Vida

Todos los alcaldes que se reunieron con Marcelo Ebrard firmaron el Pacto de la Ciudad de México, resumido en diez puntos.

Al Gore, derrotado en las urnas por George Bush, para presidir el país vecino del norte, dedicó tiempo con el fin de alertar al mundo sobre el cambio climático y realizó el documental Una verdad incómoda, que describe una visión apocalíptica del globo terráqueo si sus habitantes no emprendemos esfuerzos y sumamos voluntades.

Llamó la atención que no lo hizo como vicepresidente de la nación más poderosa.

Marcelo Ebrard fue anfitrión de alcaldes y representantes de aproximadamente 800 ciudades del mundo; el tema principal, evitar el cambio climático, impulsando acuerdos (medibles y verificables) que obliguen al cambio de políticas de Estados-nación y de organismos financieros internacionales.

Los concurrentes representaban ciudades de Canadá, Estados Unidos, de América toda, de Europa, Asia, Medio Oriente, Oceanía y África.

Ciento treinta y siete llegaron a una conclusión útil y fuera de lo común: en forma programática luchar por detener el cambio climático y reconocer que es en las grandes ciudades donde vive 50% de la población del planeta y donde residen las mayores emisiones contaminantes.

Todos los alcaldes firmaron el Pacto de la Ciudad de México, resumido en d10 puntos, cuyo objetivo principal descansa en el primer propósito: "Reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero" y, en los nueve propósitos siguientes, enuncian una estrategia posible de llevar a efecto, con o sin recursos económicos, a base de políticas públicas adecuadas.

El Pacto de la Ciudad de México fue entregado por Marcelo Ebrard ante los 192 países conformantes de la conferencia de las partes de la Convención Marco de Naciones sobre Cambio Climático (COP16), en Cancún, inaugurada por el presidente Felipe Calderón, quien declaró: "Sería una tragedia, si intereses frenan la firma del cambio climático..." ¿El de Cancún o el de la Ciudad de México?

Recordemos que Estados Unidos y China se negaron a incorporarse a los tratados previos de Tokio y Copenhague.

Sólo estos dos países contribuyen a la producción de 50% de los contaminantes del mundo. Ahora, ¿habrán de sumarse?

¿Los Estados–nación y los organismos financieros internacionales otorgarán líneas de crédito a todas las ciudades que tienen voluntad de hacer bien las cosas?

¿Existirá, ¡ahora sí!, en la práctica, voluntad política en los hechos y no en la retórica con el fin de impulsar políticas de desarrollo sustentable, con crecimiento económico, y abatir la pobreza en todas sus expresiones?

El tiempo juega en nuestra contra... El asunto es de vida.

*Abogado y político

jcsanchezmagallan@hotmail.com

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