Rodrigo Pimentel: Metamorfosis de paisajes e identidad

El Munal alista la apertura de la muestra Transmutaciones, con 94 piezas del  artista michoacano, en su mayoría inéditas

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obra del pintor Rodrigo Pimentel

Dioses, máscaras, animales y paisajes pueblan la obra del artista michoacano Rodrigo Pimentel (1945-2022), que será expuesta por primera vez en el Museo Nacional de Arte (Munal) en la muestra Transmutaciones, que abrirá del 29 de junio al 5 de diciembre, con 94 piezas, la mayoría inéditas.

Se trata de una exposición-homenaje dedicada al artista Rodrigo Pimentel, fallecido el año pasado, con una probadita de sus temas fundamentales, como la migración, el amor, la máscara, la muerte y el mundo prehispánico.

La muestra no es cronológica ni abarcamos toda su trayectoria como pintor, sino que más bien es temática y se agrupa en seis núcleos: Orígenes, Autorretratos, Máscara, Carnaval nacional, Alegorías, Bestiario y Paisajes”, adelanta a Excélsior la curadora Renata Blaisten.

El título de la muestra surge del interés del artista por el tema de la máscara y la relación que existe entre la vida y la muerte en el mundo prehispánico.

Él jugaba mucho con la máscara, como si se tratara de una trasmutación, es decir, ese momento en que tú usas la máscara y te conviertes en un nuevo ser, y por esa razón en muchos de sus autorretratos su rostro es la máscara que cubre a otro ser”, comenta.

Un ejemplo es Convivencias, óleo que representa a un personaje vestido de muerte y adornado con plumas, el cual sostiene una máscara en la mano, que representa el rostro del artista. Ésa es la idea de él encarnando a la muerte y cómo ésta se viste de Rodrigo Pimentel, “así que de ahí viene ese juego en torno a la transmutación”, apunta.

¿Cómo definiría la obra de Pimentel?, se le pregunta a la curadora. “Su obra se caracteriza por un colorido vibrante e imágenes muy contundentes, así que quien no conoce mucho la obra del artista se llevará un impacto.

Hay momentos en que su colorido se torna un poquito violento, debido a los contrastes, pero ahí está parte de la importancia del artista y de su propuesta plástica”, describe.

A esto se suma el hecho de que Pimentel —a quien Salvador Novo le auguró un sitio en la nueva pintura mexicana por su obra llena de poesía, juventud, humor y un fuerte sentido musical del color— nunca se guio por estilos, modas ni encargos, asegura Renata Blaisten.

Él sólo pintaba lo que le nacía y quería, así que supo tomar las riendas de su plástica para hacer una nueva interpretación de nuestras culturas, con sus animales, dioses y nuestros paisajes; él fue un artista contemporáneo, no de arte conceptual, quien insistía en que cada artista debe crear su propio mundo y su propia obra.

Y aunque admiró la obra de Luis Nishizawa, Dr. Atl, David Alfaro Siqueiros y Andy Warhol, entre otros, su creación no se parece a ninguna otra”.

¿Por qué le interesaba reinventar el mundo prehispánico? “El artista realizó numerosas apropiaciones, reinterpretaciones y reimaginaciones de esas deidades. A él le interesaba explorar sus raíces, los orígenes prehispánicos y purépechas, quizá porque siempre le pareció necesario plasmar el quién eres y de dónde vienes. Él se definía como alguien que salió de un lugar de campo (en Michoacán) que inspiraba su trabajo creativo”.

Aunado a esto, apunta la curadora, para Pimentel, el mundo prehispánico es un eje que atraviesa gran parte de su obra, con imágenes que ocupan todo el lienzo y que se desbordan.

Él siempre sintió orgullo por lo mexicano y por nuestras raíces prehispánicas, así que pintaba lo que veía de niño: vacas, pájaros, mariposas monarcas, la Danza de los Viejitos, pero también le interesaban los orígenes de la mexicanidad”, apunta Renata Blaisten.

Finalmente, la curadora enumera algunas de las deidades constantes que aparecen en el imaginario del artista, cuya obra es resguardada en el Museo de Arte Latinoamericano en California, Estados Unidos; el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México; un museo de Alemania, y en diversas colecciones particulares.

Entre las deidades que le interesaron al artista se encuentran Tláloc, la Coatlicue y Quetzalcóatl. Por ejemplo, hay un cuadro de Tláloc que se titula Tsunami, donde Pimentel retrató la violencia del agua, con la figura de Tláloc, y donde se ven los peces entre las olas y el agua revuelta, plasmando esa idea cíclica de vida y destrucción, como también sucede con el tema de la Coatlicue”, concluye.

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