‘La UNAM es un ente abierto’: Francisco Barnés de Castro
El exrector no ve a la institución vulnerable ante las críticas oficialistas, pues —afirma— en ella se promueve el respeto a la libertad de expresión y la participación

Es mentira que la UNAM sea un modelo cerrado, pues es una institución abierta a todas las ideas y es mentira que sea neoliberal, afirmó Francisco Barnés de Castro, exrector de la Universidad Nacional.
En enero de 1997, Barnés asumió la Rectoría y renunció en noviembre de 1999, tras una parálisis de 207 días a causa de la propuesta de la modificación del Reglamento General Pagos, que establecía el pago de cuotas.
En su carta de renuncia, Barnés argumentó que, junto con la intransigencia de grupos radicales, grupos políticos se habían entrometido en la vida universitaria.
Esos riesgos siempre existen, siempre (hay) grupos internos y externos que quisieran influir de alguna manera en el proceso de sucesión, afortunadamente la UNAM tiene un sistema muy robusto, con muchos años de demostrar que es un sistema que ha dado muy buenos resultados”, reconoció al ser cuestionado por Excélsior sobre si existen riesgos de intromisión en el proceso de sucesión en la UNAM.
Me da mucho gusto que en este proceso la Junta de Gobierno haya decidido alargar el periodo de consulta para hacerlo más transparente, permitir mayor participación, fomentar que se inscriban los candidatos y que presenten con tiempo sus planes de trabajo y que se ventile más activamente en toda la comunidad”, agregó.
Para Barnés de Castro, no hay duda de que la Junta de Gobierno es la mejor forma que se ha encontrado, hasta ahora, para designar al jefe nato de la institución.
No es un sistema perfecto ni mucho menos, pero es, con mucho, el mejor que hemos tenido, el que hemos encontrado que le ha dado una enorme estabilidad a la Universidad, que le ha garantizado una continuidad sin problemas. En los momentos más difíciles que ha vivido la Universidad, le ha permitido continuar y salir adelante sin ningún tropiezo; me parece que ha demostrado ser extraordinariamente eficaz para garantizar una continuidad y un sistema de sucesión que pondera la selección de autoridades, escuchando a la comunidad, valorando las características de los candidatos y seleccionando a los más adecuados”, dijo.
En su libro El Médico, Guillermo Soberón Acevedo, rector de la UNAM entre 1973 y 1971, relata cómo la indiferencia y, tal vez, hasta la complicidad del gobierno de Ernesto Zedillo fue factor clave en la renuncia de Francisco Barnés de Castro, en medio de la peor crisis que ha vivido la Universidad Nacional, que derivó en una huelga de diez meses.
Sí, las críticas que hemos recibido hay que tomárselas con una de cal y una de arena; a toda institución que defiende su autonomía, el Presidente ha optado por cuestionarla y atribuirle desde querer defender los modelos neoliberales hasta los privilegios de los grupos.
Y no hay nada más lejano que ello en la Universidad, la Universidad sigue siendo una institución abierta a todas las ideas, a la discusión de todos los temas, a la participación abierta de todo el mundo, al respeto a la libertad de expresión, la participación y la organización como muy pocas instituciones en el país”, destacó cuando se le preguntó si ve una Universidad más vulnerable ante las críticas oficialistas.
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Barnés de Castro fue secretario general de la UNAM durante la mitad del segundo periodo de la rectoría de José Sarukhán y antes, director de la Facultad de Química.
Es el tercer ingeniero en llegar al máximo puesto administrativo de la UNAM. Antes de él lo hizo Nabor Carrillo, el primero que logró completar un rectorado de ocho años, y después Javier Barros Sierra, el jefe nato más reconocido por la comunidad por la defensa de la autonomía contra el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, en 1968.
Me tocó presidir una de las mejores universidades de América Latina, pero ya está ubicada entre las 100 mejores del mundo.
Y como en cualquier institución de este tamaño, pues la labor del rector es coordinar la labor de todos, inducir un proceso de cambio continuo y permanente de superación, de mejora de sistemas, de adecuarse a los tiempos, a las nuevas tecnologías, al avance de conocimiento, al cambio de metodologías educativas que implican el avance tecnológico y de los sistemas de información y de acceso a la información”, explicó.
—¿Qué tipo de rector se requiere en estos momentos, uno académico o un político?
Pues la combinación de los dos sería lo más adecuado; para poder mantener un liderazgo al interior de la Universidad y al exterior conviene que sea un académico con experiencia en su campo, en su disciplina, en la docencia y en la investigación, que se haya ganado un prestigio personal, pero que tenga una habilidad política, ciertamente, es indispensable. Que sea incluyente es fundamental.
Dirigir solamente a través de la imposición de la autoridad, no funciona.”
Antes de llegar a la Rectoría, Barnés de Castro fue subsecretario de Hidrocarburos y de Política Energética y Desarrollo Tecnológico de la Secretaría de Energía, durante el gobierno zedillista.
El diálogo con el exterior debe ser continuo y permanente, una buena parte del tiempo del rector es representar a la Universidad en diferentes foros, en diferentes medios, en asociaciones de universidades internacionales, en América Latina, con las autoridades federales, con las autoridades estatales en donde la Universidad está ubicada y, a la par, estar presente, abierto, hablando con las diferentes autoridades universitarias al interior para entender cuál es la problemática para apoyar en proyectos específicos, para impulsar temas de interés de la Universidad, y es un puesto muy, muy demandante”, contó cuando se le interroga sobre cómo debe ser el diálogo con los distintos niveles de gobierno.
Rector durante el último mandato de un presidente priista en el siglo pasado, Barnés piensa, como lo pensaba hace 26 años cuando fue nombrado por la Junta de Gobierno, que el principal reto que tiene la Universidad Nacional, es cómo mantenerse relevante para la sociedad mexicana en medio de las condiciones cambiantes del país.
No solamente el cambio de condiciones políticas en el país, en el cual evidentemente la Universidad es autónoma de las autoridades del gobierno federal, pero debe tener una buena relación con las autoridades del gobierno para poder funcionar adecuadamente. Pero más importante que eso es que las expectativas de la sociedad van cambiando, cómo anticipar esto, cómo inducir los procesos en la Universidad que permitan mantenernos siempre relevantes para la sociedad mexicana, ése es el primer reto o el reto más importante que tiene cualquier rector”, concluyó.
-Con información de Leticia Robles de la Rosa
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