanegra ganó con un texto belicista y sanguinolento que lambisconeaba a Su Alteza Serenísima, a quien le dedicaba sus versos. Como se sabe, el ganador en la rama de música fue el español Jaime Nunó. El Himno de Bocanegra y Nunó fue interpretado por primera vez el 15 de septiembre de 1854 en el teatro Santa Anna, cantado por los italianos Claudina Florentini, soprano, y Lorenzo Salvi, tenor, a quienes acompañaron orquesta y coros dirigidos por Giovanni Bottesini. Al triunfo de la revolución de Ayutla, González Bocanegra se escondió y su Himno fue olvidado, no prohibido. Durante los últimos años como presidente de Benito Juárez y durante la gestión de Sebastián Lerdo de Tejada, en las ceremonias oficiales se ejecutaba la marcha Zaragoza, de Aniceto Ortega. Fue Porfirio Díaz quien sacralizó el Himno de Bocanegra-Nunó y nos lo impuso a todos los mexicanos.
Breviario.
Llegó a esta columna la revista Folios, de Guadalajara, que dedica su número de otoño a Carlos Monsiváis. *** Yo no vengo a decir un discurso, se llama el más reciente libro de Gabriel García Márquez. Estudiantes de periodismo y colegas en ejercicio deberían leer ahí Periodismo, el mejor oficio del mundo.
