Los muy ricos dejan menos herencia
- Son los juniors quienes se creen con el derecho a heredar sin mayor esfuerzo.
En un artículo del diario El País la periodista Carolina García, habla de la legislación sobre testamentos en España y ciertas actitudes que comparto con respecto a las herencias.
En países como Colombia y Ecuador, los testamentos se dividen en cuatro partes iguales, de las que 75% son de carácter obligatorio para repartir a hijos, padres y cónyuges según el caso y solamente la cuarta parte es libre para ser legada a quien el testador desee. En España la legislación indica tres partes , donde la primera es para los vástagos y parientes de primer grado, en caso de no haber hijos, a ser dividida toda en la misma proporción, la segunda llamada “de mejora” también es para los familiares descendientes directos, pero el testador puede repartirlas como lo desee, pudiendo dejarle a un hijo casi todo y a los otros un porcentaje ínfimo. La tercera parte es de libre distribución. En los países anglosajones y en México uno puede heredar, legar o donar en vida casi toda su fortuna sin trabas, siempre y cuando no se condicione en el testamento o, según tengo entendido sea una persona o institución y no, por ejemplo , al perro, perico o gato del testador ya que en México, esto lo nulifica.
Del artículo se desprende que los españoles de dinero tienen poca libertad para influir en sus hijos y tampoco en realizar labores de filantropía, excepto en la tercera parte de su patrimonio. En ambos casos hay un serio inconveniente ya que con la enorme riqueza creada desde mediados del siglo XX, el repartirla toda a los hijos sólo por el hecho del amor filial es un arma muy peligrosa. En primer lugar los hacemos dependientes del patrimonio que ellos NO CREARON y esto provoca en muchos casos la apatía, el atrofiamiento de su creatividad natural, la ostentación y arrogancia extremas. Son los “juniors” que se creen con el derecho divino a heredar de sus padres y abuelos sin mayor esfuerzo de su parte. La historia nos dice que muchos de ellos van a resultar hijos o nietos pordioseros, porque no valoran ni preservan el patrimonio familiar ya que no se lo han ganado.
Por otra parte, aunque se puede hablar de razones fiscales para deducir impuestos y el uso de fundaciones para propósitos no muy claros, la verdad que una actitud de apoyo a causas importantes que aquejan a la comunidad como las enfermedades, falta de educación, vivienda digna, alimentos, salud y bienestar mínimos hacen indispensable que se destinen entre las familias con recursos y también entre las clases medias los recursos por medio de filantropía bien planeada y enfocada.
En los grupos familiares que asesoro he visto con gusto que están cambiando actitudes y empieza a haber un plan definido para influir en las siguientes generaciones en tres facetas importantes:
a.- Hacerlos partícipes en labores comunitarias, no sólo donando dinero, sino con su esfuerzo. Familias enteras participan en ayuda a niños enfermos o desamparados, construcción de viviendas dignas y alfabetización. Tienen recursos pero también quieren ver el resultado de su donación.
b.- Provocan un nuevo proyecto en el que los hijos “se ganen la autosuficiencia económica” por su esfuerzo trabajando en lo que más les guste y afirmen su valor como seres productivos y, en ciertos casos, como emprendedores si así lo desean.
c.- Se dan cursos y pláticas a jóvenes sobre la administración correcta del patrimonio con el objeto de preservarlo, evitar errores y su mal uso por parte de personas poco éticas.
Hay cambios importantes en los patrimonios y éstos son bienvenidos.
