Yo shingo, tú shingas, él shinga...
Como sociedad, somos los que tenemos que dejar de quejarnos tanto y comenzar a actuar
El martes me pasó algo que me hace pensar que nuestro México está en manos de mucha banda de la sh1ng@d@. Estábamos llegando a un restaurante de Polanco, cuando mi mamá sacó su celular para llamar a la persona que estábamos esperando, entregamos la camioneta, nos bajamos y tres minutos después mi madre quiso sacar nuevamente su celular y se dio cuenta de que lo había olvidado en el coche. Al regresar, el celular no estaba.
En los pocos minutos que nos descuidamos, el chico que recibió el auto lo agarró y se lo llevó seguramente a dejarlo en algún lugar lejos, pues cuando mi madre preguntó por ese chico le dijeron que se había ido a dejar un coche "muy lejos", desde ahí uno ya sospecha que el celular es historia patria.
Decidimos actuar como buenas ciudadanas, llamamos la patrulla, mi mamá le contó a los policías el problema y subieron al chico para llevarlo a la delegación, le dijeron a mi madre que tendría que ir a levantar la denuncia o si no dejarían libre al chavo por falta de acusación.
Estábamos en medio de una comida, con toda la flojera de ir a la delegación, por un momento se nos cruzó por la cabeza el chilango pensamiento de: pues igual no va a aparecer mi teléfono, tengo que ir a estar una hora rindiendo una declaración para que de igual forma lo dejen salir en dos días o, si bien le va, detrás de mí. Pero el policía le dijo algo muy cierto a mi madre y es que por eso estamos como estamos, que a la gente le da flojera ejercer su obligación ciudadana de reportar a los maleantes, y sin esa denuncia ellos no pueden actuar de ninguna manera.
Mi mamá se fue a la delegación, demoró como una hora solamente y el chico se quedó allá encerrado, sabrá Dios qué irán a hacer con él, si lo dejarán libre, cuándo, cómo y si aprenderá que andar de raterillo vivales no es la onda.
Esto me puso a pensar que en serio nosotros como sociedad somos los que tenemos que dejar de quejarnos tanto y comenzar a actuar, a hacer valer nuestro derecho de caminar tranquilos por las calles, de no estar pendientes de que si por casualidad se te olvida mencionar un "artículo de valor" que dejas en tu coche, lo encuentres de igual forma y no sea una excusa para que te quiten tus cosas.
En México siempre nos tenemos que estar cuidando de que no nos chinguen, de que no nos roben monedas del coche o discos o lentes o chamarras, de que en la cuenta en los restaurantes no se pasen de lanza y cobren de más, de que si te equivocas y das un billete de mayor denominación, el otro se va a quedar callado... El básico "te chingué" que es el lema y la principal vertiente de comportamiento mexicano.
Nos acostumbraron a que para ver la luz, hay que aplastar al de abajo, si de chiquito te quitaban tu lunch y no te defendías era como pagar para que te chingara el resto del colegio, si hoy en día te dejas chingar pues ya valió madres, porque además la gente va por la vida muy orgullosa pensando en "me lo chingué... soy un chingón", tenemos como palabra favorita en nuestro chilangoslang una que lo único que denota es joder al prójimo para entonces nosotros poder salir. Nos encanta robar la luz ajena para que dé charolazo en nuestra blancura y así pareciera que proyectamos luz, es una verdadera lástima ver que muchos mexicanos se mueven con la teoría del "vivo vive del bobo y el bobo de papi y mami", preferimos, ante todas las cosas, dejar claro que el chingón es uno porque se ha chingado a media población.
Pero a la hora de la hora no decimos nada, solamente nos quejamos entre dientes y pretendemos que por obra y gracia del espíritu santo todo cambie, porque los gobernantes son unos @#$%^&, porque menganito no sé qué, porque fulanita no sé cuánto... Tenemos pereza mental y física y es por eso que echarle la culpa al de al lado es más sencillo que tomar la responsabilidad y al toro por los cuernos para comenzar desde uno mismo a cambiar este México que se hunde gracias a los mexicanos.
