Dos voluntarias retan al covid; Lula González fue la número 4,500 y recibió aplausos
La periodista argentina aceptó, con miedo, probar una vacuna; dice que ése es su granito de arena para ayudar

CIUDAD DE MÉXICO.
“Fue un día la verdad bastante movido y súper novedoso, fue el día en que fui a darme la primera dosis de la vacuna, yo soy voluntaria para recibir la vacuna de laboratorio Pfizer, no sé si me tocó placebo o dosis, pero fue súper interesante ver todo el proceso y encima fui la voluntaria cuatro mil 500, así que fue muy gracioso, porque todos me aplaudieron”.
Lula González es una periodista argentina de 36 años, radicada en la ciudad de Buenos Aires, ofreció su testimonio a Excélsior el 31 de agosto, una hora después de haberse puesto la primera de tres dosis de la prueba de la vacuna contra el covid-19 que los laboratorios Pfizer están trabajando.
“Cuatro mil 500 personas pasaron ya como voluntarios (en Argentina) y eso me parece un dato súper alentador de que haya muchas personas dispuestas a colaborar para que se encuentre una solución a la Covid.”
En julio pasado, el canciller Marcelo Ebrard dio a conocer que entre los protocolos de generación de vacunas a los que se integraría México estaba justamente el desarrollado por Pfizer y BioNTech. El pasado lunes Excélsior informó que la farmacéutica tiene lista una producción de 100 millones de vacunas en espera de autorización regulatoria para ser distribuidas a partir de noviembre.
Lula, en Argentina, dará seguimiento a su caso durante dos años, así fue paso a paso la aplicación de su primera dosis.
“Pasaron a buscarme en un Cabify, me llevaron al hospital Militar de Capital Federal, allí nos hicieron una toma de datos, luego te hacen firmar una serie de planillas donde vos acordás que estás trabajando esto de manera gratuita, si quieres continuar con los estudios o no, si queres abandonar te hacen saber todas las cuestiones legales que pueden darse en una situación así”.
“En el caso de las mujeres no tienes que estar embarazada, por lo tanto, se hace un test de embarazo en el momento, te sacan sangre para analizar y también un hisopado bastante particular, porque no es como el hisopado que te dan cuando te haces la detección de la Covid-19, sino sólo en uno de los orificios de la nariz”.
“Mientras esperas la aplicación de la dosis nos hacen conocer una aplicación en el celular donde vamos a llevar una suerte de cuaderno, de bitácora, una suerte de diario donde semanalmente vamos a ir informando si tenemos síntomas de coronavirus, si tenemos fiebre, si tenemos algún efecto adverso en nuestro cuerpo para de esta manera ir testimoniando todo lo que va pasando a los médicos durante los dos años que durará el proceso”.
“Te hacen saber que, obviamente, los síntomas más fuertes, como por ejemplo la vacuna antigripal (antiinfluenza) te puede dar en las 48 horas siguientes a que te diste la dosis. Si hay otro efecto, no sé, que tengas problemas en la piel, que se te hinche el brazo donde te dieron la vacuna, todo ese tipo de cosas también las tenés que ir registrando y en caso de que te sientas muy mal, avisar para llevar adelante de la correspondiente atención médica”.
“Ahora sí, después de eso llega el momento que te pongan la dosis, un piquetito en el brazo (izquierdo), en mi experiencia no me dolió nada, lo que más me impresionó fue cuando me sacaron sangre, eso siempre me impresiona mucho. Pero la verdad que está todo el personal súper organizado, te responde todo lo que te tiene que responder, incluso te ayudan a iniciar tu aplicación. Como había gente mayor también les enseñaba, o de últimas les decían: ‘el cuaderno de bitácora lo hace sobre papel y después nosotros acá lo pasamos’, lo importante es el seguimiento de datos para que ellos vayan viendo la evolución”.
“No había pensado mucho cuando me anoté como voluntaria, las preguntas empezaron después, cuando me empezaron a entrevistar y a preguntarme: ‘¿y qué pasa si te pasa esto?’; la verdad que no lo he pensado. Cuando uno entiende que es voluntario en cualquier situación, no solamente en esto, yo creo que más piensa en lo que puede aportar que en lo que puede perder. Y en este caso me parece que son momentos en los que uno tiene que apostar a la ciencia con el desarrollo de todas estas vacunas”.
“Había un poco de miedo, sí me dio como nervios, pero también hay mucha confianza en que tiene que haber una solución y podemos aportar entre todos, en mi caso, en el caso de nosotros los voluntarios es un granito de arena con respecto a todo lo que hacen los médicos, a todo lo que hace el personal de salud, los trabajadores de actividades esenciales”.
“El siguiente paso es el 21 de septiembre, con la primavera nuestra; es lunes tengo que volver a que me den la segunda dosis, tengo entendido que a lo largo de este año, de 2020, van a ser tres dosis, mientras nosotros vamos contando toda nuestra experiencia”.
Covid marcó su vida
Antes de ser voluntaria en un ensayo clínico, el coronavirus ya había marcado su vida. Mario Mastrazzi, su abuelo del corazón, es decir un vecino suyo al que quería como su abuelo, murió de covid-19 el pasado 22 de julio, la tristeza la llevó a escribir una crónica publicada donde lamentaba no haber podido abrazarlo y despedirlo como merecía.
“Sólo dos personas podíamos llevar adelante todos los trámites, una era la abuela (adoptiva) que tiene 76 años, y otra era yo. Tuve que hacer todos los trámites ir al crematorio, contarle a ella, ir a la morgue, obviamente hicieron que fuera una muerte mucho más dolorosa, mucho más difícil, si los trámites ya en una vida normal eran difíciles, imagínate en una vida en pandemia”.
Su crónica causó tal impacto en Argentina, que sus palabras fueron retomadas por un legislador para crear una ley, la ley Mario del último adiós, que la semana pasada fue aprobada en la ciudad de Buenos Aires para garantizar el derecho a despedirse de los seres queridos mientras dura la emergencia por la pandemia de coronavirus.
“El año pasado mi papá falleció y tuve la oportunidad de despedirme, de ver su cuerpo, despedirlo como lo hace todo el mundo y bueno, la abuela no pudo despedirse y la verdad es que fue muy dramático porque ni siquiera cuando ella se encontraba llorando, pude abrazarla porque también había que preservar la distancia, tenemos vedados los abrazos acá y bueno eso hace que todo sea un poco más difícil, un poco más frío y también nos hace que intentemos acomodar esta nueva normalidad”.
NO SE SIENTE HEROÍNA; LE DA TRANQUILIDAD AYUDAR
Andrea, estilista y estudiante de abogacía, es otra de las argentinas que participa en los ensayos clínicos de la vacuna de Pfizer, también de la ciudad de Buenos Aires.
“Un día entré al apartado en Facebook, donde te informan de cómo van las estadísticas del día y eso, en un costadito decía de los voluntarios, por curiosidad hice click y respondí unas preguntas, como si fuera una encuesta y a los dos días me llamaron por teléfono”, contó.
Dos días después la volvieron a llamar para pedirle más datos. “Confirmas que vas a querer hacerlo y ya te dan un turno; lo que te dicen es que te insertan anticuerpos para que si ingresa el virus tenga con qué defenderse”.
“¿Qué fue lo que me convenció?, más que nada el temor a todo lo que está pasando, el cansancio de todo esto; en Argentina tenemos una cuarentena bastante larga y ya el tema económico, afectivo, todo empieza tener su peso y más allá de eso me da mucho temor contraerlo. Soy muy cuidadosa y todo, pero preferí quizá arriesgarme a esto y no pasar por lo otro, porque esto ya tiene una parte que está probada”, añadió.
En su caso, la aplicación de la primera dosis sucedió el sábado 29 de agosto, una jornada de tres horas, que con todos los trámites y llenado de formas no le parecieron tan largas. “Lo que más me asustaba creo que como a todos es el tema del hisopado, quería pasar por eso, que terminará ya, lo otro era como más normal, una vacuna, la tensión normal de algo que no conoces, pero nada del otro mundo”.
Con un gafete y stickers, van dando seguimiento a las y los voluntarios. En total serán cinco citas y un seguimiento de dos años. Andrea no se siente una heroína del coronavirus, lo ve como una colaboración.
“Me da tranquilidad, es colaborar como cuando ayudas a alguien, y no miras qué, o por qué o para qué, ayudas, lo hacés; eso me genera, esa calma de bueno mi granito de arena lo estoy poniendo”.
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