‘Ante las injerencias, inteligencia y razón’: José Narro Robles
Para el exrector, la UNAM ha contribuido a formar recursos humanos del más alto nivel, por lo que critica que, desde el poder, se soslayen sus aportaciones; “tanto en la Universidad como en el país se vale tener visiones diferentes, pero no fracturar o dividir”, advirtió

José Narro Robles, rector de la UNAM entre 2007 y 2015, está convencido de que los intentos de intromisión en la máxima casa de estudios “no son fantasías, ilusiones o malas ideas”, sino hechos.
Se les olvidó por un gazapo mecanográfico la fracción correspondiente a la autonomía universitaria en la iniciativa que se presentó en diciembre de 2018, no es imaginación. Hubo intentos para cambiar, sin consulta, las leyes orgánicas de universidades y por lo menos en una de ellas lo consiguieron: la de Sonora. Hubo dos intentos en la Cámara de Diputados para cambiar la Ley Orgánica de la Universidad Nacional Autónoma de México, sin consulta alguna con la comunidad y con iniciativas del partido en el gobierno.
Entonces, perdón. Hay que cuidar que esas cosas no pasen; las universidades públicas de México y las instituciones de educación superior públicas, y también las privadas, le han hecho un gran trabajo a este país. Han formado recursos humanos del más alto nivel, México ha mejorado en parte por eso, hay que cuidar mucho eso. Simplemente lo que refiero son hechos, ahí están y por eso tenemos muchas preocupaciones; ojalá las tentaciones ya hayan terminado”, dijo ante la pregunta de Excélsior sobre si hay intentos de injerencias en la UNAM.
Para Narro Robles, la autonomía se defiende hablando y señalando sin temor, “con la verdad y con la palabra, con la inteligencia y con la razón”.
A los 59 años asumió la Rectoría de la Universidad, pero su presencia inició en el rectorado de Guillermo Soberón Acevedo, durante el cual, como profesor de la Facultad de Medicina, pulió su capacidad de interlocución con diversos sectores de la comunidad.
Fue ese talento como operador político el que lo llevó a ser protagonista de la salida de los conflictos estudiantiles de 1986 y 1999-2000, desde su posición como secretario general de la UNAM.

No hay una figura 100%, la tarea de un rector es conducir a una gran comunidad, de casi 450 mil personas en activo más cientos de miles, probablemente millones de egresados o de familiares de egresados. Esa es una de las tareas más satisfactorias, la que despierta un orgullo fantástico, es una gran distinción, es una enorme responsabilidad.
Las tareas de la Universidad, por supuesto, son primero que nada de orden académico. Entonces ¡claro que se necesita un académico!, pero alguien que entienda lo que pasa en el mundo y en el país, en lo político, en lo social, en lo económico. Alguien que convoque, que esté más allá de credos, de religiones, incluso hasta de estas militancias a todo lo que da en el futbol. Somos tan grandes que aceptamos que hay otros que no son pumas, hasta americanistas, de Chivas, de Cruz Azul. Lo que se tiene que procurar, como en el país, es la unidad de la comunidad”, responde cuando se le cuestiona qué tipo de rector se requiere en estos tiempos.
Se tiene que entender que la riqueza universitaria está en la pluralidad, en las diferencias como las que tenemos en el país; que no queremos un México dividido en dos, o una comunidad dividida en tantos integrantes como tiene la comunidad, porque todos somos diferentes. Necesitamos unidad y entender que los procesos que tiene la Universidad, uno: son universitarios; dos: son democráticos y tres: le han servido a esta gran institución”, destacó.
En los ocho años que dirigió la Universidad, Narro, quien también se ha desempeñado como secretario general del IMSS y secretario de Salud federal, logró consolidar la estabilidad que se alcanzó tras la huelga más larga en la Universidad Nacional Autónoma de México, que concluyó con la entrada de la Policía Federal Preventiva a las instalaciones universitarias, en febrero del año 2000.
Los intentos de movilizaciones que derivaron, incluso, en la toma de la Rectoría y algunos planteles, durante su rectorado se resolvieron sin convertirse en un conflicto mayor.
Considero que ha sido mal valorado lo que se ha hecho, muchas de las cosas que se han hecho, porque ¿dónde estaban los universitarios?, pues haciendo su tarea, señor Presidente, cumpliendo con su responsabilidad: dando clase, haciendo investigación sobre los temas nacionales, publicando sus resultados, criticando las acciones, muchas de ellas, o fortaleciendo algunas otras. Porque este país no es de una persona o de un sector: es de todos y porque nos duelen muchos de sus problemas de siempre; la pobreza no es reciente, ojalá lo fuera. La pobreza ha estado presente, no la trajeron los españoles en la Conquista, no es una herencia de la Colonia; la pobreza, la desigualdad, las diferencias, existían en los pueblos prehispánicos, en nuestros pueblos originarios.
Tenemos que entender que parte de la riqueza universitaria es esa pluralidad, esas diferencias. Niños, niñas que tenemos en iniciación universitaria de 10, 11, 12 años. Adultos, adultos mayores; pocas cosas tan fantásticas para mí como entregarle a una dama, a una abuela de 85 años su título de la FES Acatlán como licenciada en Derecho, lo hizo para demostrarle a sus nietos que en la educación está el camino, que tenían que superarse, que tenían que superarla a ella; qué ejemplo tan más fantástico.
La UNAM es de la A a la Z, de la actuaría a la zootecnia, lo dije mucho y lo sostengo, de la A de Aguascalientes a la Z de Zacatecas. La UNAM es de México, para México, y ha cumplido su tarea, sus funciones. Que tengamos visiones diferentes se vale, que nadie tiene la verdad completa, nadie la tiene, ni en la Universidad ni en el gobierno; ni el Presidente, ni el más modesto de los trabajadores académicos universitarios. Entonces, lo que tenemos que hacer es ayudar, servir, contribuir, no dividir, fracturar y polarizar”, dijo para responder si considera que las aportaciones de la UNAM hacia el país han sido soslayadas.
El exrector no tiene duda de que la Junta de Gobierno ha sido una gran invención universitaria.
Estoy convencido de que la designación que a mí me ha dado tanto honor, que hizo la Junta de Gobierno en mi persona, como la que hicieron en la persona de Juan Ramón de la Fuente o de Enrique Graue, no es por ser médicos. Es por tener un perfil que corresponde con un momento, por tener condiciones que posibilitan el desarrollo de la Universidad. Sí, es verdad tres médicos en fila; sí, es verdad 24 años de rectores médicos; sí, es verdad todo lo que llevamos del siglo XXI ha estado encabezado por una profesión. Pero insisto: ha habido desarrollo, crecimiento, ha habido mayormente paz, progreso universitario, ha habido momentos complicados, difíciles; los vivimos De la Fuente, los vivió Narro y los ha vivido Graue.
La tarea es que la Universidad funcione, que todos y cada uno de los 365 días de los cuatro años para los que es designada o designado la rectora o el rector, esta institución funcione. Si la Universidad está cerrada, si está dividida, si no tiene los recursos, si en la Universidad no hay el ambiente, si no hay la colaboración y participación de su comunidad, aquello no funciona y podrá tener uno la idea más grandiosa y podrán haber designado a quien sea que tenga las cartas credenciales académicas, las ínfulas. Me refiero a las que cuelgan en el birrete más grandiosas, pero si la Universidad no funciona, pues estamos mal”, concluyó.
Con información de Leticia Robles de la Rosa
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