¿Sabías que el sargazo en descomposición es un riesgo crónico para la salud?
Un estudio de la UNAM reveló que los trabajadores costeros dedicados durante jornadas completas a retirar sargazo absorben picos de ácido sulfhídrico que superan hasta 50 veces los límites de la norma oficial

El arribo masivo de sargazo a las playas del Caribe Mexicano ha trascendido el impacto económico y las afectaciones al turismo para convertirse en una amenaza de salud pública.
Cuando la macroalga marrón se acumula sobre la arena y comienza su proceso de descomposición, libera sulfuro de hidrógeno, un gas altamente tóxico que se percibe por su olor a huevo podrido y que pone en riesgo constante a la población local.
El sector con mayor vulnerabilidad ante el también denominado ácido sulfhídrico es el de los sargaceros, trabajadores dedicados durante jornadas completas a retirar la materia orgánica podrida de la orilla.

Durante este año, las costas de Quintana Roo registraron récords históricos de recalazón en el corredor costero que abarca desde Xcalak y Mahahual hasta Isla Mujeres, multiplicando la carga de trabajo y el nivel de exposición ambiental.
Víctor, un trabajador temporal que percibe un salario de 600 pesos por jornada laboral, compartió a Excélsior los estragos que causa en su organismo el contacto prolongado con la macroalga descompuesta.
“En la piel te comienzan a salir manchas rojas, que después se vuelven negras y supuran agua, como si fueran quemaduras, además el sargazo echado a perder provoca náuseas, vómito y mareos; en ocasiones me llega a dar temperatura, se me van las ganas de comer y sufro de problemas para respirar”, comentó.

AFECTACIONES
- Comezón y ardor en la piel, dermatitis y urticaria.
- Dolores de cabeza, fatiga y mareos.
- Irritación ocular, náuseas y vómito.
- Congestión nasal, irritación de garganta y dificultad para respirar.
- Aparición de manchas rojas que se tornan negras y supuran líquido.
- Episodios de fiebre, pérdida del apetito e intoxicación.
EVIDENCIA CIENTÍFICA
La magnitud del riesgo para la salud fue documentada por una investigación de la UNAM, la cual demostró que los recolectores de sargazo están expuestos a concentraciones de gas que superan drásticamente los parámetros establecidos en la Norma Oficial Mexicana NOM-010-STPS-2014.
La maestra Rosa Rodríguez Martínez, adscrita a la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, detalló que la norma laboral fija una concentración máxima de una parte por millón para jornadas laborales de ocho horas.

La especialista explicó que durante el estudio en campo encontraron una concentración promedio de 1.8 partes por millón, pero se registraron picos máximos de exposición de hasta 50 partes por millón.
“En promedio encontramos 1.8 partes por millón, pero había exposiciones máximas, o sea picos de hasta 50. A más de cinco partes por millón, la norma dice que la exposición no puede pasar de 15 minutos. Entonces, sí es preocupante, porque estas personas trabajan meses, ocho horas diarias y vuelven año con año, lo que puede tener impactos graves en su salud”, advirtió.
Al igual que cientos de sus compañeros, Víctor ha desempeñado esta labor por casi una década sin disponer del equipo de protección obligatorio, como respiradores con filtro especial, lentes sellados, guantes y vestimenta impermeable.
La norma oficial advierte que la inhalación de elevadas concentraciones de este ácido causa irritación en el tracto respiratorio superior y afectaciones al sistema nervioso central.
Sin embargo, los trabajadores carecen de un diagnóstico médico certero; según relató Víctor, cuando acuden a consulta los doctores suelen atribuir los malestares a una simple insolación, omitiendo la intoxicación provocada por el sulfuro de hidrógeno.

EL MONITOREO
Para medir el impacto real de las emisiones, el equipo del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM instaló sensores portátiles a la altura del pecho en 35 sargaceros distribuidos en los municipios de Puerto Morelos, Playa del Carmen y Mahahual.
Los equipos registraron las variaciones mientras los recolectores se agachaban a excavar y manipular la alga, momento exacto en el que se liberan las burbujas con la mayor densidad de gas atrapado.
“Se instalaba el equipo a la altura del pecho para que se moviera junto con el trabajador, porque una de las preocupaciones es que a la hora que se agachan a excavar el sargazo es cuando sale la burbuja con las concentraciones más altas de gas”, detalló Rodríguez.
Los resultados, revisada por pares científicos y publicada en la revista especializada Harmful Algae, revelaron afectaciones en los trabajadores evaluados: 46.9% presentó comezón y ardor en la piel; 43.8% sufrió dolores de cabeza; 37.5% registró dermatitis y fatiga crónica; 28.1% tuvo irritación ocular y náuseas; 25% presentó mareos; 21.9% padeció urticaria y congestión nasal, mientras que 18.8% reportó irritación de garganta y dificultad respiratoria.
Ante estos hallazgos, la investigadora adelantó que iniciaron una nueva fase del proyecto mediante la instalación de sensores en la línea de playa para implementar un programa de monitoreo permanente.
El objetivo es determinar el grado de afectación del gas en residentes y turistas que frecuentan la zona costera, advirtiendo que a mayor volumen de sargazo acumulado se incrementa la descomposición y el riesgo de una exposición crónica para la población.
“Al rato no sólo van a ser los sargaceros con problemas de salud, sino también los turistas o los residentes, sobre todo los que viven en primera línea de costa, porque se trata de una exposición crónica”, apuntó.