La cara del Presidente
A Felipe Calderón le ha sucedido lo que a todos los jefes de Estado: el agotamiento se ha manifestado en toda su expresión facial.

Vianey Esquinca
La inmaculada percepción
En México se ha popularizado la serie estadunidense Lie to me (Miénteme) que trata de cómo un grupo de expertos detectan mentiras y descubren la verdad, gracias a la interpretación del rostro, el cuerpo y la voz de los involucrados. ¿Qué dice la cara del Presidente Felipe Calderón que el pasado 1° de diciembre cumplió sus primeros cuatro años al frente del Ejecutivo?
Comparando las fotos de cuando era candidato y de sus últimas apariciones públicas se observa que estos años no han pasado por él, se le han quedado y multiplicado. Le ha sucedido lo que a todos los Presidentes, el agotamiento se ha manifestado en toda su expresión facial. Las arrugas se presentan en las personas de edad avanzada, aquéllas que ríen constantemente o las que tienen muchas preocupaciones. En el caso del Presidente, se pueden descartar las dos primeras.
Seguramente el Presidente se levanta en las mañanas, ve la guía telefónica de su gabinete y se quiere volver a dormir. Luego, hojea el directorio de su partido y entonces se da cuenta que las penas con PAN no son buenas. El estrés y su estrategia de mantenerse como figura central y única de su gobierno, lo han convertido en el punching bag de todo lo que sucede, bueno o malo, él asume las glorias pero también los golpes.
El Ejecutivo también tiene cara de ¿falta mucho papá Pitufo? ¿ya mero acaba? ¿ya mero llegamos? y ¿cómo no va a tener esa cara si en su administración ha pasado de todo? En estos cuatro años cualquiera diría que lo único que le falta es que lo orine un perro públicamente (porque seguramente el Estado Mayor Presidencial no lo ha permitido). En medio de un zafarrancho rindió protesta como Presidente y tuvo que soportar las manifestaciones públicas de Andrés Manuel López Obrador.
Luego se estrelló el avión donde venían varios funcionarios, incluyendo a su amigo personal y más cercano colaborador, Juan Camilo Mouriño. Le tocó la peor crisis económica mundial de los últimos 50 años y la tragedia de la guardería ABC en Hermosillo. Pudiendo haber escogido cualquier otro país para desarrollarse, la influenza A H1N1 seleccionó a México y causó los estragos conocidos.
Le ha tocado vivir lo que a ningún otro ejecutivo: que a todos los ex presidentes les haya dado por decir su veldá. Lo de calladitos se ven más bonitos, pasó a la historia en este sexenio. Además, la consabida y discutida guerra contra el narcotráfico que en su momento le dio respeto y popularidad, ha pasado a ser tema de debate y críticas. Para rematar, resulta que de acuerdo a las filtraciones de WikiLeaks, México no es prioritario para la política exterior de Estados Unidos, y algunas de las capturas de poderosos narcotraficantes han sido con ayuda del país vecino, porque dudan de la capacidad del Ejército mexicano.
El sexenio de Felipe Calderón ha sido como de película gringa de terror de bajo presupuesto, donde los espíritus malignos no les dan tregua a los protagonistas y en cuanto éstos resuelven un contratiempo, les ponen otra prueba horrible y aún más peligrosa. Pero si todo lo que ha pasado en el país, no era suficientemente terrorífico, el Presidente dijo en entrevista con el director de este periódico, Pascal Beltrán del Río, que él no iba a mantener la política del Chapulín Colorado, de síganme los buenos.
El Presidente también se escucha enojado. Nunca se ha caracterizado por tener una voz seductora, pero en muchas entrevistas o mensajes la molestia lo supera. Transmite impaciencia y una constante búsqueda de justificación provocando respuestas interminables a preguntas sencillas.
No hay que ser un experto en lenguaje corporal para darse cuenta que la administración de Felipe Calderón es de pronóstico reservado. Faltan dos años y la gente sigue sin creer que la economía está creciendo y que se le va ganando la guerra al narcotráfico. El PRI se está frotando las manos y el PAN sigue tratando de descubrir el hilo negro de la política