Los Tacones no nacen ariscos

Ese dicho de que uno nunca aprende en carne ajena deberíamos erradicarlo.

Una Cirilita, que resulta ser mi amiga, acaba de tronar una relación de ésas que, sin afán de malvibrar, uno sabe que su amiga va a sufrir. Es increíble, ver los toros desde la barrera a veces nos hace aprender más que viviéndolos dentro del ruedo, ese dicho de que uno nunca aprende en carne ajena deberíamos erradicarlo y comenzar a poner más atención a nuestro alrededor a ver si así nos ahorramos dos que tres cabronadas fáciles de esquivar.

Era más o menos lo mismo de siempre, un machito de ésos que se quedó en la época de las cavernas, que lanzaba el anzuelo de “te doy permiso” y se comportaba como un patán cuando algo no le parecía. Levantar la voz y explotar era su mejor manera de amedrentar a Cirila. Esa relación se convirtió en una permanente estira y afloja, yo veía a mi Cirilita cada vez menos enamorada, cada vez más decepcionada, pero costándole un trabajo tremendo deshacerse de él.

Ella lo quería, sin embargo, él hacía absolutamente todo para que lo terminara odiando, hasta que el día llegó, ése en el que las mujeres juramos que seremos unas cabronas en toda la extensión de la palabra, el día en que después de caer una y otra vez ante sus mentiras, sus promesas de cambiar, su infinidad de “perdóname, no lo vuelvo a hacer”, ese día en que, además, la manda a la fregada porque “no se sentía preparado para estar en una relación”. Quiero imaginar los ojos de mis queridas lectoras como platos, además de identificación porque a todas, casi sin excepción, nos ha tocado un imbécil de éstos que tras hacernos lo bueno, lo malo, lo feo y lo patético, deciden volteártela y hacerte sentir como si tú, con tus loqueras, tuvieras la culpa de su desamor, ¡por favor! Hombres: no sean descarados que gracias a eso es que salen libros como ¿Por qué los hombres aman a las cabronas?

La mula no nace arisca... la hacen patear de lado, yo digo que deberíamos hacer un #hashtag en Twitter y acusar a todos los C@8®0Ne$ con nombre, apellido y número de pasaporte (ja). Avisarle a otras mujeres cuáles son los hombrecillos que aún siguen instalados en el ideal del macho romántico, para así mejor ni perder el tiempo, así como el alcoholímetro, mejor pasar por otro lado para que no te agarren.

Hace días le pregunté a Cirila en cuál etapa estaba, si en la de odiar a los hombres o en la de quererlos besar a todos y me dijo que el culpable no eran todos, nada más ese jijo de la gran... que se la había hecho, para entonces prefería enamorarse de un buen chico y dejar al Sico-cirilo en el pasado, sin embargo, las etapas del desamor son variables y hace tres o cuatro días quería vengarse de todos los hombres, no volver a creerles, dedicarse a trabajar y hacer dinero para viajar con sus amigas. Ésas son las cosas que se nos pasa por la cabeza una vez que nos empachamos con el amor, cuando te cae pesado y te da la pálida con ganas de vomitar, intentas recordar qué exactamente fue lo que te hizo daño, tomas pastillitas para el mareo y deseas no volver a probar nunca más eso. ¡Nunca más comeré palomitas de caramelo!, dije después de un empache singular, pasaron varios años antes de que considerara meterme una palomita con caramelo a la boca. También pasaron muchos meses antes de que yo volviera a entregar mi corazón después de mi anterior empache sentimental, ahora mi querida Cirila está empachada y lo menos que desea es comerse eso que le hizo taaaanto daño. Lo bueno es que todas esas fechorías que se nos ocurren hacerle al género masculino (que incluye cera caliente, cortaúñas, pinzas para depilar, cuchilla para rasurar, limón, alcohol, cerillos...) se desvanecen cuando el empache pasa y hemos vomitado, entonces pasamos unos días tomando caldito de pollo y gelatina para después volver a los restaurantes con antojitos sabrosos.

Lo bueno, y lo digo como amiga, es cuando por fin ves que tu querida Cirila se salió de algo en donde, recurriendo a frases clichés, mucha yegua para tranca tan endeble, cuando por fin logras decirle mentalmente al patanzuelo: “¡ja ja!” y retirarte con tu chica a algún lugar en donde no hayan hombres a tres kilómetros a la redonda ni peligro de perder sus genitales.

¡Ya viene el Año Nuevo!

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