Starship de SpaceX alcanza la órbita por primera vez pese a fallo en un motor
Starship está formado por el propulsor Super Heavy, encargado de proporcionar el empuje inicial, y la nave Starship, que continúa el viaje.

Durante unos minutos, el vuelo parecía encaminado al fracaso. El rugido del lanzamiento ya había quedado atrás cuando llegó la noticia que amenazaba con cambiar el desenlace de la misión: uno de los motores de Starship se había apagado antes de lo previsto. En la transmisión oficial, Dan Huot, portavoz de SpaceX, comunicó inicialmente que el vehículo no podría alcanzar la órbita.
Pero el diagnóstico cambió.
Una actualización de los ingenieros abrió una posibilidad que pocos minutos antes parecía descartada: Starship todavía podía realizar el encendido decisivo para abandonar su trayectoria suborbital y entrar, por fin, en órbita terrestre.
La nave lo consiguió.
El decimocuarto vuelo de prueba del gigantesco vehículo desarrollado por SpaceX se convirtió así en un punto de inflexión para un programa que lleva años acumulando pruebas, retrasos y ajustes. La compañía de Elon Musk consiguió demostrar una capacidad que había sido uno de los principales objetivos pendientes de Starship: llegar al espacio orbital con el sistema completo.
Un gigante de más de 120 metros
Desde Starbase, el complejo de SpaceX situado en la costa del Golfo de México, cerca de Brownsville, Texas, despegó un vehículo de dimensiones poco habituales incluso para la industria espacial.
Starship está formado por dos elementos: el propulsor Super Heavy, encargado de proporcionar el empuje inicial, y la nave Starship, que continúa el viaje una vez separada del lanzador. Juntos superan los 120 metros de altura.
La magnitud del vehículo explica también la dimensión del proyecto.
SpaceX no está desarrollando Starship únicamente como un nuevo cohete. La apuesta consiste en construir un sistema capaz de realizar lanzamientos frecuentes, transportar cargas y, en el futuro, servir para misiones tripuladas y de exploración más allá de la órbita terrestre.
El objetivo inmediato de este vuelo era especialmente significativo: desplegar el primer lote operativo de satélites Starlink desde Starship.
Eso convertía la prueba en algo diferente de los ensayos anteriores. Ya no se trataba solamente de comprobar si el vehículo podía despegar y sobrevivir a las diferentes etapas del vuelo. La misión pretendía acercar el enorme cohete a una operación espacial real.
El momento que SpaceX llevaba años esperando
Alcanzar la órbita puede parecer un paso elemental para un lanzador espacial, pero para Starship representaba una frontera que el programa todavía no había cruzado.
Los 13 vuelos de prueba anteriores realizados desde 2023 habían permanecido en trayectorias suborbitales. Cada uno había servido para recopilar información sobre motores, estructura, separación de etapas, navegación y reentrada.
El nuevo vuelo tenía otra dimensión.
Después de casi una década de desarrollo y una inversión estimada en más de 15.000 millones de dólares, Starship necesitaba demostrar que podía completar una misión orbital.
La expectativa, además, llevaba años acumulándose. Musk había anticipado inicialmente que el vehículo alcanzaría este nivel de desarrollo en 2022 y que posteriormente comenzaría el despliegue de satélites.
La realidad fue distinta.
El calendario se prolongó y el programa tuvo que atravesar sucesivas campañas de pruebas antes de llegar a este punto.
Por eso, el encendido que permitió a Starship alcanzar la órbita tuvo un significado que excede los minutos concretos del vuelo: representa la transición de un prototipo sometido a pruebas hacia un sistema que SpaceX pretende convertir en una plataforma espacial reutilizable y de alta frecuencia.
Seis vueltas a la Tierra y diez horas de misión
El plan de vuelo elevó todavía más la exigencia.
Starship debía completar seis órbitas terrestres durante una misión estimada en unas 10 horas, el viaje más prolongado realizado hasta ese momento por el vehículo.
Después, el plan contemplaba su amerizaje en el océano Pacífico, al oeste de Chile.
Cada una de esas etapas importa porque el propósito de SpaceX no es simplemente colocar Starship en el espacio. La compañía busca desarrollar un vehículo que pueda repetir sus operaciones con una frecuencia muy superior a la de los grandes lanzadores tradicionales.
Musk ha planteado incluso un futuro en el que se produzcan cientos o miles de vuelos de Starship al año. Para llegar a ese escenario, sin embargo, todavía deben resolverse numerosos desafíos técnicos, operativos y de reutilización.
El vuelo orbital es un paso fundamental, pero no es la línea de meta.
La Luna aparece en el siguiente capítulo
El éxito de Starship también tiene consecuencias para el programa lunar estadounidense.
La NASA seleccionó a SpaceX para desarrollar una versión de Starship destinada a funcionar como módulo de aterrizaje lunar dentro del programa Artemis. El vehículo deberá desempeñar un papel en futuras misiones en las que astronautas regresarán a la superficie lunar.
El calendario previsto sitúa a Artemis 3 como una misión de prueba y a Artemis 4 como una de las siguientes etapas del programa lunar. Para que Starship pueda cumplir el papel que se le ha asignado, primero debe demostrar que puede operar de manera fiable en órbita y, posteriormente, realizar operaciones mucho más complejas.
Entre ellas estarán el encuentro y acoplamiento en el espacio, la transferencia de combustible y la navegación necesaria para una misión lunar.
Por eso, el vuelo desde Texas tiene una lectura que va más allá de SpaceX.
La capacidad de Starship para alcanzar la órbita forma parte de una cadena tecnológica de la que depende una parte de los planes estadounidenses para regresar a la Luna.