Desaparecidos en México: Tras 13 años, Alberto volvió a casa a descansar en paz
La familia de Alberto Arce Flores, desaparecido en Iguala, en 2013, recuperó sus restos; en el Día de las Familias Buscadoras, afirman que lo hallaron gracias al esfuerzo ciudadano

Sus últimos diez años de vida, Fermina, mamá de Alberto Arce Flores, los pasó buscando en los cerros, esperando en las fiscalías. Ni siquiera el diagnóstico de cáncer, en 2019, la frenó. Ella siguió tratando de hallar a su hijo, desaparecido el 7 de marzo de 2013. Tenía 29 años.
Ella decía: ‘Si me ponen la quimio hoy, denme cinco días, me levanto y sigo, porque tengo que encontrar a mi hijo’. Tengo imágenes donde ella está sin su pelo, está con su cara demacrada y yo llevando un banquito, porque ella decía que no iba a dejar de buscar hasta el último segundo de su vida”, cuenta a Excélsior Karina, hermana de Alberto.
Luego de 13 años de búsqueda y la muerte de su madre en ese lapso, los restos de Alberto fueron localizados en una fosa, en 2025, aunque el proceso de identificación se prolongó hasta febrero de 2026. El 7 de marzo pasado, su cuerpo regresó a Acapulco, Guerrero, en una carroza fúnebre. Para su familia, Alberto volvió a casa.

Lo más triste o tal vez el sentimiento encontrado que tenemos ahí de que, el mismo día que se fue, el 7 de marzo de 2013, después de 13 años iba a regresar a Acapulco. Veníamos entrando a Acapulco a la 1:30 de la mañana del día 7 de marzo de 2026. Venir en la carroza acompañándolo, ahora siendo el último viaje. Es pesado”, dice en entrevista Ismael, hermano de Alberto.
Creo que todos, en nuestro corazón, sabíamos que era casi imposible que regresara con vida, pero aún teníamos la esperanza. Hoy, esa esperanza ya se fue, pero con ella regresó Beto”, expresa Karina.
Trece años de indiferencia burocrática
Cuando Alberto desapareció se dirigía a una fiesta, en Iguala, la misma ciudad guerrerense donde, un año después, desaparecieron los 43 normalistas de Ayotzinapa. Que no llegara a su destino prendió de inmediato las alertas entre sus familiares.

Conoces su forma de ser, conoces sus hábitos y tú te das cuenta cuando un familiar falta, inmediatamente…¿cómo es posible que un muchacho de 29 años que sale a trabajar no haya llegado al cumpleaños de su mejor amigo? O sea, fue una alerta en inmediato”, narra Karina.
El primer obstáculo al que se enfrentaron fue la indiferencia burocrática. La policía desestimó la desaparición, sugiriendo que Alberto andaba de fiesta. Su familia comenzó a moverse, buscaron en caminos y barrancos, por si había sufrido algún accidente.
No nos hicieron caso, que tenían que pasar 72 horas para considerarlo como desaparecido. Lo que hicimos nosotros fue agarrar hacia Chilpancingo, Iguala, viajar a la carretera todos los días, buscando en barrancos, en puentes, por si se había salido de la carretera… así estuvimos como una semana viajando, viajando”, cuenta Ismael.
Su búsqueda los llevó a los hospitales y al Servicio Médico Forense (Semefo). “Esa impresión tan fuerte de meterse a esos lugares y tener la esperanza, aunque sea, de encontrarlo ahí. Obviamente no lo quieres muerto, pero pues, al final, era tratar de localizarlo”.

Desapariciones, el laberinto de la extorsión
En sus 13 años de búsqueda, la familia no sólo se enfrentó a la demora para iniciar la investigación, lo que los hizo perder información crítica sobre el paradero de Alberto, sino, también, tuvo que sortear la burocracia judicial, pues, a lo largo del tiempo, el caso pasó por diversas unidades y fiscalías especializadas. Aunque los nombres de las instituciones cambiaron, la forma de investigar no mejoró.
Incluso, a una semana de la desaparición, las autoridades de Guerrero intentaron dar un giro al caso al señalar a Ismael, el hermano menor, como responsable de secuestro.
La fiscalía de Guerrero y Chilpancingo lo que hizo fue (decir): ‘Traiga a su hijo’, porque es un autosecuestro. Sus hijos están involucrados’. O sea, nos culpó, culpó a mi hermano más chico Ismael, de que él había autosecuestrado a su hermano”, recuerda Karina.
También sufrieron extorsiones y abusos por parte de las autoridades. “Policías que pidieron cooperación para ir a buscarlo… la desesperación de mi madre, de conseguir prestado para poderse mover también, para dar esas cooperaciones, porque hasta las sábanas de los teléfonos (registro de llamadas) también nos vendían… Quedamos endeudados, destrozados”, cuenta Ismael.

Vendieron terrenos que tenían con la esperanza de, algún día, construir una casa. Vendieron el “vochito” que su papá trabajaba como taxi. Ismael y Karina estuvieron a punto de perder sus trabajos, por ausentarse para buscar a Alberto.
A mí se me agotaron todas mis vacaciones, mis recursos, mis permisos, ¿por qué? Pues ya tenía que presentarme a trabajar”, cuenta Ismael.
Karina y su mamá, Fermina, se trasladaron a la Ciudad de México, donde la familia Trujillo, que sigue buscando a cuatro de sus integrantes, les extendió la mano.
Me preguntaban, ‘¿Tienen a dónde ir?’… ¿Cómo íbamos a decir: 'No, no tenemos a dónde llegar’? Nos fuimos a la terminal, a esa hora. Eran las cuatro de la mañana cuando un indigente nos dice: ‘Tengan un cartón’, porque íbamos sin nada. Así estuvimos dos días”, relata Karina.
-
La familia Trujillo finalmente les dio asilo para permanecer en la Ciudad de México, pues Fermina presentía que las autoridades guerrerenses no harían nada para ayudarla a encontrar a su hijo.
Me regresé para encontrar un acta de abandono en mi trabajo. Yo soy profesora de educación física… regresé y me encontré un acta de abandono por 42 días… estuve a nada de perder mi plaza por buscar a mi hermano… No entendían que yo faltaba por ir a buscar a mi hermano. Así estuvimos un mes, yo luchando por mi plaza y mi madre luchando en México, sola con la familia Trujillo”, narra Karina.

"Nunca buscaron con ganas de encontrar"
Durante años, la investigación del caso no avanzó. Aunque el vehículo de Alberto fue localizado en julio de 2013 con cuatro personas a bordo, incluido un policía, no se le realizaron las pruebas periciales necesarias para obtener pistas sobre el paradero del joven y de su acompañante, Alexander.
Detrás de las omisiones está la corrupción de las autoridades. Policías municipales inmiscuidos en un contexto de violencia sistemática y colusión con el grupo delincuencial Guerreros Unidos.
Nunca buscaron con ganas de encontrar. Si lo encontramos, la verdad fue de puro milagro. Fue gracias a las familias. Gracias a alguien que dijo, ‘¿Saben qué? Yo sé que ahí van a enterrar (cuerpos)’”, afirma Karina.
La desaparición de los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, la noche del 26 de septiembre de 2014, en Iguala, dio un giro a la búsqueda de Alberto.
Eso fue una luz para nosotros porque descubrimos que no estábamos solos, que había mucha familia en Iguala que seguía luchando. Gracias a eso se hicieron búsquedas masivas”, señala Karina.

En 2024 cuando apareció el cuerpo de Alexander, la familia supo que estaba cerca de hallar a Alberto, lo que finalmente sucedió en 2025, aunque fueron notificados oficialmente hasta este año.
En realidad se logra encontrar a Alberto no tanto por la información que generó la fiscalía en su trabajo de investigación, sino por la información que las propias familias han ido recabando a lo largo de todos estos años, incluso poniéndose en riesgo y pues, abiertamente, teniendo diálogos con personas que pertenecieron a los grupos delincuenciales”, explica Humberto Guerrero, abogado de la organización Fundar, quien acompañó a la familia de Alberto durante 11 de los 13 años que duró la búsqueda.
Promesa cumplida: buscar hasta encontrarlo
Encontrar a Alberto, un joven cariñoso, querido por todos, considerado un pilar de su casa, trajo, al fin, tranquilidad a su familia, pero se trata de un sentimiento muy lejano a la felicidad. “Todos nos fuimos con él, porque nuestro mundo se detuvo”, resume Ismael. “Fue satisfacción, pero también es un dolor inexplicable de saber que ya no hay esperanza de encontrarlo con vida”, dice Karina.
La satisfacción, al final, es haber cumplido con la promesa que le hicieron a su mamá, de nunca dejar de buscar a su hermano.
