Logran penetrar fortaleza de espías en Alemania
El Servicio de Inteligencia Federal parecía inquebrantable. Está repleto de equipo de seguridad, pero unos ladrones lograron entrar para robar parte del equipamiento

BERLÍN, 6 de marzo.— Lo primero que llama la atención a un peatón o turista despistado que camina frente a la futura sede del famoso y polémico “Bundesnachrichtendienst” (BND), el Servicio de Inteligencia Federal, ubicada en la Chausse Strasse, una céntrica avenida en Berlín Mitte, es la abundancia de videocámaras que registran todos los movimientos externos y también la tarea diaria de los obreros que trabajan en la enorme sede, la “más moderna y sofisticada central de espías de Europa”, según reza la propaganda oficial.
No es todo. Enormes reflectores alumbran durante la noche el área de construcción para detectar a un posible intruso y nadie puede traspasar las entradas si no tiene en su poder una identificación que describe su función y su área de trabajo. Los empleados tienen prohibido tomar fotografías, no pueden hablar por teléfono y los móviles tampoco están permitidos.
El personal que trabaja en áreas sensibles fue investigado personalmente por los servicios de seguridad del BND y tuvieron que dar los nombres de tres personas que pudieran avalar su integridad. Para evitar una sorpresa desagradable, como la que vivió Washington en 1988, que tuvo que demoler su recién inaugurada embajada en Moscú cuando se descubrió que el moderno edificio estaba repleto de micrófonos secretos, el BND destinó 25 millones de euros extras para contratar personal de seguridad.
Las obras se iniciaron en 2006 y todo parecía indicar que la fortaleza inexpugnable del BND, cuyo costal total asciende a 1,500 millones de euros, sería inaugurada a más tardar en 2016. Pero, desde el martes pasado, el BND quedó confrontado a un nuevo escándalo que puede obligar a las autoridades alemanas a posponer la inauguración de la moderna y, aparentemente, “infranqueable” sede del espionaje alemán.
Gracias a una interesada filtración que recibió el periódico Berliner Zeitung, el país se enteró, para vergüenza del BND, el equivalente alemán a la CIA, que un grupo de ladrones logró ingresar a la fortaleza y robó un número aún no determinado de grifos en los baños de los pisos superiores, un robo que provocó una furiosa inundación que dañó el tendido eléctrico, algunos dispositivos electrónicos de seguridad y las tuberías de ventilación.
“Aun no existe una pista que aclare cómo pudieron entrar los ladrones al edificio”, señaló un portavoz de la policía, quien también admitió que los sabuesos tampoco tenían claro cuáles habían sido los verdaderos motivos que tuvieron los ladrones para robar un montón de grifos sin valor comercial. “Los autores del robo sólo querían causar daños al edificio”, insistió el portavoz, al sugerir que el robo podría tener también un motivo político.
Pero el escándalo, que ya fue bautizado por la prensa germana como el “Watergate” dejó al desnudo que la fortaleza más vigilada del país es vulnerable y que toda la parafernalia de seguridad no logró impedir que una banda lograra penetrar al edificio para robar grifos de agua. Peor aún, los daños causados por los misteriosos ladrones se pueden elevar a varios millones de euros y postergar para un lejano 2017 la inauguración del edificio.
El llamado “Watergate” revivió en la memoria colectiva de la nación otro escándalo que vivió el BND en mayo de 2011, cuando la revista Focus reveló que los planos de construcción del moderno edificio, clasificados como “ultra secretos” habían sido robados en 2010. “El botín de los ladrones incluye los planos de las zonas mas sensibles del complejo, como la central de logística y la central técnica”, señaló la revista. “Otros servicios secretos, amigos o enemigos, podrían saber, gracias a los planos, dónde se encuentran los ordenadores centrales o los laboratorios o que lugares son más sensibles para un acto terrorista o de sabotaje”, añadía.
El robo de los planos de la fortaleza más protegida del país causó alarma y también risas irónicas. “Es un tema grave y el gobierno está interesado en esclarecer este asunto lo más pronto posible”, dijo el portavoz de la canciller, Steffen Seibert, después de anunciar que el Ejecutivo había creado un comité especial para investigar el incidente e intentar descubrir cómo los ladrones pudieron burlar los sofisticados sistema de seguridad.
Wolfgang Bosbach, un importante líder de la CDU, el partido que dirige Angela Merkel, fue más directo y puso en duda la eficacia del propio servicio secreto. “Es altamente bochornoso que le roben a un servicio de inteligencia secreto documentos secretos”, dijo el político. El periódico Bild, en cambio, optó por la ironía y envió a un redactor disfrazado de espía y armado con una lupa a buscar los famosos planos en los depósitos de basura. “El dueño del café ‘Top Secret’ (un local real que esta ubicado en las cercanías del edificio) confesó que los planos habían sido cocinados junto con una sopa de gulasch”, sentenció el rotativo.
El escándalo obligó al entonces jefe del BND, Ernst Uhrlau, un hombre que evita el contacto con los periodistas, a convocar una rueda de prensa en Berlín. Sin esperar el resultado del comité que investiga el robo de los planos, Uhrlau confesó que el robo no representaba un riesgo de seguridad para la sede y que tampoco era necesario aplicar reformas al edificio. Nadie le creyó.
Aunque el BND no es responsable de los planos del edificio, el robo de los documentos volvió a dejar en ridículo al servicio de inteligencia exterior, un organismo que fue creado en 1956 en Pullach y cuya historia está salpicada de escándalos.
“Es una asociación de diletantes”, solía decir el excanciller Helmut Schmidt, quien prefería la lectura del Neue Züricher Zeitung antes que leer los informes que le llegaban de la Central de Pullach. Helmut Kohl tampoco era un admirador del BND y de los métodos que usaba el centro para elaborar sus informes secretos. “Si ahora digo algo, lo leen mañana en Pullach y una semana después recibo un informe secreto basado en mis comentarios”, decía cuando aún era el poderoso canciller del país.
Pero el BND también luce un par de éxitos en su bitácora de servicio. Por ejemplo, el descubrimiento en 1987 de una nave industrial en Rafta, en Libia, donde Gaddafi intentaba producir gas venenoso con la ayuda de firmas alemanas. Los espías de Pullach también lograron pronosticar con anticipación el futuro sangriento que le deparaba a la Yugoslavia de Tito, aunque algunos expertos, como Erich Schmidt Eenboom, autor de varios libros sobre el centro, aseguran que fue el BND el que movíó los hilos para desencadenar la separación de Croacia y Eslovenia de Belgrado, una decisión que desencadenó la tragedia.
Pero el BND fue incapaz de predecir la caída del Muro y cuando se inició la desintegración de la exRDA, el centro tuvo que admitir que el legendario jefe de espías de la Alemania comunista, Markus Wolf, había logrado mantener durante 17 años, un espía en Pullach: Gabriela Gast, quien como analista jefe para la Unión Soviética y Europa del Este, escribía informes sólo para los ojos del canciller y para los de Markus Wolf.