Verde complicación

Debemos reconocer el esfuerzo del gobierno federal para contagiar a los mexicanos de la fiebre por reducir los gases de efecto invernadero. Pero realmente pocos saben con qué se comen. La nomenclatura de la cumbre y la terminología compleja utilizada para explicar ...

Francisco Zea

Francisco Zea

Línea estratégica

Debemos reconocer el esfuerzo del gobierno federal para contagiar a los mexicanos de la fiebre por reducir los gases de efecto invernadero. Pero realmente pocos saben con qué se comen. La nomenclatura de la cumbre y la terminología compleja utilizada para explicar conceptos tales como los bonos de carbono, los alcances del protocolo de Kyoto, entre otras cosas, dejan fuera de la jugada al ciudadano de a pie. Que finalmente es sobre quien recae la mayor responsabilidad de generar acciones que reduzcan eficazmente la emisión de esos gases.

Hasta el cansancio le repetimos a los ciudadanos que apaguen las luces, no utilicen el escusado como bote de basura, cambien los focos por otros más amigables con el medio ambiente. Acciones todas que tienen una lógica implícita pero que la gente no alcanza a comprender por qué son necesarias para salvar al planeta.

El terminajo de COP 16, que significa poco más o menos Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, tiene un origen incierto y difícil de explicar, pues se toma de los términos mencionados pero también del nombre en inglés de la Conferencia de las Partes (Conference of the Parties). Así que estas complicaciones y este alejamiento del entendimiento del tema hace que la población en general no se comprometa con las acciones, le aburran las noticias al respecto y se sienta completamente alejada de lo que sucedió en Cancún.

Voy a tratar de explicar algunos conceptos fundamentales del asunto, no con ánimo catequizador, sino como un convencido de que es vital para la preservación de la vida en este planeta.

El calentamiento global es causado por el llamado efecto invernadero. Que no es sino la presencia de gases que retienen parte de la energía (calor), que emite la superficie por haber recibido la luz solar. A este fenómeno contribuyen el vapor de agua, como el más importante, el dióxido de carbono, el metano y el ozono entre otros. Todos son generados por la actividad del hombre en la Tierra. Por ejemplo, el vapor de agua se emite por el  enfriamiento necesario a algunos procesos industriales; el dióxido de carbono por la combustión de motores a gasolina; el metano, por procesos de putrefacción natural de las plantas  e incluso generados por la digestión de rumiantes que, aunque no se crea, incide de manera muy importante en la contaminación y, por ende, en el calentamiento.

En cuanto al llevado y traído Protocolo de Kyoto, en términos generales es el único instrumento real signado por países miembros de la ONU, para combatir el cambio climático. El objetivo es reducir seis gases de efecto invernadero, entre ellos los más importantes el dióxido de carbono, el metano y  los hidrofluorocarbonos. Este pacto fue firmado y ratificado casi por todos los países, salvo Estados Unidos, el principal emisor de contaminantes por procesos industriales. Por el otro lado, de conformidad con las reglas establecidas en el mismo, China, el segundo país más contaminante, que dicho sea de paso genera todavía, en 2010, 80% de su energía mediante el carbón, ha reducido de forma mínima sus emisiones, pues el pacto utiliza la variable del número de habitantes del país, y los más de mil millones de chinos le hacen un flaco favor a la atmósfera.

Lo que se busca en todas estas reuniones auspiciadas por la ONU y en esta ocasión impulsada por México, es alcanzar otro acuerdo mundial, como el de Kyoto, que comprometa a China, EU y la India, sobre todo, a tener procesos industriales más limpios. Objetivo que por los intereses en juego, se ve cada vez más lejano.

Se nos dijo hasta el cansancio que esta cumbre COP 16 de Cancún no iba a contribuir al calentamiento global. Que la energía eléctrica usada, el transporte de los participantes en vehículos de combustión de gasolina, el papel, entre otras cosas que se usarían,  no generaron ningún impacto al medio ambiente. Lo anterior fue mediante una especie de “ficción ambiental”: la compra de bonos de carbono. De forma sencilla, la compra de estos instrumentos, por cierto también conceptualizados en el Protocolo de Kyoto, es el entregar, a comunidades rurales de Oaxaca, 10 dólares por tonelada de dióxido de carbono emitida, que serán utilizados para preservar bosques que capturarán en sus procesos de fotosíntesis esos gases generados. El cálculo según los organizadores es de unas 20 mil toneladas del gas generadas por los trabajos de la Cumbre.

Como se desprende de lo aquí escrito, el tema es todavía alejado del entendimiento fácil y natural del grueso de los ciudadanos, quienes, lejos de tener una conciencia al respecto, solamente son bombardeados por una serie de acciones que les suenan lógicas, pero que, aisladas, sin una liga al calentamiento global y a su potencial destructor de la vida, significan poco y se olvidan fácilmente.

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