Águila real
Lo dice su nombre: emperatriz de todas las cañadas y peñascos, cumbres y olas convertidas en piedras.
Quédense cantando sus loas a sí mismos, sus satisfacciones, sus dichas de vivir. Yo voy al águila real de mi presente. A veces todos hemos tenido esas alucinaciones, amaneceres color de rosa como la aurora iluminando la bajada del cielo del águila real para fundar nuestra patria… desciende con los volcanes detrás, el lago iluminado por el nacimiento del sol rumbo al bautizo, epifanía… los oros se acumulan en las esquinas, y las garras pálidas de la gran ave imperial, la emperatriz, se abren magníficas para agarrarse al nopal de muchas espinas, flores, tunas maduras, y la solemnidad que sólo un nopal con nacionalidad posee a fuer de enraizarse en la isla sagrada, dar de comer a las aves hambrientas, a los hombres perdidos: pintura de Carmen Parra en el castillo de Chapultepec. El águila real, quien la conoce la sopesa en el brazo, la atisba de lado en su ojo de ave poderosa, lo dice su nombre: emperatriz de todas las cañadas y peñascos, cumbres y olas convertidas en piedras; nos ve traspasando nuestra pobre alma de ser humano, tan desgarrada, desposeída, sola de soledad, sin perro que nos ladre, y vuelve la regia cabeza de bronce, de piedra, a otra parte en donde ha de estar el águila macho, menos aparatosa que ella, y el cual la alimentará ¡hombre! cuando la preñe, y a los hijos de ambos, a los que protegerá como lo hacen los hombres de la historia…
Estoy hablando de las águilas de la patria, reales emperatrices, pintadas por Carmen Parra con esa amorosidad suya tan honrada, águila de nuestras montañas y de la bandera. Aguila come-víboras, ¡ya quisiera yo devorarme a las lombrices que tantas veces me han herido! La habitante del continente americano desde hace diez millones de años, hoy expuesta en una magna exposición llamada “Aguila Real, Símbolo Vivo de México”, por cuya supervivencia luchan mexicanos de bien. ¡Que no se mueran el lobo mexicano, los patos, el jaguar, el venado cola blanca, los berrendos y las gucamayas, los pericos hablantines, los manatíes y las ballenas como catedrales! Por todos ellos damos la vida, mas ahora la lucha es doña águila. Me la presentó su como quien dice padre, Diego Rodríguez. Es alta, rumbosa, coqueta, caprichosa, su cuidador paterno, el cetrero Diego, un hermoso joven inteligente, la cuida y educa, me dice que a veces, cuando le da de comer en el pico, Inka (nuestra emperatriz, digna del último emperador azteca Moctezuma II) de pronto, baja la frente hasta la palma de la mano de Diego…Lloro…
El cetrero y ella forman una pareja de profesionales históricos.Hay que ver a la emperatriz posando en su percha para Riqui. Deberemos verla siempre. Para que yo recuerde el águila presa, amarrada de la pata a un árbol, en el jardín de una casa enfrente de la mía en San Miguel de Allende…fueron muchos días de su lucha y de mi dolor. Muestra de la crueldad y estupidez. Yo le pedí perdón desde la barda, ella me vio soberbia, impresionante, herida. Nadie la salvó. Nosotros sí aquí en Chapultepec.
*Periodista y escritora
