Estadistas y ciudadanos

Durante los últimos 40 años se establecieron una serie de nuevas reglas e instituciones enaras de arribar a un Estado democrático y eso, precisamente, permitió la alternancia en el año 2000, en donde, paradójicamente, el principal beneficiado fue el PAN.

        A mi padre, que siempre estará presente.

 No tienen que sorprender a nadie los resultados obtenidos por la encuesta BGC-Excélsior y publicados este lunes. En ella, 45% de la gente entrevistada no ve un retroceso si vuelve el PRI como opción de alternancia en 2012.

Durante los últimos 40 años se establecieron una serie de nuevas reglas e instituciones en aras de arribar a un Estado democrático y eso,  precisamente, permitió la alternancia en el año 2000, en donde, paradójicamente, el principal beneficiado fue el PAN.

Digo paradójicamente porque en elecciones anteriores fue la izquierda y principalmente el PRD, el que mantuvo la expectativa de encabezar esa posibilidad (recordemos la alta competencia electoral de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988). Pero la reforma política de los 90, al originar reglas nuevas del juego electoral, le permitió al PRD competir y ganar la elección de 1997 en el Distrito Federal y mantener la mayoría de las delegaciones políticas desde el año 2000.

En la última década, además, logró gobernar otros estados de la República, principalmente del sur, como Guerrero y Chiapas, mas también Michoacán, Zacatecas y Baja California y, aun cuando el panorama se complicó para mantenerse ahí, incluso algunas se perdieron frente al PRI (Zacatecas), lo cierto es que la alianza coyuntural entre el PAN y el PRD les permitió: al primero, disminuir el impacto natural del desgaste que significa ejercer la Presidencia y también la evaluación negativa de algunos rubros de la política pública (aunque en ello influyan factores externos, como la crisis económica); al segundo, le sirvió para esconder el fracaso de su estrategia de posicionamiento de izquierda ante la sociedad en general, más desdibujada por la confusión que genera la cotidiana confrontación de sus militantes más distinguidos, como AMLO contra Jesús Ortega, presidente del partido, y la falta de una explicación convincente hacia los sectores más radicales de la militancia, de la alianza con el PAN en julio pasado.

Pero el problema de la consolidación democrática y la generación de un sistema eficiente y eficaz de gobierno no deviene tan sólo de la alternancia en el poder (aunque está demostrado que en sistemas consolidados, como el de Estados Unidos, resulta fundamental).

Esa alternancia debería traer como consecuencia cambios sustanciales para alcanzar la eficiencia del Estado y  generar mejores condiciones de desarrollo sustentable para el país, porque la alternancia genera competencia electoral, integra pluralmente al Congreso de la Unión, se traduce en  movilidad de la clase gobernante y exige la consolidación de un verdadero sistema de partidos y mayor equilibrio del ejercicio de poder, es decir, una sólida división de poderes que resulte generosa para los objetivos de un sistema democrático.

Sin embargo, en México esto todavía no se alcanza. Hoy tenemos deficiencias que solventar, necesitamos una élite legislativa que se prepare y capacite con el objetivo de producir y perfeccionar las normas que requiere el nuevo pacto social, un Ejecutivo federal más ocupado en los asuntos de políticas de Estado que en las coyunturas electorales y requerimos un sistema judicial con mayores posibilidades y herramientas de impartir justicia. Para lograr todo esto necesitamos un estadista como lo planteó Francisco Zea en su columna del lunes y la posibilidad de la alternancia del poder como lo desean los ciudadanos encuestados por la vía telefónica. Pero, además, requerimos planes de Estado a largo y mediano plazos que no estén sujetos a los vaivenes coyunturales de la alternancia, planes micro y macrorregionales de desarrollo para el norte, el centro y el sur del país y necesitamos que la transformación y la transición que hemos generado a nivel nacional sean retomadas a nivel de cada una de las entidades federativas en los tres ámbitos del poder.

El papel de los ciudadanos es fundamental para alcanzar todos esos objetivos y metas, pero sobre todo, resulta fundamental para motivar nuevos paradigmas de heroísmo como ejemplo a seguir por las generaciones de jóvenes. A 200 años de la Independencia y 100 de la Revolución Mexicana necesitamos generar nuevos héroes y heroínas que, como Isabel Miranda de Wallace, no nos demos por vencidos y luchemos por un sistema justo y democrático.

        *Maestra en derecho constitucional por la UNAM

            ruthzavaletas@yahoo.com.mx

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