Revaloran legado de Francisco Marco Chilet en México

La familia del artista, excolaborador de Excélsior, quien llegó a México huyendo de la dictadura franquista, donará gran parte de su obra al Museo Kaluz

Francisco Marco Chilet llegó a México en 1939 para convertirse en un artista visual, escenógrafo, ilustrador y caricaturista que colaboró en Excélsior entre 1940 y 1950.

De acuerdo con los registros, el artista llegó exiliado a México, huyendo de la dictadura franquista y en parte de su obra dejó un legado que cuestiona la crudeza de la guerra, mediante un trazo incisivo, severo y nítido.

Así lo retrata Ramón Álvarez Larrauri, uno de los herederos y resguardantes del acervo que se encuentra en un baúl, abierto hace ocho años, que contiene cerca de mil 400 piezas, entre dibujos, caricaturas, óleos y planos de escenografías.

De ese legado, la familia ya donó 60 dibujos al Museo Kaluz de la CDMX, que corresponden al tema de los campos de concentración, en donde se aprecia la estancia del artista en los centros de confinamiento de Argelès-sur-Mer y de Agde, parte de los cuales se expusieron hace unos meses en la muestra Cicatrices del cautiverio, en dicho recinto.

Sin embargo, Álvarez Larrauri adelanta a este diario que la familia tiene la intención de donar el resto de la obra, contenida en un baúl, a dicho espacio museográfico, aunque también valora si podría entregar los planos de escenografías, que corresponden a películas mexicanas de 1940 a 1972, a la Cineteca Nacional.

Francisco Marco Chilet, quien fuera discípulo de Joaquín Sorolla en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, en España, también fue militar republicano, aunque todavía se desconoce su trabajo artístico en dicho país.

“Ésa es una de las grandes inquietudes que tenemos: completar la mitad de su vida como artista en España”, explica Álvarez Larrauri.

“Lo que sí sabemos es que en los campos de concentración hizo bosquejos y dibujos con el escaso material que encontró y desarrolló una línea (temática) que prolongó en México —donde obtuvo la nacionalidad, en 1941— con actividades diversas dentro de su campo artístico, por ejemplo, cuando se dedicó a hacer el retrato del día de personajes, en los años 40 y 50, en el periódico Excélsior”, apunta.

Se sabe que él hacía el personaje del día en El Periódico de la Vida Nacional y, por otro lado, se dedicó a la realización de escenografías para películas mexicanas.

“Aunque en aquel tiempo no era un área muy clara, pero sí necesaria dentro del cine, que se encargaba de ver la joyería, los escenarios y la vestimenta, lo cual hoy se divide en especialidades; y participó en cerca de 120 películas como escenógrafo”.

¿Qué es lo que donarán en los próximos días al Kaluz?, se le consulta a Álvarez Larrauri.

“Mi familia y yo hemos decidido ceder al Museo Kaluz también la parte de la obra que no corresponde a los campos de concentración, sino a su desarrollo artístico en México, pero en otras líneas.

“Por ejemplo, la serie de los payasos, en la que retrató a esos grupos marginales que siempre están en una situación precaria, quienes hacen reír a la gente, pero al mismo tiempo están sufriendo”, apunta.

Además, reconoce que mucha de la obra donada al Kaluz necesitaba ser restaurada y, después de la intervención, quedó en perfectas condiciones.

“El trabajo que se hizo de museografía (en el museo), así como la selección, ha sido realmente muy adecuado y profesional.

“En la familia tenemos más de mil 400 piezas, entre bocetos, cuadros y diferentes maneras de expresar las escenografías”, que podrían quedar en este museo que, en un futuro cercano, podría exponer en España.

¿Cómo llega el archivo a usted?, se le pregunta. “Él dejó a su familia en España y ya no pudo tener contacto con ellos. En aquel momento fue muy cuidadoso y temeroso de que, si contactaba a su esposa o a sus hijos, habrían tenido consecuencias graves, así que viajó a México.

“Él conoció a mi abuela, quien se había divorciado de mi abuelo, y le dio clases a uno de mis tíos (Iker Larrauri), como pintor y museógrafo.

“Poco a poco, la relación entre mi abuela y él se perpetuó, hasta que se casaron y yo viví con ellos tres años de mi infancia”, relata.

Años después, el artista falleció y su legado quedó en un baúl de su abuela, el cual abrió la familia hace ocho años y descubrió una herencia inesperada.

¿Cuántos planos de escenografías donarían? “Cerca de 300 planos correspondientes a cerca de 120 películas”, dice.

Reflejos de un artista exiliado

Desde su llegada a México, Francisco Marco Chilet se dedicó a la pintura, aunque se cuidó de no ser identificado hasta finales de los años 70, cuando se le empezó a reconocer.

“Pese a todo, su obra no fue muy popular, porque estaba muy enfilada a esa parte esotérica, de la masonería y de los payasos, mientras que en México despuntaban figuras como José Luis Cuevas”, comenta Álvarez.

Sin embargo, “él fue un reflejo de esa generación de pintores refugiados que venían de España con conceptos distintos.

“De hecho, yo creo que no se comercializó, aunque sí regaló algunos cuadros, y su sustento lo logró dando clases y, sobre todo, como escenógrafo, donde hizo una carrera relevante”.

Finalmente, explica que existen registros de que Chilet también hizo un poco de muralismo, aunque sus trabajos aún no han sido estudiados.

“Sí tenía él cierta frustración porque su pintura, pese a su calidad, no era tan conocida, pero ahora se revalora su trazo muy incisivo y fuerte que hasta ahora es redescubierto y revalorado”, concluye.

Juan Carlos Talavera

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