Es sólo el comienzo; rinde la Cámara de Diputados homenaje a Excélsior
El diario ha venido contando fielmente la vida de México y el mundo en los últimos 100 años, dijo la presidenta de la Cámara; ha tenido épocas de censura y caos, recordó
CIUDAD DE MÉXICO.
“Cien años son sólo el comienzo”. Con esa frase, la Cámara de Diputados le rindió ayer un homenaje al periódico Excélsior por su centenario de vida. Entonces, las dos megapantallas que tiene el salón de plenos del Palacio Legislativo de San Lázaro exhibieron las portadas de El Periódico de la Vida Nacional.
Contrastaron las portadas de blanco y negro, con las de color; las primeras exhibieron los inicios del diario fundado por Rafael Alducin el 18 de marzo de 1917 y las segundas dejaron ver la renovación y actualización del diario.
“Excélsior ha venido contando fielmente la vida de México y el mundo durante los últimos 100 años”, exclamó la presidenta de la Cámara, Guadalupe Murguía, quien destacó que el diario ha tenido épocas de censura y caos, épocas de bonanza y de libertad de prensa.
“Excélsior ha sido durante estos cien años punto de reunión de grandes referentes del periodismo como Miguel Ángel Granados Chapa, don Julio Scherer, Vicente Leñero; escritores y editorialistas de la talla de Torres Bodet, Ortiz de Montellano, Arqueles Vela, José Juan Tablada, Luis Spota, Jorge Ibargüengoitia, José Emilio Pacheco, incluso podemos mencionar al Premio Nobel de Literatura Octavio Paz como integrante de su consejo editorial”, reconoció.
A la máxima tribuna del Palacio Legislativo de San Lázaro subió el director editorial, Pascal Beltrán del Río, para recibir el reconocimiento. La legisladora le entregó una placa conmemorativa con la leyenda: “La LXIII Legislatura de la H. Cámara de Diputados otorga el presente reconocimiento al Sr. Olegario Vázquez Raña, presidente del periódico Excélsior. Diputada Guadalupe Murguía Gutiérrez, presidenta de la Mesa Directiva”.
El diputado Virgilio Caballero alzaba la mano para pedir sonido en su curul. Cuando le dieron la palabra, el legislador exclamó: “¡Viva el periodismo libre!’”
Reconoció el trabajo como periodista de la maestra Juana Montes de Oca, “que fue una de los 382 votos con que se formó la Cooperativa Excélsior. La maestra tiene hoy 102 años de edad y sigue viviendo en su barrio de siempre: Peralvillo”.
Beltrán del Río fue acogido por directivos, columnistas, editores, reporteros y trabajadores del diario. Fabiola Guarneros, subdirectora editorial, adelantó que mañana el periódico estará acompañado de un suplemento especial de colección.
Antes, al participar en la Ceremonia Conmemorativa por el Centenario de Excélsior, el presidente de la Junta de Coordinación Política, Francisco Martínez Neri, expresó: “La primera portada del periódico Excélsior hace 100 años versaba en su primera plana: Vientos republicanos soplan sobre el imperio moscovita. A un siglo, El Periódico de la Vida Nacional, en concordancia con aquel encabezado, sigue aportando ‘vientos republicanos sobre la nación mexicana’”.
A nombre de los grupos parlamentarios, el legislador perredista reconoció la labor de Excélsior y destacó que “ha realizado una labor periodística colectiva de carácter épico para llevar al hogar de los mexicanos los sucesos más relevantes de nuestro país y del mundo” pese a las adversidades.
“En una labor que no ha estado exenta de riesgos y en ocasiones de zozobra económica y amenazas del poder público, tarea titánica que convierte al Periódico de la Vida Nacional en referencia de conocimiento de la sociedad posrevolucionaria y hasta nuestros días”, expresó el legislador de izquierda.
Por su parte, el director editorial Pascal Beltrán del Río destacó que actualmente cierne sobre los medios de comunicación una gran responsabilidad como generadores de opinión pública, desplazando a los partidos políticos.
La presidenta de la Cámara de Diputados, Guadalupe Murguía, acotó que los medios de comunicación como Excélsior contribuyen día a día en la construcción de una democracia abierta y participativa, con su escrutinio sobre la vida pública, el desempeño de los servidores públicos y el manejo de recursos, señalando los errores y aciertos y opinando, con conocimiento y experiencia sobre asuntos trascendentales de la nación.
“Con una pluma en la mano nadie será dominado”
Por PASCAL BELTRÁN DEL RÍO
Discurso pronunciado en el homenaje que la Cámara de Diputados hizo a Excélsior por sus 100 años de vida.
Es muy honrosa para Excélsior esta ceremonia conmemorativa.
Pero, además, es un claro mensaje de la madurez política del pueblo mexicano.
Que la soberanía nacional convertida en gobierno tenga este vínculo franco y abierto con uno de los medios de comunicación es para orgullo mexicano ante todo el orbe.
Muy pocas naciones pueden tener encuentros como éste. Por eso no es sólo de agradecer sino de saludar el mensaje político de nuestra Cámara de Diputados.
No es casual que los 100 años de Excélsior coincidan, en cuestión de días, con la primera elección legislativa que se celebró después de la promulgación de la Constitución de 1917.
En un siglo de vida constitucional, México no ha dejado de celebrar elecciones, algo de que muy pocos países pueden presumir.
Y en un siglo de vida periodística, nunca ha faltado la visión de Excélsior sobre los acontecimientos de interés público.
Esto que estamos celebrando es un acondicionamiento de los orgullos de nuestro presente y de nuestro futuro, lo que nos permite ver con serenidad que nuestro mundo y nuestro país se han movido en todo un siglo.
En nuestra casa editorial no sólo tenemos hoy los instrumentos de la tecnología moderna. También tenemos nuestras máquinas del tiempo muy eficientes.
Todo periódico importante y longevo tiene memoria, microscopio y telescopio. Requiere saber de lo que pasa, de lo que pasó y de lo que pasará.
Por eso necesitamos tener vista, visión y videncia. Por eso, también tenemos pluma, almanaque y tarot. Y, para orgullo de México, solamente en muy pocas casas en el mundo se manejan tan bien como en Excélsior.
El tiempo pretérito puede convertirse en un sólido asociado de nuestro presente y de nuestro futuro. El pasado nos enseña, nos previene, nos advierte, nos entrena y nos equipa.
Éstas no son ideas mías sino de muchos más que han considerado que no existe historia pretérita sino que toda la historia es contemporánea, a partir de que ella es ejemplar y pedagógica.
Hay quienes piensan que el tiempo es una línea recta irrepetible. Que lo que ya fue, no volverá a ser. Por el contrario, hay quienes creen que el tiempo es circular y, por lo tanto, recurrente. En eso reside una posibilidad didáctica y dialéctica.
El ayer no siempre es el pasado así como el mañana no siempre es el futuro. Una decisión o un discurso de hace 50 o 100 años pueden haber sido destinados para hoy o para dentro de cinco décadas más. Y, por el contrario, muchos sucesos de hoy pueden ser tan anacrónicos como las cavernas.
Y es que la política y el periodismo no se mueven en las coordenadas de los tiempos sino en las de las dimensiones. Ese es parte del gran reto de las sociedades.
Saber qué parte de ellos es de su ayer, de su hoy o de su mañana.
En estos días estamos a 100 años de la fundación de Excélsior. El 18 de marzo de 1917 apareció su primer ejemplar y así ha proseguido durante estos 36 mil 500 días. Ese tiempo de entonces era impredecible e inimaginable.
En México, el mes anterior se había expedido una nueva Constitución Política. Parecía que el país entraba a una paz segura. Pero habrían de venir 13 años más de lucha intestina. Guerras civiles, interrupción presidencial, magnicidios y otras calamidades.
El mundo se encontraba al filo de la etapa más cruenta de la Gran Guerra. Se había desmoronado el Imperio Austriaco y estaba por venir el derrumbamiento del Imperio Ruso.
Vendría la gran burbuja y su explosión en 1929. La pavorosa depresión económica. La entronización del Duce y del Führer. El New Deal. Todo ello, en tan solo 15 años.
En ese mundo, Excélsior se convirtió, de manera indiscutible, en el periódico más ligado a la historia mexicana del siglo XX.
Durante muchos de sus 100 años de vida ha sido el periódico insignia del mundo iberoamericano. Considerado por muchos, de hecho, como el mejor periódico publicado en español.
Al decir esto no olvido ni por un momento las excelencias de La Nación de Buenos Aires, ni de El Mercurio de Santiago, ni de El Comercio de Lima, entre otros grandes diarios de nuestra América Latina.
Los diarios españoles, hoy notables, fueron durante los casi cuarenta años de dictadura algo muy alejado del periodismo real y más parecido a un boletín de gobierno.
En ese escenario mundial Excélsior fue el informador esencial y el básico formador de opinión mexicana, iberoamericana e hispanohablante.
Los mexicanos de varias generaciones, cuando tuvimos por primera vez en las manos un periódico, se llamaba Excélsior. Aún en un México que no siempre fue ni el más abierto ni el más tolerante supo conservar su independencia de criterio y su libertad de opinión.
Muchos de esos años mexicanos y mundiales también fueron felices.
Tuvimos épocas doradas. El mundo empezaba a ver el triunfo de la felicidad.
Pero en esos 100 años, Excélsior también ha tenido sus sinsabores que, una vez resueltos, lo colman de honor y de honores.
El primero fue, en 1924, con la muerte prematura de Rafael Alducin, su joven fundador y propietario.
En unos años, el periódico entró en una crisis financiera y laboral que se antojaba insuperable. El poder público —el real, no el formal— intervino para la conversión de la empresa en una sociedad cooperativa.
Así se hizo y esto habría de tener sus consecuencias a lo largo de las seis décadas siguientes pero, en los años treinta, Excélsior se salvó por primera vez de la desaparición.
La segunda salvación aconteció en 1968. El dos de octubre cambió la prensa mexicana, antes dócil y obsecuente con el gobierno.
La orden oficial fue que no se colocaran los sucesos de esa tarde-noche anterior en las primeras planas. Pero Excélsior no obedeció. En su portada describió el “recio combate” que se había dado en Tlatelolco. El viernes 4, Abel Quesada publicó en sus páginas su legendario cartón negro, titulado “Por qué”.
Se dice y no lo dudo que la primera reacción presidencial fue de coraje ante el desacato y que la consecuencia primera que se pensó fue la clausura de El Periódico de la Vida Nacional.
Pero, en esos días, México era la noticia del mundo por los Juegos Olímpicos, que se inaugurarían pocos días después, razón por la cual ya se encontraban en el país deportistas y corresponsales extranjeros.
El mundo estaba muy sensible por la represión soviética en Praga. El gobierno tuvo que aguantarse y Excélsior se salvó. Si el 2 de octubre hubiera sido el 2 de noviembre hubiéramos perdido un periódico, así como garantías constitucionales, ruta, destino y muchas vidas.
La tercera fue a partir del año 2000 hasta el 2006. Excélsior se encaminó en esos años a un inminente y doloroso naufragio.
La situación financiera era insostenible, aunque peor era la bancarrota moral del diario.
Los méritos de sus entonces directivos y el sacrificio de los cooperativistas fueron encomiables pero no salvadores. Todas las mañanas, durante más de cinco años, había que verificar que Excélsior había sido editado. Se temía que algún día ya no saliera. Creo que muchos días estuvo a punto de realizarse ese temor.
Por eso es de saludar el salvamento de este diario y la labor realizada por Olegario Vázquez Raña, Olegario Vázquez Aldir, Ernesto Rivera y todo su equipo.
TESTIGO DE ACONTECIMIENTOS
En un siglo, Excélsior ha visto pasar muchos grandes sucesos y a muchos grandes hombres.
El fin de una guerra mundial y la realización de otra. Guerras civiles en todo el mundo. Una revolución de China. El embargo petrolero. El abandono del patrón-oro. La aparición del terrorismo. Y muchos otros sucesos de los buenos y de los malos.
Vio pasar, en México, a Venustiano Carranza, a Álvaro Obregón, a Plutarco Elías Calles, a Lázaro Cárdenas, a Miguel Alemán y a Adolfo López Mateos.
En el mundo, vio pasar a Franklin Roosevelt, a Winston Churchill, a Charles de Gaulle, a Harold McMillan, a Konrad Adenauer, a Juan Domingo Perón, a Gamal Abdel Nasser, a John Kennedy, a Richard Nixon, a Nikita Jrushov, a Mao Tse Tung, a Chou En Lai, a Jawaharlal Nehru, a Fidel Castro, a Juan Pablo II y a muchos más.
En materia de política, la felicidad avanzaba sin detenerse. Se había anatematizado la discriminación racial, se había remitido el colonialismo, se había encaminado la democracia. Se soñaba con que, muy pronto, todos los pueblos serían independientes, soberanos, republicanos, demócratas, liberales, igualitarios, equitativos y justos.
Desde luego, todavía había pobreza, “gorilatos”, espionaje, “guerra fría”, matanzas, magnicidios, intolerancias, odios, revanchas, venganzas y rencores. Pero el éxito obtenido animaba al hombre y, por eso, era un tiempo feliz.
En otros campos muy distintos al político, en materia de enfermedades, se habían vencido la tuberculosis, la poliomielitis y la sífilis. Todavía sería larga la lucha contra el cáncer, la diabetes y la cardiopatía pero, por eso el éxito obtenido animaba al hombre.
En materia de transformación de la vida social, sucedieron fuertes signos de liberación. Aparecieron The Beatles que alargaron el pelo, impusieron el vestuario y cambiaron el discurso musical.
Los vientos de liberación soplaban en todas direcciones. Mary Quant inventó la minifalda que marcó a una generación. También en los laboratorios había innovación, descubrimiento e invención. Se había lanzado la píldora anticonceptiva. Ésa fue la mitad de la liberación sexual de ese siglo. La otra mitad fue la remisión de las enfermedades venéreas que habían asolado a la humanidad durante toda su historia.
La salud empezó a experimentar una guerra no comprensible entonces.
En los Estados Unidos, el secretario de Salud, Luther Leonidas Terry, hizo la primera declaración gubernamental contra el tabaco. La lucha se había iniciado. Nunca ha existido un ataque tan frontal contra un producto lícito y no prohibido.
En estos cien años se llegó a la Luna pero lo más importante fue que se pudo salir de la Tierra. Se rompió la barrera del sonido. Se inventó el refrigerador, la televisión, el aire acondicionado, el bolígrafo y miles de instrumentos que cambiarían la vida del hombre. En todo ello, Excélsior nos ha acompañado.
Los hombres y los pueblos gustan de ver hacia su tiempo, aunque no todos tienen la misma predilección. Existen algunas naciones que guardan su ideal nacional en lo que fueron. Se regocijan más con su pasado que con su presente o con su futuro.
Hay otras que, por el contrario, tienen un mayor disfrute con un ideal del porvenir que con lo que son o lo que han sido. La plenitud la encuentran en algo que todavía no llega pero que se representa como una, también, ineludible e infalible grandeza nacional.
Por último, hay algunas cuyo ideal se encuentra en lo que son en el presente, más allá de lo que sueñen para el porvenir o de lo que recuerden de su devenir.
México ha tenido décadas críticas.
Nuestras crisis en lo político comenzaron en 1968 y en lo económico se iniciaron en 1971.
Los mexicanos tuvimos que esforzarnos por preservar lo que habían edificado nuestros antecesores y lo hemos sorteado bien.
Pero no es fácil exigirles a los mismos individuos la versatilidad necesaria para ser grandes preservadores y, al mismo tiempo, grandes transformadores.
Hemos logrado que el país no se nos deshiciera en casi 50 años consecutivos de crisis políticas, económicas y sociales que hubieren detonado en mil pedazos a muchos países e, incluso, a muchas potencias. Ése es un mérito mayor.
Pero al frente hay muchas cosas que no nos dejan ver con facilidad nuestro presente y nuestro futuro frente al tema de la información y de la comunicación.
Sabemos que, de aquí en adelante, se depositará más capacidad de opinión en los medios de comunicación que en los medios políticos.
Sabemos que, de aquí en adelante, se generará mayor acopio ideológico en los periódicos y revistas que en los organismos y agrupaciones políticas.
Sabemos que, de aquí en adelante, muchos medios de comunicación serán, además de ello, proyecto político y no solamente corporación comercial.
Pero, por eso, tenemos que esforzarnos para que eso sea bueno para el país. Que sepamos manejarlo. Que tengamos la suficiente conciencia de donde estamos y para lo que estamos los periodistas, el auditorio y los lectores.
Muchas de las virtudes periodísticas que anidan en Excélsior y que son imprescindibles para la nación, sobre todo en tiempos difíciles, serán responsabilidad nuestra en su preservación.
Nos hemos modernizado. Somos parte de un grupo multimedia que se retroalimenta recíprocamente en información y en opinión. Somos un periódico nacional que, además, se encuentra hermanado con dos televisoras de emisión abierta y con radiodifusoras y plataformas digitales.
Estamos atentos a todos los temas del interés público: la política, la sociedad, la economía, el deporte, el entretenimiento y la cultura.
Sabemos que es mucho lo que nos puede dar el periodismo pero lo puedo resumir en lo siguiente: Nos obliga a ver más de cerca. Nos permite pensar más libre. Nos acostumbra a sentir más a fondo. Y nos muestra lo que debemos rescatar y lo que debemos remitir de nuestra vida individual y de nuestra vida colectiva.
Pero, sobre todo, nos dice que mientras uno tenga una pluma en la mano jamás podrá ser dominado totalmente por los demás.
EL PRESENTE
En fin, ya recordamos nuestro pasado y ya oteamos nuestro futuro.
Pero tenemos que regresar a nuestro presente. Todo lo que nos sucede es en el hoy y no en el ayer ni en el mañana.
Ha llegado el momento de aterrizar en el presente. La realidad es dura y obliga a utilizar el cinturón de seguridad. Pero, también, brinda la delicia de regresar a casa. Porque, no nos escapemos: nuestra única casa es el presente.
Vivir en ella puede ser difícil pero no hay otra. Como toda casa nuestra, disfrutémosla, reparémosla, adornémosla, mejorémosla y, sobre todo, amémosla.
Si se descompone, hay que arreglarla. Si peligra, hay que salvarla. Si ya no sirve, hay que mejorarla. Libremos su hipoteca. Paguemos sus gastos.
Cuidemos su jardín. Así, viviremos mucho mejor en ella.
No puedo terminar sin agradecer nuevamente a la Cámara de Diputados y a la presidenta —óigase bien: la PRESIDENTA— de su Mesa Directiva, la celebración de este acto.
Y, por supuesto, a todos los presentes, por su atención a estas palabras sencillas y sinceras.






