Trágicas circunstancias; Jacobo Árbenz, muerto en México
Jacobo Árbenz, quien gobernó Guatemala de 1951 a 1954 y murió en un trágico accidente en México, es protagonista de la reciente novela de Mario Vargas Llosa, Tiempos recios

CIUDAD DE MÉXICO.
Jacobo Árbenz Guzmán, nacido en 1913 y quien gobernó Guatemala de 1951 a 1954, es uno de los protagonistas de la más reciente novela de Mario Vargas Llosa, Tiempos recios, ficción en la que retrata el golpe militar de Carlos Castillo Armas, cometido hace 65 años y dirigido por el gobierno estadunidense, con el patrocinio de la United Fruit Company y la CIA, lo que derivó en el exilio y retiro de Árbenz en México, fallecido en “trágicas circunstancias” el 28 de enero de 1971.
De acuerdo con el reporte publicado por Excélsior hace 48 años, la madrugada del 27 de enero de 1971 el general Jacobo Árbenz Guzmán entró al baño de su casa en la calle Alberto J. Pani 18, en Ciudad Satélite, abrió las llaves del agua para llenar la tina, tanteó la temperatura y se desnudó. Pero al pisar dentro de la bañera resbaló, se golpeó la cabeza, perdió el conocimiento y se ahogó.
El hecho, informado por el periodista Luis Cervantes, sucedía 17 años después de que Árbenz fuera derrocado de la presidencia de Guatemala y de “peregrinar por el mundo”.

El cadáver fue descubierto tres horas después por María Isabel Morales y Merced Martínez Morales, el personal doméstico que trabajaba en su casa. Sin embargo, el hecho fue informado a la policía poco después de las 10 de la mañana.
Al lugar llegó Gustavo Aburto Hernández, el agente del Ministerio Público que hizo la investigación y ese mismo día su hija, Eleonora Árbenz, y su yerno, Enrique Rosenberg, acudieron a la agencia del Ministerio Público de Naucalpan para llevar a cabo los trámites legales.
Horas después se practicó la autopsia y se notificó el hecho a su esposa, María Vilanova de Árbenz, quien residía en El Salvador. Aquella misma noche del 27 de enero su cuerpo fue llevado a la funeraria Gayosso de las calles Sullivan y Rosas Moreno, colonia San Rafael.
De acuerdo con la investigación, las sirvientas despertaron al escuchar el ruido del calentador y se percataron de que brotaba agua caliente del depósito y de que salía vapor del cuarto de baño. Ahí “encontraron al expresidente de Guatemala en la tina, inconsciente y con quemaduras en todo el cuerpo. En la autopsia se determinó claramente que murió ahogado”, informa el reporte.
La muerte de Árbenz tuvo resonancia internacional y, un día después, este diario retomó la información de las agencias AP y AFP con las declaraciones del escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de Literatura 1967 y autor de Los ojos de los enterrados y Hombres de maíz, quien afirmó desde París que “Jacobo Árbenz no fue un presidente; fue un conductor, un visionario”, mientras que el célebre diario galo Le Monde lo definía como “un adversario desafortunado de la United Fruit Co”.
Asturias señaló que Árbenz “no instaló en Guatemala un gobierno, sino un laboratorio. No dejó atrás el poder, sino una expansión democrática de las más avanzadas de América”.
Y añadió: “El insulto jamás le salpicó. La calumnia no le tocó y muchas veces dijo: ‘La libertad de imprenta es un lujo que tenemos que pagar todos, aunque no nos guste’”.

LAS ACUSACIONES
Luego de ser derrocado, el 29 de junio de 1954, Árbenz solicitó refugio en la embajada de México en Guatemala junto con 450 personas. En agosto de 1954, a dos meses de ser derrocado, el diputado Charles J. Kersten, republicano por Wisconsin, señaló que contaba con pruebas de que Árbenz “tenía las riendas del aparato comunista” e indicios de “infiltración comunista” (Excélsior 16/08/1954).
En octubre de ese año trascendió la versión de que el expresidente había sufrido un paro cardiaco, y el 10 de septiembre de 1954 los reportes lo ubicaron en México.
Ocho días después, Carlos Castillo Armas anunció en Guatemala que su gobierno efectuaría las gestiones legales para obtener la extradición de Árbenz y un par de semanas después inició una campaña en contra de éste al asegurarse de que había retirado fuertes sumas de dinero y las había depositado en bancos de Londres, Montreal y El Salvador (más de 344 mil dólares de la época).
Desde entonces, Árbenz se mantuvo en el sigilo y apenas se supo sobre sus viajes a Cuba, Italia y Chile, hasta que el 28 de enero de 1971 volvió a captar la atención internacional, tras su muerte.
Árbenz fue un militar y político elegido democráticamente, quien intentó modernizar Guatemala en plena Guerra Fría, hasta que la empresa estadunidense United Fruit se sintió amenazada por sus reformas sociales.
Entonces fue acusado por Estados Unidos de ser un agente soviético y utilizó a la CIA para derrocarlo, lo cual ha sido señalado por Vargas Llosa como un grave error que tuvo consecuencias trágicas para la democracia en América Latina.
Fue 18 años después, el 27 de junio de 1989, cuando la sospecha se volvió una realidad: ese día, el político Mario Sandoval reveló que el gobierno del entonces presidente Dwight D. Eisenhower financió la deposición de Árbenz en 1954, para lo cual aportó siete millones de dólares y la participación de pilotos aviadores estadunidenses.
Gran parte de esta trama es desenmarañada hoy por Vargas Llosa, Nobel de Literatura 2010, quien no sólo condena y expone la intervención de Estados Unidos en el desarrollo político de Latinoamérica, sino que advierte a sus lectores que esta historia no es una novela histórica porque “nadie que abra una novela y que sepa un poco de literatura cree que aquello que va a leer es verdad”.
Y anota que “claramente la literatura es una cosa y la historia es otra, y se supone que cuando uno abre un libro de historia va a leer una verdad, pero cuando va a una novela, sabe que tiene el elemento de la fantasía y la imaginación, que va a preponderar sobre los hechos reales. Aunque, en el fondo de la literatura, a pesar de las mentiras que nos seducen, nos divierten y fascinan, hay una verdad que se expresa a través de la fantasía y de la imaginación”.
ALFONSO CASO
Pero la relación de Árbenz Guzmán con México no se redujo exclusivamente a su asilo y posterior residencia en Ciudad Satélite.
Previamente, el 21 de febrero de 1954, sólo cuatro meses antes de ser depuesto, la Sociedad de Amigos de Guatemala de México organizó un acto de solidaridad en el Teatro Iris Esperanza, donde participaron el senador Pedro de Alba y el arqueólogo, académico y exrector Alfonso Caso, como consta en el documento “México con Guatemala”, en donde se compilaron los discursos que fueron pronunciados.
El documento, obtenido por Excélsior, detalla cómo en aquel momento de tensiones entre EU y el gobierno de Árbenz, Caso –uno de los intelectuales más prominentes de nuestro país– sostuvo que “nadie que sea capaz de sentir la solidaridad humana puede ver con indiferencia la lucha de Guatemala por conquistar su independencia económica”.
Señaló que “no se trata de un problema técnico que podamos dejar a diplomáticos y representantes oficiales de los países de América. Discutir y apoyar los pasos que ha dado Guatemala en favor de su población indígena y campesina es una cuestión fundamental que interesa a todos los hombres y a todos los pueblos de América, porque implica la posibilidad de la existencia de repúblicas latinoamericanas como países libres”.
Y añadió: “Somos amigos de Guatemala, porque representa un esfuerzo valiente y noble para obtener la liberación económica del país y fundarlo sobre las bases en las que deben fundarse todas las naciones americanas: libertad y autonomía. Libertad para el individuo y autonomía para el país”.
cva