Causa y Culpa

Buscar una causa para borrar la culpa, es el tema principal en el terrible juicio de la señora Lindsay Clansey, que asesinó a sus tres hijos.

Las historias que se leen en redes, tras el juicio, no paran; parece que se han hecho bandos. Uno se sorprende porque buscan borrar la culpa al encontrar una posible causa de psicosis posparto.

La aterradora historia es de una mujer que mata a sus tres hijos menores de tres, cinco años y ocho  meses. Por un lado, la defensa sostenía que sufría una psicosis posparto que no la hacía legalmente responsable de sus actos, aunque no negó que los hubiera matado. Por el otro, el argumento que llevaba la fiscalía, es que si existía una planeación de estas muertes, podría comprenderse, entonces, que el acto estaba mal. El 4 de septiembre concluyó el juicio por falta de unanimidad. Cabe señalar que sólo uno de los miembros del jurado se negó a aceptar que no tenía responsabilidad penal.  

Es un tema tan complejo que tenemos que pedirle ayuda a las palabras mismas. ¿De qué se trata la culpa? La palabra culpa proviene del latín culpa (falta o imputación) y el derecho romano definía diferentes clases de culpa y diferentes maneras de evaluarla. El conocido mea culpa es la capacidad de uno mismo de asumir su falta.  

El problema complicado es la extraña concatenación que se ha hecho de causa y culpa. Pareciera que si se encuentra una causa posible a los eventos deja de existir culpa.  

En su raíz griega, quizá, está el origen de este equívoco: aitía incluye dos posibles campos. El primero es causa, razón o motivo; el segundo es responsabilidad, culpa y reproche. Afortunadamente, contamos con el latín, que sí nos ayuda a pensar que existe una diferencia. Y es que es muy distinto entender y explicar la causa, al hecho de que al entender la causa, la persona deje de tener responsabilidad. Una enfermedad puede explicar una conducta, pero encontrar una explicación no borra automáticamente la responsabilidad. Explicar no debería ser absolver.

Atención, esta reflexión no surge desde el marco del derecho; sin embargo, sí está pensada desde las bases psíquicas para analizar en qué momento podemos hacer que alguien se haga cargo de sus actos. Uno aprende a asumir sus actos, no nacemos con esa capacidad. El problema del tema en cuestión es que el acto no tiene realmente una causa. La palabra causa viene del latín causa, que es la razón o principio que todavía una acción.

Tratar de explicar que el terrible fue producto de una depresión o un cuadro mental, es tratar de poner nombres a lo incomprensible. Aquí debemos poner cuidado y ponerle un nombre no debe hacer que deje de ser terrible.

Es conveniente recordar al temido y temible personaje de Medea, del cual escribí en febrero de 2025 ( https://www.excelsior.com.mx/opinion/ingela-camba-ludlow/y-tu-defenderias-a-medea/1700247). Recordemos que es la hija de un rey y se enamora de Jasón, con quien forma una familia, aunque él la abandona para casarse con la hija de Creonte. La furia de la traición y los celos la lleva a matar a los hijos que tuvo con Jasón para vengarse de él. ¿Existe una causa para la furia? Puede ser. ¿Existe una disculpa por tener una furia asesina? No, porque disculpar quiere decir quitar la culpa. ¿Tiene menos culpa por haber matado a sus hijos no? Nos encontramos ante el difícil tema de discernir si encontrar la causa es suficiente para entender por qué lo hizo, e incluso nos precipita a absolver la culpa.

El tema interesante es que, ante el horror, no podemos quedarnos con el vacío de no entender, sino que buscamos aferrarnos a una explicación, porque esto ayuda a pensar que el horror fue una variación de la norma, que si cuidamos las causas no podría existir otro horror. Sin embargo, ésta es una estratagema de la mente que no tolera lo que no entiende. Y que le cuesta trabajo encarrilarse de nuevo y seguir con la vida como si el horror no existiera.

Cuando encontramos algo trágico o un problema, lo primero que preguntamos no es que pasará, sino por qué lo hizo. Lo que nos importa es tratar de pensar que podemos hacer algo para que el acto no se repita. Porque encontrar una causa nos permite pensar que el horror no ocurrió al azar: ocurrió por algo. Y si sabemos qué fue ese algo, quizá podamos evitar que vuelva a suceder. El porqué pareciera que ofrecer la promesa de que si encontramos la causa podremos evitar que vuelva a suceder. Pero es una batalla perdida.  

Lo más difícil no es encontrar una explicación, sino aceptar que una explicación no alcanza a reparar lo ocurrido.

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