‘Los poetas no pueden ver el mundo con inocencia’: Natalia Toledo

La narradora y poeta recibirá la Medalla Bellas Artes de Literatura en Lenguas Indígenas el próximo 7 de octubre

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Foto: Karina Tejada

Una sociedad que carece de poesía ni siquiera vale la pena que sobreviva, pues quiere decir que ya es un autómata”, afirma la narradora y poeta Natalia Toledo (Juchitán, 1967), quien recibirá la Medalla Bellas Artes en la disciplina de Literatura en Lenguas Indígenas, el martes 7 de octubre, a las 12:00 horas, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Hija del artista Francisco Toledo, defensora de la lengua zapoteca y autora de libros como Flor de pantano, Mujeres del sol, mujeres de oro y El dorso del cangrejo a menudo explora temas como la tradición, la felicidad, la infancia, el dolor, la identidad y recrea atmósferas alejadas de la urbe, aunque ella vive en la Ciudad de México, mientras navega entre el zapoteco y el español, y confiesa que quisiera volver a Juchitán, pero la violencia se lo ha impedido.

¿Qué representa para usted esta Medalla? “Es una pequeña alegría en medio de este caos, de las tristezas y violencias que estamos viviendo todos los días. Y me dio alegría en el sentido de que es un trabajo que he venido haciendo desde muy pequeña”.

¿Cómo ha vivido la defensa del zapoteco desde su literatura? “Perdimos muchas (lenguas) en el combate, porque el fuego de los españoles no permitió que hubiera ninguna defensa, y desde ahí todo ha sido sobrevivir y eso no ha parado. Desde entonces hay esta tendencia a proteger y, al mismo tiempo, a hacer lo contrario, es decir, sí nos importan (los indígenas) en los textiles y sus lenguas, pero no políticamente ni se quiere que participen más allá de algunos cargos. Así que si los hablantes no hacemos algo por nosotros mismos… nadie lo hará desde afuera.

Ninguna institución, reconocimiento ni premio… nada de eso en automático hace que prevalezcan las lenguas, porque es un trabajo más profundo. Por ejemplo, siempre se piensa en la literatura de primera clase o en la alta literatura. A mí sí me dijeron un par de veces algunos escritores, ya grandes, dizque eran amigos, que me faltaba dar ese paso para pertenecer a la gran literatura; y un crítico literario dijo que ‘la literatura contemporánea en lenguas originarias… no existe’, y por ahí andan dando tumbos”, dice.

¿Cuál fue su reacción? “Me iba a ofender, pero sé lo que estoy haciendo y desde dónde lo hago. No escribo para que un crítico me diga si existo, si es bueno lo que hago y si aflora un pensamiento o no. Nosotros siempre hemos sido un apéndice de las becas, de los premios. Y justo lo que la poesía no te permite es tener esa inocencia, no podemos ver el mundo con esa inocencia que está en la infancia y en el juego que puedes ser como persona y como poeta, pero que en la realidad nos sacude”.

Cuando traduce su poesía del zapoteco al español, ¿se pierde algo? “A veces sí. Pero como hago mis traducciones es mi riesgo. Pero sí me he encontrado cosas chistosas. En Cuento del conejo y el coyote metí algunas onomatopeyas, pero no son las mismas en zapoteco y español…  eso me da risa. Lo más rico de ser poeta es estar hurgando en las palabras, y escribir en dos idiomas es una doble posibilidad. Igual y en zapoteco no dices algo bonito y en español sí, o viceversa. A veces mejoras el texto, a veces lo empeoras y a veces sales tablas”.

¿Qué opina de la poca circulación de poesía en lengua indígena? “Me crie en zapoteco y vengo de la memoria y del mundo oral, donde la poesía no necesita del papel para trascender. Las curanderas de mi pueblo curan con poesía. No hablan cualquier discurso para curar a un enfermo de tristeza, nostalgia, susto… las enfermedades del alma las curan con poesía. Claro, no está publicada, pero se queda con uno.El zapoteco y muchas otras lenguas originarias… son poesía pura”.

También habla sobre el México de su tiempo. “La violencia está espantosa y para mí es un duelo porque ya no puedo ir a Juchitán, donde tengo mi casa, porque todos los días hay violencia y muertos. Dicen que están haciendo operativos y que va a entrar el Ejército y la Marina, pero no veo ningún cambio. Siempre que duermo y despierto ya mataron a alguien. Muchas veces sé quiénes son los muertos y eso me da muchísima tristeza. Yo no quiero ir mientras no haya paz.

Por último, adelanta que publicará un libro sobre la muerte en los zapotecas y el cuento infantil Los niños que vendían gatos, que ilustrará su hermano Benjamín.

cva